{"componentChunkName":"component---src-templates-nota-js","path":"/revista/16560-la-revolucion-estadounidense","result":{"data":{"markdownRemark":{"html":"<p><em>\"¿Qué entendemos por Revolución? ¿La guerra? Eso no formó parte de la Revolución. Sólo fue un efecto y una consecuencia de ella. La Revolución estaba en la mente del pueblo, y esto se llevó a cabo, de 1760 a 1775, en el transcurso de quince años antes de que se derramara una gota de sangre en Lexington\".</em> -Carta de John Adams a Thomas Jefferson (1805)</p>\n<p>El 4 de julio de 1776 fue aprobada, tras un intenso debate entre los delegados presentes, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América del Reino de la Gran Bretaña. Las declaraciones políticas allí volcadas mostraban un quiebre profundo de las relaciones sociales del viejo régimen. Este acto de emancipación dio paso a la primera (y única) revolución burguesa íntegra de nuestro continente.</p>\n<h2>El debate historiográfico sobre 1776 (1)</h2>\n<p>En la historiografía académica y militante, las interpretaciones sobre la Revolución estadounidense siguen despertando intensos debates. En líneas generales, los historiadores se han agrupado en tres grandes perspectivas que intentan determinar si realmente existió una revolución en las trece colonias americanas o si, por el contrario, se ha construido un relato mitificado.</p>\n<p>Por un lado, quienes defienden la Revolución estadounidense como un evento de conquistas únicas sostienen que el proceso tuvo una dirección inequívoca de desarrollo capitalista que culminó con el triunfo del Norte sobre el Sur en la Guerra de Secesión a mediados del siglo XIX. Esta visión ha atravesado a diversas corrientes ideológicas, siendo su más entusiasta defensor el historiador Gordon S. Wood, considerado el gran referente de la Revolución Estadounidense y la fundación de la República.</p>\n<p>Por otro lado, existe una corriente que entiende la Revolución de 1776 como el inicio de un proceso revolucionario popular que terminó siendo frustrado en 1787 con la sanción de una Constitución centralista. Según esta postura, el texto constitucional de Filadelfia operó como un freno e instauró un sistema presidencial fuerte, entendido como una nueva tiranía de los grupos adinerados contra las clases pobres. Esta visión fue mayoritariamente identificada con el Partido Comunista de los Estados Unidos y una generación de “historiadores progresistas” que ejercieron una gran influencia en las universidades durante las décadas de 1920 y 1930.</p>\n<p>Finalmente, una interpretación más reciente sostiene que la independencia estadounidense estableció una ´esclavocracia´, estructurándose esencialmente como una contrarrevolución para preservar la propiedad humana. Esta lectura ha ganado una amplia repercusión en los últimos años gracias al “Proyecto 1619”, promocionado por The New York Times, y a las investigaciones de Nikole Hannah-Jones, principal impulsora de esta tesis.</p>\n<h2>Orígenes de la Revolución estadounidense</h2>\n<p>Los orígenes materiales de la Revolución deben buscarse quince años antes del comienzo de los combates en Lexington. Al finalizar la guerra de los Siete Años contra el Imperio francés (1756-1763), la Corona británica se encontraba en franco estado de quiebra, arrastrando una deuda estimada en 130 millones de libras. La solución ensayada por el Parlamento de Westminster fue aplicar un severo ajuste fiscal sobre sus dominios americanos, principalmente las colonias de Norteamérica, por ser su posesión más lucrativa.</p>\n<p>Para reforzar el monopolio comercial, el primer ministro George Grenville propuso al Parlamento la aprobación, en 1764, de la Ley de Ingresos, conocida popularmente como la Ley del Azúcar. Esta normativa reducía a la mitad el arancel a las importaciones de melazas extranjeras, mientras gravaba nuevos productos esenciales como el lino, la seda, el añil, el café, el limón y los vinos extranjeros. Además, ampliaba la lista de mercancías “enumeradas”, que eran aquellos bienes que los colonos sólo podían exportar directamente a Inglaterra. Esta asfixia económica apretó fundamentalmente a los comerciantes de las ciudades del Norte y a los terratenientes del Sur.