Voluntarios con un programa

Escribe Delfina Irala, Santiago Vereb y Melina Juárez

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En las principales universidades del país, las autoridades convocaron a estudiantes a integrar trabajos voluntarios para colaborar en la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19. Al momento, la UBA ya reclutó a más de 7.000 voluntarios, según La Nación.

En la UNLP, las convocatorias a producir alcohol en gel y mascarillas se dan a partir de proyectos de Extensión en la Facultad de Exactas. Pasantes ad honorem producen y luego el Ministerio de Salud se encarga de su distribución. Otro ejemplo es la UNMDP, donde a través de Extensión de cinco facultades, produce para asistir al Hospital Interzonal General de Agudos, que se encuentra vaciado.

Los llamados intentan ser un “tapón” del ajuste presupuestario de la salud por un lado y de la educación por otro. La juventud aparece como el sector que vendría a llenar los agujeros de un sistema de salud precarizado y deficitarios. “Hay cientos de espacios que llenar y que con los brazos del Estado no alcanzan” (LN). A esta descripción de la poda que han hecho las políticas de ajuste, se añade ahora la impotencia del gobierno para integrar bajo su control al sistema privado. Es por eso que las autoridades y el gobierno hacen uso y abuso de las capacidades y voluntad de los estudiantes utilizándolos como mano de obra gratuita.

La mayoría de los estudiantes son trabajadores precarizados o independientes, que bajo el aislamiento social obligatorio han sido fuertemente perjudicados. Se pide un “esfuerzo” a todos aquellos que, al día de hoy, están sin ingresos y en incertidumbre total.

Los recursos de las universidades deben estar al servicio de los trabajadores desde los diferentes proyectos de Extensión -conquista de la Reforma del 18- para ligar la formación a las necesidades de la población. Es esencial un presupuesto universitario acorde para ello. Este no debe ser el salvavidas del vacío de la salud pública.

¿Apoyar o boicotear?

Debemos contraponer a lo que se denomina un programa de solidaridad con la población, un programa. Movilizar a los estudiantes y a la juventud sin trabajo a participar en esta lucha, con un ‘protocolo’ concreto.

  1. Capacitación adecuada de los estudiantes voluntarios.
  2. Participación en actividades deficitarias, en ningún caso para reemplazar a personal de salud en actividad o en condiciones de pasar a activos.
  3. Salario equivalente al de enfermeros y enfermeros y auxiliares de salud.
  4. Organización de las brigadas estudiantiles con pleno derecho a discutir las labores.
  5. Subordinación del sistema privado al Estado y la centralización de los recursos disponibles, auditados por los estudiantes y trabajadores, y lo mismo para toda la cadena farmacéutica e industrial – barbijos, respirados, reactivos, campaña de detección en asintomáticos.

Este programa o cualquier otro para el caso, debe ser discutido en asambleas de voluntarios, para actuar en función de un voto mayoritario. Es necesario que se otorguen becas especiales para todos aquellos estudiantes que se han quedado sin trabajo, así como el pase a planta permanente a todos los pasantes estudiantiles que ya se encuentran en el sistema, con total reconocimiento del CCT.