Coronavirus y derrumbe financiero desatan una crisis política mundial

Escribe Jorge Altamira

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La cadena nacional de Donald Trump, el miércoles pasado, dejó al desnudo una crisis política a nivel mundial, relacionada con el tratamiento a la epidemia del Covid-19. No podía ser de otro modo – la contradicción insuperable entre el modo de producción capitalista, por un lado, y las urgencias colectivas de salud, por el otro, debía traducirse de un modo concreto en el plano político. No asistimos solamente a una crisis de liderazgos sino de regímenes políticos. Los planteos de Trump, esa noche, fueron seguidos de inmediato por una caída estrepitosa de las cotizaciones de acciones y bonos corporativos. La flor y nata de la clase capitalista daba un voto negativo a la política oficial. El titular del editorial del Financial Times no podía ser más claro, al referirse al “discurso preocupante de Donald Trump sobre el coronavirus”.

Salud y guerra entre capitalistas

Trump aprovechó la declaración de la Organización Mundial de la Salud, que elevaba la difusión del coronavirus a la categoría de pandemia, para prohibir por 30 días los viajes entre los países de la Unión Europea y Estados Unidos, excluyendo de ese modo a Gran Bretaña. La medida, calificada de “nacionalista” por FT, no tenía otro propósito que avanzar en la guerra económica contra la UE, cuyos negocios financieros se desplomaron en el acto. Fue definida como un golpe a la actividad económica. Luego del Brexit, la excepción otorgada a Gran Bretaña confirmaba esa orientación, a pesar de que el virus ha causado igual cantidad de infecciones y muertes que en Estados Unidos, pero con un tercio de la población norteamericana. La crisis de salud no ha detenido ni por un momento la guerra económica y política entre las potencias capitalistas. Por otra parte, las sanciones de Trump a Irán y Venezuela propician una catástrofe sanitaria en esos países.

La administración Trump también anunció ese día que reduciría el impuesto a la hoja de salarios que pagan patrones y obreros para financiar el sistema público previsional, unos u$s50 mil millones sobre un monto total de u$s1.3 billones. El alivio a la clase capitalista, calificado por el FT como “la pieza central” del discurso, fue acompañado por una propuesta de subsidio a la industria del gas no convencional, cuyas principales empresas se encuentra en convocatoria de acreedores. Para la atención de la emergencia sanitaria, Trump envió un proyecto que le asigna solamente u$s2.5 mil millones. En un país donde las pruebas de detección de la epidemia apenas se aplicaron a seis mil personas, el Presidente no hizo alusión en ningún momento al desarrollo de la capacidad de diagnóstico. En contraste, Corea del Sur lo ha aplicado a doscientas mil personas, y va en ascenso. El caso surcoreano ha servido para establecer que la infección del nuevo virus afecta a un número creciente de personas. Un modelo de previsión, sobre la base de la experiencia surcoreana, ha llevado a estimaciones de algunos millones de afectados para EEUU, sin que nadie puede identificarlos, ni conocer la expansión viral. El presupuesto del Comité de Detección y Previsión de Enfermedades ha visto su presupuesto y su personal recortados una y otra vez.

País fantasma

Es absolutamente claro que Trump intentó defender una salida privatista a la crisis de salud, en una lucha política de alcance nacional e incluso internacional, que no recibió apoyo de la clase capitalista. Entendió que la pandemia ha desatado una presión social por lo que algunos ya llaman “el retorno al estado administrador”, en contraste con la piedra libre al capital privado. En un forzado paso atrás muy parcial, Trump tuvo que avenirse a un acuerdo con el partido Demócrata asignar una partida de u$s50 mil millones de los fondos de reserva del Ejecutivo. Las patronales siguen sin poner un dólar, mientras se benefician con los recortes impositivos.

Mientras Trump hablaba, la ciudad de Seattle, capital de la industria tecnológica de Estados Unidos, ya se había convertido en una ciudad fantasma, lista para ser puesta en cuarentena. La ciudad donde residen Apple, Microsoft, Amazon y otras de igual porte, se caracteriza por un gobierno carente de recursos, una salud pública sin capacidad para atender la demanda regular, ausencia completa de trabajo de detección de la enfermedad. El Comité de Detección de Enfermedades sólo ha realizado pruebas de salud a 1.700 personas. El sistema de salud de Estados Unidos, basado en gran parte en contratos de seguros de salud, ha entrado en un antagonismo irreversible con la salud pública. Dieciocho millones de personas carecen de cualquier seguro, mientras un 29% de la población se encuentra sub-asegurada -otros cien millones. Esto significa que el seguro no cubre la totalidad del espectro sanitario y que muchas atenciones requieren co-pagos; este sistema prohibitivo fuerza a muchos trabajadores a disimular los síntomas de enfermedad y no perder salarios por ausentismos laborales. La cuestión de la salud pública ha ocupado, en todas las últimas elecciones, el centro de los debates. Las huestes de Trump han denunciado la abolición del sistema de seguros privados de salud, como una tentativa comunista.

