África y coronavirus: el continente olvidado

Escribe Antonella Fiorito

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Aunque la atención mediática mundial está centrada en Europa, Asia y Estados Unidos, en el continente africano ya son un total de 43 los países infectados por el coronavirus, con una cifra de al menos 1500 casos reportados, y advierten sobre numerosos casos no detectados y otros tantos no informados.

Un análisis de 2016 de Rand Corporation, explicó que 25 países del mundo son los más vulnerables a brotes infecciosos, de los cuales 22 se encuentran en África. Esta cifra apunta a los países del África subsahariana, una franja de países asolados por conflictos, con altísimos índices de pobreza, desnutrición (58 millones de niños con desnutrición crónica) y enfermedades como el HIV (26 millones según la ONU) y tuberculosis en la población, sumado al déficit en infraestructura sanitaria y saneamiento humano, entre otras. En esta situación, la OMS explicó que, si comienza la circulación comunitaria del virus, no hay chances de que puedan contener el brote.

Cabe destacar la emergencia sanitaria internacional a causa del ébola que los azota desde hace años con cifras espeluznantes: de 2013 a 2016 murieron más de 11.000 personas en África Oriental y recientemente en el Congo hubo unos 3400 contagiados, de los cuales murieron más de 2300, convirtiéndose en uno de los episodios más graves del mundo desde que hay registros, y de los que poco se habla.

La pandemia y los gobiernos

Aunque en la mayoría de los países aún no se decretó estado de urgencia, los gobiernos optaron por diversas políticas que van desde campañas de concientización hasta el cierre de fronteras, toques de queda y confinamientos. Pero de nada sirve el mero encierro si no hay medidas decisivas en materia sanitaria y laboral para hacerle frente a la pandemia y resguardar la vida de la población.

Si bien en casi todos los países existen laboratorios para detectar el virus, la desigualdad de recursos y políticas gubernamentales entre las regiones es brutal: mientras en Kenia, por ejemplo, pusieron a funcionar un centro de cuarentena con capacidad para más de 100 personas y despliegues del protocolo en los aeropuertos para asistir a los pasajeros, en Togo solamente cuentan con 4 camas para enfrentar la pandemia, habiendo ya 16 casos confirmados en el país.

A pesar de tener países con un gran desarrollo socioeconómico gracias al desarrollo desigual y combinado como Sudáfrica, Argelia, Túnez, Sudán, etc. África es el continente que más ha sido expoliado históricamente por el capital, quien sea el responsable de la pobreza y de la miseria estructural que predomina en la mayoría del territorio. Esto se ve reflejado en el áfrica subsahariana, donde aproximadamente 258 millones de habitantes se encuentran marginados, sumidos en la más extrema pobreza sin acceso a la información sobre las medidas de higiene y prevención a tomar para evitar la propagación, ni acceso al agua para higienizarse; donde el aislamiento social es una utopía en las ciudades cada vez más masificadas, con transportes urbanos atestados de gente y casas de 30m2 donde vive una familia entera.

¿Cómo enfrenta una pandemia un país con un sistema sanitario casi inexistente, donde escasean de manera criminal los recursos y los trabajadores de salud? Si Italia, con un sistema de salud en desbordado pero que supera ampliamente los anteriormente mencionados, tiene un obituario de más de 500 víctimas por día ¿cuál será el saldo para estas regiones?

En África el COVID-19 se encuentra abriendo paso a la barbarie capitalista en todo su esplendor, donde los grupos más marginados y vulnerables encabezan la lista de víctimas fatales.

Covid-19 y crisis económica

Luego de golpear fuertemente a su socio comercial, China, sumado a la interconexión con las economías europeas y yanquis, también en baja, el COVID-19 está causando un impacto muy alto en la actividad comercial del continente: se estima que podría perder aproximadamente la mitad de su PIB. Si los precios del crudo continúan cayendo, la pérdida para los países exportadores de petróleo podría ser muy significativa, según datos de la CEPA, alcanzando los 65.000 millones de dólares. A esto debe sumarse la baja de los precios de las materias primas, el envío de remesas y la baja total de la actividad turística, una parte importante de la economía de los países menos desarrollados.

Si la pandemia no se detiene, la contracción de mercados financieros, la desaceleración de la inversión y la fuga de capitales dará como resultado, inevitablemente, una cantidad incalculable de desempleos. Y como si fuera poco, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África advirtió que puede reducirse los productos farmacéuticos importados a África, mayormente por Europa, reduciendo la disponibilidad de medicamentos y elementos de farmacia para el continente. También se teme a la escasez de comida, debido a que la mayoría de los países africanos son importadores de alimentos básicos. Nuevamente, todo el peso de la crisis recae sobre los trabajadores y desocupados.

Por el momento se calcula que para detener la propagación, África tendrá que aumentar su presupuesto de salud en más de 10 mil millones de dólares, lo que sumado a la pérdida de ingresos podrían llevar a muchos países a una crisis político-económica insoslayable.

En este escenario, el COVID-19 vino a acelerar un proceso de crisis financiera mundial ya comenzado, dejando bien en claro la barbarie a la que nos condena este régimen incompatible con la vida y la dignidad humana. Lejos de necesitar “solidaridad” de las grandes potencias mundiales, también inmersas en la actual crisis y con los antecedentes de que nunca han suscitado una salida de fondo, sino más bien han tratado de apagar un incendio con un vaso de agua, la clase obrera africana debe organizarse para reclamarle al Estado, en una gran lucha política, la garantía de todos los elementos necesarios para enfrentar la crisis sanitaria y defenderse de la pandemia y de las tantas otras epidemias mortales de las cuales son víctimas. Asimismo, los sectores más vulnerables y marginados del continente africano deben romper el cuadro de aislamiento en el que se encuentran, empalmando sus reclamos con el conjunto de la clase trabajadora, desarrollando un programa que les permita tomar iniciativas que contribuyan a elevar la conciencia de las masas y luchar por sus reivindicaciones.

Por un gobierno de trabajadores.

Socialismo o barbarie capitalista.