Un balance de la situación en Colombia

Escribe Emiliano Monge

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Colombia atraviesa una nueva rebelión popular. Es la continuidad del proceso iniciado el 21 de noviembre de 2019, cuando después de 40 años se convocó a una huelga general. En el 21N, la consigna “Fuera Duque” resonó en todas las movilizaciones. Tras una secuencia de paros aislados por parte del Comité Nacional del Paro (CNP), se llegó a un planteo de más de 100 reivindicaciones. Son una suerte de programa mínimo, que incluye un rescate al pequeño capitalista, pero que no afecta a los grandes grupos económicos. La consigna “Fuera Duque” fue retirada, porque obstaculizaba la posibilidad de una negociación.

La pandemia y los confinamientos posteriores apagaron las iniciativas de nuevas movilizaciones. La situación social se agravó seriamente.

El año pasado los docentes se organizaron para luchar contra la vuelta a la presencialidad. El gobierno fue a un esquema de “alternancia” virtual-presencial (fecode, 14/9/20). El presupuesto destina a las medidas de bioseguridad sólo cubre el 10% de lo necesario (fecode, 28/8/20). En consecuencia: “Rechazamos el “Regreso Gradual, Progresivo y Seguro” (comunicado, 14/9).

Los estudiantes salieron a reclamar que no se cobre matrícula y que se condonen las deudas estudiantiles. El negocio de la educación privada está en manos de la iglesia y fondos de inversión.

Colombia registra el mayor número de muertos por habitante por el Covid: sobrepasa los 70.000 muertos. Debido a la escasez, el gobierno interrumpió veces la vacunación. La lucha del personal de salud estuvo en la primera hora del paro nacional. El desarrollo de la crisis económica llevó al gobierno de Duque a eliminar las ayudas iniciales y a impulsar una reforma fiscal. Se paga el rescate de Avianca, se aumenta el financiamiento de la policía y las fuerzas armadas y se recortan impuestos a las grandes multinacionales mineras.

El gobierno de Iván Duque intentó enfrentar un agujero fiscal y la caída del PBI del 8% con una reforma que ataca el bolsillo de los más pobres. Pretendía recaudar 6.400 millones de dólares aumentando el IVA, subiendo el impuesto a la renta, y congelando salarios. Naufragó en el Congreso y tuvo que ser reformulado. Ni siquiera el Uribismo apoyó la reforma de Duque. Casi sin quererlo, el Comité Nacional del Paro convocó a una movilización para el 28 de abril, que fue masiva: millones de colombianos salieron a las calles, en miles de cortes en todo el país, en más de 500 alcaldías.

La respuesta fue una declaración de guerra contra la población civil. Uribe reclamó el uso de munición contra el pueblo, Duque defendió el accionar del ejército. En Cali, la capital de la Resistencia, operan bandas parapoliciales conjuntamente con el Esmad, el escuadrón anti-disturbios, y el ejército. No sólo masacraron a los manifestantes durante varias noches, sino que intentaron desabastecer la ciudad, cortaron la luz e internet en las zonas de protestas, y atacaron a los organismos de DDHH. El Congreso estudia una ley de “Conmoción interna” que le daría al presidente la posibilidad de prohibir toda manifestación, encarcelar a los impulsores sin debido proceso y prohibir la movilidad de los ciudadanos.

Las masas en Colombia lideran una rebelión popular que sacude al continente.