</p>\n<p>A la ofensiva aduanera se sumaron medidas políticas y militares que encendieron la agitación en las colonias. El Parlamento prohibió a las asambleas locales imprimir papel moneda fuera de Inglaterra y, al mismo tiempo, impuso una dotación permanente de 10.000 soldados en territorio estadounidense que debía ser sostenida económicamente por los propios colonos. La movilización de estas tropas imperiales tenía la inocultable intención de reprimir la disidencia, convirtiéndose en un símbolo del abuso metropolitano. Asimismo, otro punto de enorme fricción entre los grandes propietarios de tierras y los colonos marginados fue la Proclamación Real que prohibía avanzar hacia las tierras del oeste, declaradas propiedad exclusiva de la Corona.</p>\n<p>La agitación escaló drásticamente en 1765 con la aprobación de la Ley del Timbre, que obligaba a que todo documento impreso, incluidos panfletos, periódicos legales y naipes, llevara un sello real para tener validez legal. Este impuesto directo provocó una movilización inédita que concluyó con la formación de un primer congreso con delegados de nueve de las trece colonias. Este frente común constituyó el primer germen de una unificación política contra el absolutismo del Parlamento, forzando a Westminster a derogar la odiada ley un año más tarde. Sin embargo, el conflicto de fondo no era meramente económico, sino de soberanía jurídica.</p>\n<p>El reclamo de los colonos apuntaba al corazón del sistema colonial. Su premisa era que no estaban obligados a pagar ningún impuesto aprobado por un Parlamento donde no tenían representación directa. La única autoridad que reconocían formalmente era la del rey Jorge III, validando únicamente a las asambleas locales creadas por la Corona para la administración interna y la recaudación de tributos. El rechazo británico a estas peticiones desató nuevas protestas en alcance y amplitud. En Boston, un grupo de colonos disfrazados arrojó al mar un cargamento entero de té británico, pasando a la historia como el <em>Boston Tea Party</em>. En represalia, la Corona ordenó el cierre del puerto y el aislamiento de la colonia de Massachusetts, pero la respuesta de las demás colonias fue unánime: expresaron su solidaridad e iniciaron un boicot masivo a todos los productos ingleses.</p>\n<h2>La guerra de independencia</h2>\n<p>La persecución británica contra los líderes rebeldes transformó la agitación política en una guerra civil revolucionaria. El primer enfrentamiento abierto ocurrió en Lexington en 1775, donde más de 700 soldados ingleses chocaron con una pequeña milicia local. Tras un saldo inicial de ocho milicianos muertos, cientos de colonos se autoconvocaron en las cercanías de Concord para repeler a las tropas imperiales, persiguiéndolas durante más de treinta kilómetros en su retirada hacia Boston. Este estallido forzó la creación del Ejército Continental, cuyo mando fue confiado a George Washington, un terrateniente y teniente de milicias virginiano de origen patricio. La Corona respondió movilizando más de 40.000 tropas adicionales, incluyendo a 10.000 mercenarios hessianos, lo que terminó por liquidar cualquier lazo de lealtad remanente hacia la metrópoli.</p>\n<p>En este contexto de guerra abierta se redactó la Declaración de Independencia, inspirada en un borrador de Thomas Jefferson. El texto estipulaba la defensa de los “derechos inalienables” como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, validando el derecho del pueblo a abolir o reformar cualquier gobierno que atentara contra estos principios. Estas nociones habían sido popularizadas meses antes por Thomas Paine en su célebre folleto <em>Common Sense</em> (Sentido Común), el gran motor ideológico de la revolución. Paine realizó una agitación ferviente contra la monarquía hereditaria, sosteniendo que un hombre honrado valía más que todos los rufianes coronados de la historia, y ridiculizó la idea de que una isla gobernara indefinidamente a un continente.