Vaciamiento y pandemia en el Hospital de Clínicas

Escribe Corresponsal

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Este fin de semana se confirmó un caso de Covid-19 en una enfermera del turno SADOFE. Las autoridades han minimizado el caso. Las autoridades dispusieron el aislamiento del personal que tuvo contacto con la enfermera y para enfermería de la guardia, limpieza, tercerizados, administrativos, incluso camilleros.

La pandemia ha exacerbado todos los problemas que el hospital arrastraba: falta de insumos, personal y condiciones de trabajo. Desde que se implementaron sistemas de autofinanciamiento, el hospital comenzó a depender más del financiamiento privado y menos del presupuesto nacional a través de la UBA. Pero, sobre todo, se lo ha atado a las exigencias del mercado de la salud. Esto se tradujo en un vaciamiento de las condiciones de trabajo, insumos e infraestructura, hoy es más dramático que nunca. Mas del 80% de la población que se atienden en el Clínicas es población de riesgo para el coronavirus, especialmente jubilados y afiliados a PAMI. Esta atención representa una gran cantidad de los recursos propios y tuvo que ser suspendida, afectando el financiamiento del hospital en un contexto de recorte del presupuesto 2019 de la UBA.

A esto se suma que al personal que tuvo que ser licenciado por estar dentro de los grupos de riesgo casi no se los suplió con nuevos ingresos. Los ingresos son insuficientes y bajo modalidades de contrato de locación que agravan la cuestión financiera del hospital ya que solo los trabajadores en planta permanente cobran contemplados en los recursos del presupuesto nacional y todas las modalidades precarias cobran de los recursos propios. El ingreso de personal bajo modalidades precarias se monta sobre la excusa de la emergencia, pero oculta que la emergencia es justamente el resultado de un hospital sistemáticamente vaciado.

La lógica del autofinanciamiento expone todos sus límites y su naturaleza promercado toda vez que la apertura de servicios para generar recursos propios implica contrataciones que al hacerse por fuera de la planta consume recursos propios. Amén de que cada uno de esos servicios tiene como primer fundamento su rentabilidad en el mercado de la salud y no a la salud como derecho inalienable.

Los preparativos que se llevan adelante en el hospital no son menos contradictorios con el cuidado de la salud que la lógica del autofinanciamiento. Se está disponiendo el hospital para ser un gran receptor de pacientes de covid-19; sin embargo, no hay claridad sobre el destino de los demás pacientes. Por otro lado, está en disputa la intención de la dirección de que las enfermeras roten por los servicios; algo totalmente contraproducente cuando hablamos de la pandemia de una enfermedad altamente contagiosa. Si ya el propio edificio manifiesta dificultades estructurales para evitar el contagio intrahospitalario al no estar dividido en pabellones, la rotación de enfermería haría catastrófica la situación.

Finalmente, si tenemos en cuenta que los últimos procesos de organización con asambleas autoconvocadas fueron patoteadas por la comisión interna se pone en primer plano que la defensa de la salud de los trabajadores y pacientes parte de enfrentar el vaciamiento, los límites y contradicciones de las directivas y defender el derecho a deliberación, organización y lucha para imponer protocolos propios de los laburantes que partan de la crítica de la dirección existente. Se pone en discusión cómo se trabaja.