Larreta y el fascismo

Escribe Jorge Altamira

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“Larreta fascista” es un editorial de Política Obrera. No lleva mi firma, pero lo voy a defender porque formo parte de la redacción y lo considero correcto.

Todo lo que dice el compañero Nahuel, acerca de que el propósito de Larreta es organizar el abandono de la cuarentena, está escrito en el texto que critica. Es una denuncia que nuestro periódico viene realizando desde mucho antes. Nada entonces por aquí.

Nahuel no se ha preguntado, y eso sorprende en cualquiera que sabe que una crítica debe hacerse con seriedad, porqué tanta gente que apoya la cuarentena e incluso denuncia los intentos de levantarla, denuncia el confinamiento de ‘los viejos’. Las contradicciones que atribuye al editorial las comparte una mayoría de los partidarios de un “distanciamiento social”. La razón es conocida y por otra parte cae de suyo: porque es una descalificación y una discriminación a una parte activa de la sociedad, en función de un propósito que es la reanudación de la explotación capitalista ‘normal’. Macron, como dice el compañero, intentó lo mismo, solo que no agrega que tuvo que echarse atrás, porque recibió ataques similares a los que golpean al Rodríguez porteño. El intendente del municipio capitalino alega ahora que “no fue comprendido” y que por eso se vio forzado a recular – “los viejos” no serán sancionados, ni multados y hasta tendrán la oportunidad de explicar a quien los importune, que la medida es fascista. Que un régimen que no es fascista intente aplicar medidas de regímenes que sí lo son, prueba que la historia y la política no marchan en armonía, sino que desafinan en todo momento. Nahuel dice que el editorial pone en el mismo plano política a Rodríguez L. con Bolsonaro y Trump - ¡efectivamente! Habría que preguntar si opinan lo contrario a los trabajadores del Moyano, a la gente de calle, a los estudiantes. Su planteo acerca de la economía y ´los viejos’ son similares.

Las medidas de gobierno que discriminen a un sector de la población son fascistas -con independencia de si ese sector está constituido por negros, latinos, mujeres, judíos, gitanos, pajueranos, migrantes o, novedad, mayores de 70- un número que excluiría del enclaustramiento a la vicepresidenta y que no se aplicaría al ministro de Salud. Y con independencia de si el régimen en presencia es fascista o no. Los campos de concentración los japoneses residentes en Estados Unidos, en la segunda guerra, fueron fascistas, aunque los dictara Roosevelt; los de los británicos en Sudáfrica lo mismo, al margen de que los votó el parlamento de Westminster; y lo mismo para los de Stalin en la URSS, país al que defendíamos, sin embargo, en carácter residual de estado obrero. A ‘los viejos’ les debe caber sencillamente las generales de la ley, es decir del DNU. Si bien no somos parlamentaristas, sí somos demócratas, como lo demuestra nuestra lucha por la democracia en el Partido Obrero. Nuestro Partido Obrero (T) no es una secta, de modo que no se determina en función alternativa a las necesidades de la izquierda democratizante, que atribuye a los Fernández el carácter de un régimen policial, o a Larreta. Nos empeñamos en decir las cosas como son. Defendemos los derechos democráticos – los de los niños y “los viejos” primero. Alberto Fernández había insinuado, en una conferencia de prensa, lo contrario: que se implementaría una salida de paseo para mejorar la salud de la población con mayor riesgo.

A lo dicho hay que añadir que nuestro partido (T) no plantea, ni en los sueños, “una cuarentena socialista”. No está escrito en ningún lado, de modo que está bien atribuirle el concepto. Lo que hemos dicho y repetido es que el cambio de situación a partir de la pandemia nos lleva a luchar contra el capital y por un gobierno obrero en el escenario de una cuarentena. Con un programa de transición ajustado a las nuevas condiciones objetivas y, por supuesto, subjetivas. En las condiciones de la decadencia capitalista, de un derrumbe económico internacional extraordinario, de crisis políticas sucesivas en la mayor parte de los países, de rebeliones populares y de un país, Argentina, irrevocablemente quebrado. Nuestro objetivo no es ni podría ser una “cuarentena socialista”, sino una lucha transicional en el marco de esta cuarentena, para imponer un gobierno socialista de trabajadores – no sólo en un marco nacional.

Como Nahuel y los lectores han observado, tenemos una sección Debate, porque es un método que sirve al desarrollo de las concepciones revolucionarias, y porque es una herramienta para derrotar a los aparatos que pretenden hacer valer sus apetitos, algo incompatible con la lucha por el socialismo internacional. El único compromiso para participar de esta sección es la seriedad, por supuesto, como ocurre en este caso, y, por supuesto también, no hacerlo de segunda mano, por fuera de esta página, siempre con el derecho a reproducir el debate en las páginas de cada uno.