</p>\n<p>La circulación de textos liberales europeos de pensadores como Locke, Hobbes, Montesquieu y Rousseau a través de redes tanto legales como clandestinas tuvo una influencia innegable. Sin embargo, estas ideas calaron de forma muy distinta según la clase social. Mientras que los grandes comerciantes norteños y los terratenientes sureños se mostraban vacilantes, subordinando la confrontación a la obtención de concesiones comerciales particulares, el programa radical encontró una entusiasta recepción entre la pequeña burguesía citadina, los artesanos y los pequeños propietarios rurales (<em>farmers</em>). Fueron estas clases explotadas las que intercambiaron sus herramientas de trabajo por el fusil y operaron como el ala jacobina del proceso, empujando a las élites conservadoras hacia la ruptura definitiva. Como relata Howard Zinn en <em>La otra historia de los Estados Unidos (2)</em>, la composición plebeya del Ejército Continental conmovía a los oficiales aliados franceses, quienes se sorprendían al descubrir que las filas revolucionarias, incluidos varios de sus mandos, estaban compuestas por humildes trabajadores manuales y campesinos.</p>\n<p>No obstante, las contradicciones internas de este frente revolucionario quedaron expuestas de forma flagrante en el tratamiento de la esclavitud (3). Tanto la Declaración de Independencia como la posterior Constitución de 1787 evitaron condenar explícitamente el sistema esclavista, a pesar de los intentos del ala más radical por introducir su prohibición. Los líderes moderados priorizaron el pragmatismo político, considerando que presionar al ala izquierda del Sur ponía en riesgo la alianza con la oligarquía agraria, cuyo concurso económico y militar era indispensable para derrotar a Gran Bretaña. Confiaban en que la esclavitud terminaría extinguiéndose por sí sola ante los avances del trabajo asalariado; sin embargo, la invención de la desmotadora de algodón en 1793 revirtió esta tendencia al otorgar una rentabilidad sin precedentes a las plantaciones del Sur, expandiendo el sistema esclavista a su máximo histórico.</p>\n<p>Esta flagrante contradicción ha alimentado la tesis contemporánea que cataloga el proceso como una contrarrevolución esclavista frente a una Corona supuestamente abolicionista. No obstante, dicha interpretación carece de rigor histórico, dado que el propio Imperio británico preservó y expandió la esclavitud en sus dominios globales durante décadas y sólo la abolió formalmente mucho tiempo después. El desarrollo del abolicionismo en el territorio americano fue desigual: estados como Pensilvania (1780) y Nueva York (1799) iniciaron leyes de emancipación gradual durante y después de la guerra, mientras que Vermont (1777) la abolió directamente en su Constitución local, aunque como estado independiente de la Unión. La lucha entre las ideas abolicionistas y esclavistas estuvo presente durante las siguientes nueve décadas en los Estados Unidos. La disputa entre las clases industriales y esclavistas se resolvería a través de la guerra de Secesión (1861-1865) que llevó a la abolición definitiva de la esclavitud en todo el país.</p>\n<h2>De la revolución al orden</h2>\n<p>Tras la rendición formal del ejército británico el 3 de septiembre de 1783, el debate se trasladó a las formas de organización del nuevo Estado federal. La redacción de la Constitución de 1787 reflejó de forma nítida el choque entre el proyecto de centralización de la alianza de comerciantes y esclavistas, y las aspiraciones democráticas de la pequeña burguesía de las ciudades y el campo.