Santa Fe: cómo combatimos el virus de la precarización laboral

Escribe Lucía F. (Salud)

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Entre octubre y diciembre del año pasado, en la ciudad de Santa Fe, trabajadores y trabajadoras estatales, pusimos en marcha asambleas interministeriales que lograron reunir a precarizados de trece ministerios de la provincia.

La ebullición de los compañeros y el impacto en las medidas de fuerza lograron poner en agenda la lucha por el pase a planta, empujando a ATE a mover las oxidadas piernas para salir a la calle. Frente a la concentración convocada a casa de gobierno, respondimos irrumpiendo con una marcha multitudinaria al mismo destino, señal de una gran conciencia. A su vez, el ex gobernador Lifschitz tuvo que que dar una conferencia de prensa, que aprovechó para pasarle la pelota a su sucesor Perotti.

Para la burocracia sindical peronista esto fue un baldazo de agua fría. Un periódico local ubico a la palabra “precarización” como una de las más mencionadas por los medios.

Cambio de gobierno

La carta de presentación de Perotti fue el envío de patotas a amenazarnos, luego del cierre del gran festival por el pase a planta que contó con la participación de decenas de artistas y cientos de personas, en las vísperas de su asunción.

Los desmantelamientos de secretarías, así como las cesantías y los despidos, no tardaron en aparecer, comenzando en la nueva y flamante Secretaría de Estado de igualdad y género, en manos de activistas feministas, ahora funcionarias. Luego se expandieron a los otros ministerios como lo fue en producción, seguridad, justicia.

Si durante 12 años de gestión de un gobierno supuestamente opositor, las dirigencias sindicales se encontraron inactivas a pesar de los ataques salariales del “progresismo”, la llegada de un gobierno oficialista terminaría de sellar la tregua.

Lo que siguió al receso

Para comienzos de febrero, la mengua en la organización asamblearia se hizo sentir. Las presiones del nuevo gobierno, en una campaña sistemática de amedrentamiento por la organización de los trabajadores, tuvo el respaldo regimentador de los despidos, que fue la gran carta que jugó junto a la burocracia. Muchos trabajadores decidieron buscar otras fuentes de ingreso frente a la incertidumbre de su continuidad laboral y la necesidad imperiosa de llevar el sustento a sus hogares. La verde y blanca de ATE ofreció, a quien se acercara al gremio, la posibilidad de iniciar medidas legales de manera individual, una entrega total. UPCN ni apareció.

Sin la continuidad de la intervención sistemática de las bases, el deterioro en las condiciones de trabajo fue en aumento. Los salarios ilegalmente adeudados, como es el caso de las trabajadoras de la Subsecretaría de Inclusión siguen sin resolverse, y fue extendiéndose a los trabajadores precarizados de cultura, trabajo, educación, entre otros. Hay cientos de expedientes de renovación de contratos cajoneados, otros ni se iniciaron. Muchas renovaciones son por plazos menores a los anteriores contratos. La burocracia dice que esto se discutirá en la paritaria técnica, suspendida claro, por el COVID-19. Los trabajadores que tenemos que hacernos de changas extras para poder llegar a cubrir un mínimo que nos permita vivir, nos vemos privados de estas frente a la cuarentena.

Perotti, con la reciente aprobación de la ley de necesidad pública, defiende a capa y espada el sostenimiento y la masificación de la precarización en el Estado, intentando sobrevivir a la pandemia sin quedar pegado a una relación laboral, como obligaría un contrato bajo convenio. Además, la implementación de la cuasimoneda terminaría por destruir nuestros salarios.

Tenemos que conseguir que los 1.500 trabajadores de la salud precarizados, que se encuentran junto a trabajadores efectivos arrastrando un desborde sanitario previo al COVID, y ahora en la primera línea de combate frente a la pandemia, con falta de insumos y poniendo en riesgo su vida, pasen inmediatamente a planta permanente.

La irrupción de la crisis sanitaria es una gota que rebalsa el vaso en medio de la bancarrota económica y política que, en el marco de la tardía declaración de default por parte del gobierno nacional, no debemos permitir se convierta en una excusa más para la perpetuación de nuestras nefastas condiciones laborales, sino todo lo contrario. Denunciemos la falsa dicotomía entre salud y economía. Vayamos por todo.

La curva que tiene que ascender es la de la organización en defensa de nuestro trabajo, nuestro salario y nuestras vidas. Debemos poner en pie protocolos de seguridad e higiene contra el coronavirus, y volver a alzarnos por la reincorporación de los trabajadores despedidos, por el pase a planta permanente de todos los precarizados, y un salario mínimo igual a la canasta familiar.