8 de marzo: ni una enfermera, ni una maestra ni una mujer menos

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Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, cobra una relevancia inédita en Argentina y en el mundo.

La vida y la salud de la mujer trabajadora se encuentran en la mayor encrucijada de su historia, como lo está la humanidad toda.

El coronavirus se originó en una de las mayores violencias del capital –la que ejerce cotidianamente contra el medio natural y su precario equilibrio.

Pero ya desatada la pandemia, los Estados capitalistas –y sus “organismos internacionales”- han revelado una completa impotencia para derrotarla, y más todavía para preservar a la mayoría social que vive de su trabajo.

Mientras colocan todos sus recursos para rescatar a los capitalistas, los Estados y gobiernos hunden en el mayor desamparo a los explotados, y, naturalmente, a la mujer trabajadora.

El capital financiero cobra su tajada de intereses religiosamente, trátese de BlackRock o del FMI. Pero mientras tanto los sistemas de salud colapsan. Y con ellos, nuestras compañeras médicas y enfermeras, que dejan la vida bajo la picota del contagio, de las jornadas agobiantes y los salarios que no alcanzan.

A los capitalistas, el gobierno de los Fernández les paga parte de los sueldos junto con varios otros subsidios y hasta blanqueos impositivos.

Pero la mujer sin trabajo ya no tiene derecho ¡siquiera al mísero IFE de 10.000 pesos! Compañeras precarizadas deben dejar a sus hijos solos para pelear una changa y sobrevivir. Cuando sobreviene la tragedia, como ocurrió con Yolanda en Salta, el Estado victimario coloca en el banquillo a la mujer.

La vacuna, pretendida salida a la crisis sanitaria, se ha convertido en el monopolio de la burocracia jerárquica del Estado y sus socios políticos. Pero ese régimen de vacunados VIP ¡es el que obliga a nuestras maestras, a sus hijos y a sus madres, a una presencialidad escolar en pandemia y sin vacunas!

Bajo la descomposición social a que empuja esta gestión capitalista de la pandemia, se multiplica la violencia doméstica y laboral contra la mujer. En sólo dos meses de 2021, hemos debido soportar más de un femicidio por día. El Estado supuestamente “regulador” o “formador” de políticas de género es el principal encubridor y cómplice de los violentos, como se ha revelado en el caso Úrsula.

La ley del aborto, arrancada al Estado, al clero y a los partidos clericales después de décadas de lucha, amenaza con convertirse en papel mojado en varias provincias y en los enclaves de la salud privada. Los tentáculos del clero son más fuertes que el palabrerío de los supuestos funcionarios progresistas.

El gobierno de las funcionarias feministas ofreció una lección meteórica de que el “empoderamiento” de algunas dentro de este régimen político social en nada beneficia las sin techo, que son desalojadas a patadas y a balazos; a las vendedoras ambulantes, a las trabajadoras que defienden su salario o su trabajo. Ni ha servido para limpiar el poder, la justicia y sus instrumentos de los cómplices activos o por omisión del femicidio. Con las macristas, antes, y con las kirchneristas mucho antes y ahora, el Estado es responsable.

Contra el estado responsable y los capitalistas a los que sirve, convocamos a la organización independiente y socialista de la mujer trabajadora.

Compañeras: hay razones de sobra para hacer de este 8 de marzo un pronunciamiento gigantesco y masivo, en el centro político y en todas las plazas del país.

Basta de miseria social: salario para todas las compañeras desocupadas, equivalente a la canasta básica de 50.000 pesos. Indexación jubilatoria y 82% móvil.

Basta del monopolio privado –y del funcionariado estatal- para la vacunación. Producción libre y distribución de vacunas bajo control de las organizaciones obreras y populares.

No a la presencialidad letal de las escuelas en pandemia y sin vacunas.

Seis horas, salario igual a la canasta familiar y nombramientos masivos de enfermeras y trabajadoras de la salud en todos los hospitales del país.

Ni una menos: por la autoorganización de la mujer trabajadora, en todos los barrios. Unamos a nuestros compañeros en la lucha contra la violencia estatal y social a la mujer. Libertad inmediata a Yolanda Vargas criminalizada por el Estado que promueve la miseria social y el desamparo de las trabajadoras y sus hijos.