Enfrentemos la segunda ola, sigamos el ejemplo de Neuquén

Escribe Tribuna de Salud (Tendencia)

En defensa del salario, la salud y la vida.

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El gobierno nacional ha suspendido las clases por dos semanas frente al tsunami de contagios que con centro en el AMBA azota al país. A pesar de que ha colapsado al sistema sanitario, en el interior algunas gobernaciones insisten con la presencialidad. Las fábricas también paran, pero por el nivel de contagios que ha vaciado turnos enteros.

La vertiginosa ocupación de camas de terapia puso en evidencia de forma dramática que la segunda ola nos toma en peores condiciones que el año pasado. No solo no ha habido mejoras en el sistema sanitario, sino que estamos muy lejos de habernos recuperado del desgaste físico, psíquico, formativo y hasta salarial que implicó el año pasado. Esta es la realidad que trata de ocultar Alberto Fernández -exabrupto mediante- cuando dice que el sistema sanitario “se relajó”.

El “relajo” del gobierno

El escasísimo personal de refuerzo fue contratado en condiciones de precarización y aplicado de manera volante, es decir, enviado allí donde la urgencia lo requiera, por lo que se vacían los servicios. Muchos contratos temporales fueron cortados junto con el “relajamiento” de la curva de contagios. Ahora, crecen las filas que recorren varias cuadras para el hisopado en las unidades febriles de urgencia; se aumenta el ritmo y la cantidad de horas de trabajo para los trabajadores permanentes. Tampoco se han preparado más camas de terapia intensiva, ya que no se han adquirido más respiradores. No hay protocolos reales sobre cómo organizar los hospitales, por lo que es realmente un caos el manejo de pacientes en estas condiciones. El “relajo” es del gobierno.

Los equipos de protección que recibimos no cumplen con los estándares de protección. Frente al contagio, los hisopados tardan y somos enviados a casa sin atender. En el Hospital Fernández han renunciado 60 enfermeros y, si las cosas siguen así, pronto van a comenzar a renunciar los residentes que quedaron a cargo de las salas de internación por Covid de forma casi gratuita y están exhaustos.

Cirujanos, dermatólogos y psiquiatras en formación dedicaron sus horas a hisopar, tapando todos los baches que el sistema no ha cubierto. Los trabajadores concurrentes no han recibido ni siquiera una cobertura por ART.

Todavía no se ha vacunado a la totalidad del personal de salud y se ha postergado la aplicación de las segundas dosis para ampliar la aplicación de la primera a mayor cantidad de personas e intentar así, forzar al retorno a la presencialidad a la población. A pesar de la derogación del decreto que forzaba a los trabajadores dispensados por patologías graves a reintegrarse a la presencialidad, en CABA, el gobierno de Larreta y en el hospital Garrahan (cuya gestión es compartida con Nación) empujan a los trabajadores al regreso. Así suman más de 80 mil contagiados y 500 fallecidos por Covid entre el personal de salud, en todo el país. Los trabajadores del Hospital Moyano en la ciudad de Buenos Aires han logrado la segunda dosis con su movilización al ministerio de Salud.

La lucha de los autoconvocados

La vacunación de los trabajadores de la salud debe ser acompañada con el incremento del personal masivo, la reconversión de la industria para producción de respiradores y camas UTI, y el aumento general del salario mínimo para todo el personal igual a la canasta familiar (mínimo de $100.000) que ha sido hundido en conjunto con los de toda la clase obrera del país.

Los trabajadores de la salud, como los docentes, son empujados a perecer frente a la explotación patronal y del estado. El abandono de las burocracias sindicales en la defensa de los derechos de los trabajadores es criminal y es la consecuencia de la adaptación a las políticas gubernamentales y su gestión capitalista de la pandemia. Las conclusiones que sacan los trabajadores maduran día a día. Patronales, gobiernos y burocracias no dejan más alternativas a los trabajadores que la lucha autoconvocada como en Neuquén y la lucha docente contra la presencialidad.

Los trabajadores de la salud de Neuquén han cortado las rutas del petróleo -afectando la producción de Vaca Muerta- desde hace más de 50 días, en la lucha por el pase a planta permanente de los contratados eventuales y la recomposición de su salario al básico que la burocracia sindical entregó a la baja. Luego de un año de pandemia, los trabajadores cansados se auto organizan, eligen delegados y superan el bloqueo de la burocracia sindical. Los cortes ya son más de 26 en toda la provincia y la última movilización fue acompañada por la población a lo largo de diez cuadras en la capital provincial y también en el interior.

Esta experiencia de lucha autoconvocada que comenzó en septiembre del año pasado en la rebelión de enfermería de Buenos Aires se ha propagado de forma distinta en cada provincia y madura rápidamente hacia la unidad con el resto de la clase trabajadora como puede verse en la Patagonia, pero también en Tucumán, Jujuy, Mar del Plata o Buenos Aires como la ocupación contra el cierre de la Clínica San Andrés. En defensa del salario, la salud y la vida sigamos el ejemplo de los trabajadores de Neuquén.

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