La contradicción entre el régimen social, por un lado, y los desafíos de la epidemia, por el otro, se manifiesta en todos los países. El sistema hospitalario en Italia se encuentra al borde de la quiebra. Los cortes presupuestarios en salud han sido evaluados en 37 mil millones de euros, en la última década, y los despidos de operadores sanitarios, en 43 mil. En la zona más rica del país, Lombardía, no hay más camas disponibles; en el sur, donde la epidemia se encuentra en su comienzo, no hay desde ya condiciones de atención – por ejemplo, Calabria. Un observador de la crisis ha señalado que el estado italiano se encontrará, dentro de muy poco, ante la disyuntiva de arbitrar a quienes dar prioridad de servicio. La lista que privilegia a las fuerzas armadas, servicios de emergencia, sectores de la salud, tendría que ser alargada, lo que podría suscitar el estallido de la inmensa mayoría de las masas excluidas. En Argentina, el gobierno de los Fernández acaba de reforzar el sistema público de salud en u$s30 millones de dólares, lo que equivale a “una mojada de oreja” a la población trabajadora. El sub-seguro de salud rige para el 90% de ella, sea por los sistemas de co-pago como la insuficiente cobertura de la prestación mínima obligatoria. En lugar de encarar este problema, el gobierno paga en efectivo los vencimientos de deuda que no logra reperfilar – unos $600 mil millones, o u$s10 mil millones.

Derrumbe financiero del Estado

La crisis política suscitada por el nuevo coronavirus se acentúa como consecuencia de la recesión industrial que pronostican diversos analistas internacionales, pero, más explosivamente, por el derrumbe de la deuda pública. El caso de Estados Unidos puede provocar un cataclismo que empequeñece a la crisis de 2007-2009. Ocurre que la quiebra de compañías privadas ha provocado un retiro generalizado de fondos del mercado de bonos soberanos, concretamente a la deuda del Tesoro. Boeing, una compañía con una caja abundante, ha comenzado a retirar fondos de las líneas de crédito que tiene en diversos bancos.

El Tesoro norteamericano no encuentra financiamiento y esto reduce su calidad como colateral de garantía de los préstamos, paralizando al mercado entre bancos. El Banco Central de USA ha tenido que proveer u$s2 billones al sistema, nada menos que la mitad de su balance. Si el carácter sistémico de la crisis se acentúa, ese dinero solamente servirá para incrementar la huida de la moneda hacia el oro. La posibilidad de que el derrumbe se manifieste en cortísimo plazo la ofrece el caso de Italia, cuyo riesgo-país ha subido a 300 puntos. La declaración de Christine Lagarde, de que no saldría al socorro de Italia, provocó enseguida un derrumbe en los mercados de capitales de la Unión Europea.

Las compras de títulos públicos, bonos de corporaciones, y acciones de compañías, por parte de los bancos centrales de USA, Gran Bretaña, la Unión Europea y Japón, los ha convertido en dueños de gran parte del capital en circulación y en algunos casos el accionista principal. El capital ha abdicado ante su propio estado, y el estado ha perdido la autonomía frente al capital, que necesita sin embargo para seguir gobernando.

La crisis política mundial y los trabajadores

La crisis política mundial que ha instalado, en primer lugar, el antagonismo entre el capital y los gobiernos, por un lado, y la salud, por el otro, plantea un desafío importante e interesante a los trabajadores. ¿Cómo abordar esa crisis política generalizada como nunca antes? Es claro que esa crisis repercute en las posibilidades de recibir un tratamiento de salud adecuado, con un régimen de salud que es cada vez menos adecuado. La lucha por la defensa de la salud del mundo del trabajo desata de inmediato un conflicto político con los gobiernos que no quieren atender esa necesidad, ni están con capacidad de hacerlo por su atadura a los intereses capitalistas.

La lucha por la licencia paga por enfermedad para todos los trabajadores, efectivos y precarios; la anulación de todas las restricciones a la atención correspondiente, sean co-pagos o dolencias fuera de cartilla; la movilidad de salarios y jubilaciones por inflación; la intervención compulsiva del estado en el sistema privado para paliar los déficits del sistema público; la exigencia de pruebas de diagnóstico gratuitas para el ciento por ciento de la población; la incorporación de personal al sistema de salud bajo las condiciones del convenio colectivo de trabajo; todo esto y más, es lo que debiéramos discutir en la clase obrera y el conjunto de los trabajadores, para establecer un petitorio de demandas y una movilización y plan de lucha. Estas necesidades entran en conflicto con el problema económico y político principal de Argentina – una deuda pública (el 80% en dólares) confiscatoria, y con los gobiernos y regímenes políticos empeñados en pagarla, incluso en medio de una pandemia y del default de los Tesoros más poderosos del mundo.

La intervención masiva de los trabajadores por el derecho a la salud irá mostrando la necesidad de un gobierno de trabajadores, y desarrollará la consciencia y los medios políticos para alcanzarlo.