</p>\n<p>Aunque el preámbulo constitucional consagraba la soberanía popular mediante la célebre fórmula <em>“Nosotros, el pueblo...” (“We the People…”)</em>, el diseño de las instituciones buscó concentrar el poder político y contener la presión de las masas. Las alas radicales de la Convención Constituyente, defensoras de los intereses de los artesanos y pequeños agricultores, propugnaban un Estado mínimo que respetara estrictamente el sistema federal y la autonomía de cada Estado de la Unión. Sin embargo, el proceso de expropiación de los terratenientes realistas durante la guerra había expandido notablemente la base de pequeños propietarios agrarios, lo que amplió el derecho al voto popular -limitado a varones propietarios de tierra- y consolidó una fuerte tradición de lucha democrática y revolucionaria del período anterior (1765-1783) que se trasladó a una nueva generación mediante el acceso al voto y las múltiples instituciones elegidas de manera directa por la población libre.</p>\n<p>El catalizador definitivo para la centralización del aparato estatal fue la Rebelión de Shays en Massachusetts (1786). Más de 4.000 rebeldes, en su mayoría granjeros empobrecidos y veteranos del Ejército Continental que enfrentaban la prisión por deudas, se levantaron en armas bajo el mando de Daniel Shays. Convocando al pueblo a destituir a las autoridades locales, denunciaron el abuso social y económico de las oligarquías comerciales e industriales, siguiendo el espíritu revolucionario de la Declaración de Independencia. Las milicias de Shays llegaron a organizar comités democráticos para elegir a sus propios oficiales, mostrando una notable cohesión política.</p>\n<p>La rebelión fue aislada y derrotada militarmente por un ejército privado financiado por los comerciantes adinerados de Massachusetts; el período de la revolución popular debía subordinarse a la era del orden estatal. Este conflicto demostró a las clases acaudaladas la urgencia de establecer un gobierno central fuerte con capacidad de reprimir disturbios internos, acelerando la Convención de Filadelfia y la aprobación de la Constitución, forzando a un retirado George Washington a encabezar dos mandatos presidenciales para apaciguar a los veteranos de la guerra que se mostraban descontentos con la deriva de la revolución que habían encabezado.</p>\n<h2>Balance histórico</h2>\n<p>El impacto internacional de la Revolución de las 13 colonias radica en haber constituido la primera ruptura victoriosa de los lazos coloniales dentro del mercado mundial moderno. Su influencia exterior, no obstante, estuvo marcada por profundas ambivalencias geopolíticas.</p>\n<p>Tradicionalmente se inscribe este proceso como el antecedente directo de la Revolución francesa de 1789, un lazo encarnado de forma célebre en el Marqués de La Fayette, héroe militar en ambos continentes. La Fayette redactó los borradores de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano bajo el asesoramiento directo de Thomas Jefferson, entonces embajador estadounidense en París. Sin embargo, historiadores contemporáneos como Pablo Pozzi (4) (titular de la cátedra sobre Historia de los Estados Unidos en la Universidad de Buenos Aires-UBA) matizan este alcance, sosteniendo que la influencia real de la revolución americana en Europa fue más bien acotada a círculos de militares franceses que retornaron a su país tras la guerra civil influenciados por la idea de aplastar a la monarquía. En las historias oficiales de Estados Unidos figura que la idea de libertad moderna fue acuñada en la Declaración de Independencia como una guía para los pueblos del mundo entero; por su parte, Pozzi le asigna un lugar privilegiado dada su \"moderada transformación de las relaciones sociales\" entre las élites latinoamericanas que habrían intentado replicar dicho programa moderado en su enfrentamiento contra la Corona española.</p>\n<p>Una dinámica mucho más compleja se dio con la Revolución haitiana, la más radical del continente. Varios de los futuros insurgentes haitianos, combatientes negros y mulatos libres, habían integrado las tropas voluntarias que pelearon en suelo norteamericano contra los británicos, absorbiendo de primera mano las consignas sobre los derechos naturales del hombre. No obstante, la posterior revolución francesa terminó por hacer estallar dichas contradicciones y abrió un proceso de ambivalencia entre los dirigentes estadounidenses. Fue John Adams quién desarrolló una clara política de apoyo comercial y reconocimiento táctico hacia la Haití revolucionaria; las administraciones esclavistas posteriores revirtieron este curso para aislar el proceso y evitar el contagio insurreccional en sus propias plantaciones.