Coronavirus y la burocracia china

Escribe Norberto Malaj

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El mundo científico no sale de su espasmo. Entre los especialistas la inconducta de la Organización Mundial de la Salud y de los gobiernos se considera imperdonable. Nada se aprendió de las plagas que azotaron el planeta desde la vaca loca, el ébola, el SARS, la fiebre aviar, la porcina, etc. En su momento los laboratorios farmacéuticos “enfrentaron severas críticas después de la epidemia de Ébola, que mató a 11.000 personas, por no implementar una vacuna lo suficientemente rápido. Tomó más de un año, a pesar que una vacuna estuvo a prueba durante una década” (The Guardian, 11/2).

“Algunos sostienen que todavía en el mundo se podría hacer mucho más para prepararse para las enfermedades infecciosas fuera de los tiempos de crisis. Seth Berkley de Gran Bretaña, jefe de la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (más conocida por su sigla en inglés, Gavi) dijo: `Lo más difícil para mí es que vivimos en un mundo donde se supone que queremos prevenir. Tenemos submarinos nucleares como tercera línea de defensa. Gastamos mucho dinero para estar preparados para la guerra. Pero (estas enfermedades) son una certeza evolutiva, mientras que la guerra nuclear no lo es, y aun así gastamos mucho menos en este tipo de prevención (para infecciones como el ébola o ahora el coronavirus)” (ídem).

Pero si para esta especialista “el ébola fue el ISIS de las enfermedades infecciosas” (ídem) ¿cómo habría que denominar a esta nueva epidemia de coronavirus que en pocas semanas mató ya a más de mil personas –sólo en el foco inicial de Wuhan, en China–, y pasados menos de dos meses desde su detección, no hay barrera que frene su diseminación a escala planetaria: hay enfermos y víctimas fatales en los cinco continentes. Según los epidemiólogos, de no encontrarse una vacuna a la brevedad, podría infectar al 60% de la población mundial.

La imprevisión de las autoridades chinas,se ha cargado a dos altos funcionarios de Wuhan, chivos emisarios.

Ahora, “la censura oficial ya tiene dificultades para controlar la avalancha de burlas e indignación online por los primeros intentos de tapar la enfermedad. Uno de los primeros blancos fue el alto funcionario de salud enviado desde Pekin a Wuhan para asegurar públicamente a las masas que el virus era evitable y controlable. Él mismo contrajo el virus y se ha convertido en símbolo de la incompetencia y deshonestidad del gobierno” (FT, 10/2). En el mundo científico y académico chino se ha levantado una ola de indignación. “El momento decisivo de esta crisis –que pasó de ser un problema un serio desafío a un problema existencial para el partido– fue la muerte la semana pasada del oftalmólogo wuhano de 33 años llamado Li Wenliang que tempranamente había dado la alarma en grupos de chat online con sus compañeros de la escuela de medicina” (ídem).

¿Será una vez más la ciudad de Wuhan, donde se inició la primera revolución china, en 1911, como recuerda el FT, la partera involuntaria de nuevos acontecimientos históricos?