Por el sobreseimiento de Yolanda Vargas

Escribe Selva Almada

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Hace pocos días tuve noticia del caso de Yolanda Vargas, gracias a la convocatoria a este encuentro de hoy. Me parece importantísimo que la historia de Yolanda se conozca y se difunda en todo el país como una muestra más de que la justicia sigue siendo patriarcal y que está muy lejos de las mujeres pobres; lejos como también está el estado.

Hay algo que circula en la opinión pública, una afirmación que vaya a saber de dónde sale pero que está cristalizada y que dice que, en relación a los hijos, las mujeres siempre tenemos más derechos que los varones; que frente a la justicia una madre siempre tiene las de ganar. Una afirmación que se parece más a una leyenda urbana que a una realidad. Yolanda Vargas sí tenía la tenencia de sus hijos pero también tenía solamente obligaciones y ningún derecho: la obligación de cuidarlos, de darles comida, ropa, techo, ella sola aunque esos niños tenían un padre. Un padre que no cumplía con sus deberes, que no aportaba la cuota alimentaria y que tampoco era obligado ni por la justicia ni por el estado a cumplir con sus obligaciones. Yolanda Vargas pese a la pobreza y a la precariedad en la que vive sí cuidaba de sus hijos y lo que pasó, el incendio donde murieron los niños, es una tragedia espantosa también para ella que se quedó sin su pequeña familia y que es acusada de esta desgracia como si ella misma la hubiera provocado.

La justicia lee sin contexto: lee que Yolanda Vargas salió y dejó a los hijos en la casilla con la puerta cerrada con llave, sin tener en cuenta que no estaba cerrando con llave para dejarlos prisioneros sino para protegerlos, para que adentro de la casilla estuvieran seguros el rato que ella no estuviera para cuidarlos. La justicia lee sin contexto y en este caso llena de los prejuicios que todavía tiene gran parte de la sociedad hacia las mujeres pobres y hacia las mujeres solas.

Lo que le ocurrió a Yolanda, la muerte de sus hijos, es lo más tremendo y doloroso que le puede pasar a una mujer. Creo que todos somos capaces de conmovernos cuando una mujer pierde a su hijo, a su hija… imaginémonos que encima a esa mujer la acusan injustamente de ser la culpable de esa pérdida, la llevan presa como le pasó a Yolanda, ahora la dejan en libertad condicional sin un sitio adonde volver pues su casa se perdió también en el incendio, sin contención, sin un espacio de intimidad para llorar a sus hijos. Y con una acusación legal que pasó de abandono de persona seguido de muerte a homicidio culposo, pero que sigue señalándola a ella como responsable.

Quienes vivimos en las grandes ciudades pensamos que los feminismos están ya bastante instalados en la sociedad, que hemos avanzado muchísimo en estos años. Por supuesto no voy a negar los logros que hemos tenido, pero tampoco tenemos que olvidarnos que en las provincias de nuestro país la vulnerabilidad, el desamparo de las mujeres, sobre todo de las mujeres pobres, sigue siendo espantoso.

Hace dos días se cumplieron seis años de la primera marcha de ni una menos, sin embargo la violencia no cesa, las estadísticas de femicidio no cesan. La muerte de los hijos de Yolanda también es una efecto de la misma misoginia que acaba asesinando a una mujer cada 28 horas. La situación en la que vivían ella y sus hijos, en la desprotección y en un contexto donde Yolanda sufría violencia, son efectos de la misoginia. Y en esto el Estado que se corre, que mira para otro lado, que se olvida de las mujeres pobres que crían solas a sus hijos, es absolutamente responsable.

Allí donde el Estado y la justicia están ausentes por suerte están las compañeras de Yolanda a quienes me uno esta tarde, confiando en que todas juntas logremos su sobreseimiento, un acto necesario de justicia, una pequeña victoria.

Selva Almada es una escritoria y poeta argentina, autora de “Chicas muertas”, “El viento que arrasa” y “El desapego es una forma de querernos”, entre otros.