</p>\n<p>A pesar de sus innegables contradicciones estructurales, el proceso revolucionario cerrado con la consagración de la Constitución de 1787 dejaba asentadas dos grandes conquistas históricas: por un lado, sentó las bases para el surgimiento de una burguesía manufacturera y, por otro, creó una tradición de lucha democrática y revolucionaria, que resurgió plenamente a la hora de aplastar a los retrógrados esclavistas (PO N°144, 1986).</p>\n<p>Dos siglos y medio después, así como la revolución estadounidense inauguró una época histórica de ascenso de la burguesía manufacturera, que se encontraba encorsetada por las relaciones sociales caducas del feudalismo, su 250 aniversario se conmemora en un escenario signado por la decadencia histórica del imperialismo norteamericano, expresado nítidamente en la fisonomía política de la segunda presidencia de Donald Trump.</p>\n<p>Como sintetizó Lenin en su célebre <em>Carta a los obreros norteamericanos</em> en 1918 (5):</p>\n<p><em>“La historia de la América moderna y civilizada comenzó con una de esas grandes guerras verdaderamente liberadoras y revolucionarias, de las que ha habido tan pocas en comparación con la gran cantidad de guerras de conquista que, como la actual guerra imperialista, fueron causadas por disputas entre reyes, terratenientes o capitalistas por el reparto de tierras usurpadas o ganancias mal habidas(...) El pueblo estadounidense, que dio ejemplo al mundo al librar una guerra revolucionaria contra la esclavitud feudal, se encuentra ahora en la última etapa capitalista de la esclavitud salarial a manos de un puñado de multimillonarios”.</em></p>\n<p>La clase obrera internacional es la única capaz de reivindicar las conquistas históricas de 1776 contra el capital, que arrastra a la humanidad a la barbarie y elimina de manera cotidiana el derecho universal a “la búsqueda de la felicidad”.</p>\n<p><strong>Notas:</strong></p>\n<p>(1) Para un abordaje más detenido sobre los aprupamientos historiográficos se recomiendo leer: <a href=\"https://allthingsliberty.com/2013/08/historiography-of-american-revolution/\">https://allthingsliberty.com/2013/08/historiography-of-american-revolution/</a></p>\n<p>(2) Disponible en español: <a href=\"https://apiperiodico.jalisco.gob.mx/api/sites/periodicooficial.jalisco.gob.mx/files/la_otra_historia_de_los_estados_unidos-howard_zinn.pdf\">https://apiperiodico.jalisco.gob.mx/api/sites/periodicooficial.jalisco.gob.mx/files/la_otra_historia_de_los_estados_unidos-howard_zinn.pdf</a> </p>\n<p>(3) Para un desarrollo sobre completo sobre el tema consultar: <a href=\"https://jacobin.com/2023/12/1619-project-jake-silverstein-history-distorted-slavery-race\">https://jacobin.com/2023/12/1619-project-jake-silverstein-history-distorted-slavery-race</a></p>\n<p>(4) Disponible en: <a href=\"https://www.laizquierdadiario.com/La-independencia-norteamericana\">https://www.laizquierdadiario.com/La-independencia-norteamericana</a></p>\n<p>(5) Para su lectura completa: <a href=\"https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1918/aug/20.htm\">https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1918/aug/20.htm</a></p>\n<p><strong>Imagen: Ilustración en color que representa los disturbios de la Ley del Timbre en Boston en 1765, publicado por el archivo de la Biblioteca pública de Boston</strong></p>\n<p> HYPERLINK \"<a href=\"https://guides.bpl.org/c.php?g=800717&#x26;p=10389849%22https://guides.bpl.org/c.php?g=800717\">https://guides.bpl.org/c.php?g=800717&#x26;p=10389849\"https://guides.bpl.org/c.php?g=800717</a></p>","excerpt":"\"¿Qué entendemos por Revolución? ¿La guerra? 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