{"componentChunkName":"component---src-templates-nota-js","path":"/revista/16605-la-transicion-energetica-en-la-guerra-imperialista","result":{"data":{"markdownRemark":{"html":"<p>Según el Informe Global de Energía de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda mundial de energía creció un 1,3 % en 2025, por debajo del 2 % registrado en 2024. Esta desaceleración estuvo asociada a un menor crecimiento de la economía mundial: el Producto Bruto Interno (PBI) pasó de expandirse un 3,3 % en 2024 a un 3,1 % en 2025. Sin embargo, este menor crecimiento no expresa una estabilización del capitalismo, sino la profundización de su crisis histórica. Su manifestación más aguda es la guerra imperialista, que reorganiza el comercio mundial, altera el abastecimiento energético y agudiza la competencia entre las grandes potencias.</p>\n<p>La producción de armamentos, la movilización permanente de tropas, el transporte militar y el sostenimiento de las operaciones bélicas convierten a la guerra en uno de los mayores consumidores de energía del planeta. Si las fuerzas armadas del mundo constituyeran un país, serían el cuarto mayor emisor de gases de efecto invernadero, con alrededor del 5,5 % de las emisiones globales. Aviones de combate de última generación consumen más de 5.000 litros de combustible por hora de vuelo, mientras grandes instalaciones militares demandan millones de litros de gasoil cada día. La guerra no solo destruye vidas y fuerzas productivas: también multiplica el consumo de energía y acelera el deterioro ambiental.</p>\n<p>En este contexto, la energía solar y el gas natural fueron las fuentes que más contribuyeron al crecimiento del suministro energético mundial durante 2025. La energía solar explicó alrededor del 8 % de ese incremento, mientras que el gas natural representó el 25 %. La energía eólica también continuó expandiéndose y aportó el 5,5 % del crecimiento. Sin embargo, la guerra altera profundamente la circulación de la energía. La destrucción de gasoductos que abastecían a Europa, el bloqueo económico contra Cuba, las tensiones sobre el estrecho de Ormuz y la creciente militarización de las principales rutas marítimas muestran cómo la competencia imperialista fragmenta las cadenas mundiales de suministro energético, encarece los costos y vuelve más inestable el abastecimiento.</p>\n<p>En cuanto a la composición de la matriz energética mundial, el petróleo continuó siendo la principal fuente de energía, con una participación del 29 % y un leve crecimiento. El carbón redujo su peso hasta el 23 %, principalmente por su reemplazo en China, aunque también en la India y Europa. La energía nuclear, por su parte, elevó su participación hasta el 4,8 %.</p>\n<p>No obstante, el avance de las energías renovables —fundamentalmente la solar y la eólica— no modificó el predominio de los combustibles fósiles. Estos continúan dominando la matriz energética mundial y siguen siendo la principal fuente de emisiones de dióxido de carbono y de contaminación ambiental. Aunque el ritmo de crecimiento de las emisiones globales de CO₂ se desaceleró, estas volvieron a alcanzar un máximo histórico.</p>\n<p>Bajo el capitalismo, incluso los avances tecnológicos capaces de reducir las emisiones quedan subordinados a la valorización del capital y a la disputa entre los Estados por la supremacía económica, tecnológica y militar. Por ello, la transición energética no constituye un proceso ordenado de sustitución de fuentes contaminantes, sino una reorganización de la acumulación capitalista con la guerra imperialista, la competencia geopolítica y la profundización de la crisis ambiental.</p>\n<h2>La era de la electricidad y la disputa por la supremacía</h2>\n<p>La transformación más profunda de la llamada transición energética no se observa únicamente en la producción de energía, sino en la energía secundaria o consumo final; es decir, en la forma de energía que utilizan efectivamente los hogares, el transporte, la industria, los centros de datos y el conjunto de las actividades económicas.</p>\n<p>La Agencia Internacional de la Energía (AIE) sostiene que el mundo ha ingresado en la \"Era de la Electricidad\", ya que la demanda eléctrica crece aproximadamente 2,3 veces más rápido que la demanda energética total. La electricidad desplaza progresivamente a los combustibles fósiles -principalmente al gas natural y a los derivados del petróleo- en los usos finales, modificando la estructura del consumo mundial. Esta transformación también modifica el terreno de la competencia imperialista. La disputa por la supremacía ya no depende únicamente del control del petróleo y el gas, sino cada vez más de la capacidad para dominar la electrificación, las redes eléctricas, los semiconductores, las baterías, la inteligencia artificial y los minerales estratégicos indispensables para producir estas tecnologías.</p>\n<p>Durante 2025, el crecimiento de la demanda eléctrica se desaceleró respecto de 2024 como consecuencia de la menor expansión de las industrias electrointensivas. Sin embargo, la electricidad continúa consolidándose como el principal vector energético del consumo final. La expansión de los vehículos eléctricos, el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial -con su creciente demanda de electricidad- y la proliferación de grandes centros de datos, impulsados tanto por la digitalización de la economía como por actividades especulativas como el bitcoin, profundizan esta transformación estructural.</p>\n<p>Sin embargo, la llamada \"Era de la Electricidad\" no resuelve las contradicciones sociales del capitalismo. En 2025, alrededor de 655 millones de personas continuaban sin acceso a la electricidad, la inmensa mayoría en el África subsahariana. La exclusión energética ya no responde principalmente a limitaciones técnicas, sino a las relaciones sociales de producción: millones de personas permanecen sin suministro porque carecen de ingresos suficientes para acceder al servicio. La electrificación de la economía, por lo tanto, no elimina las contradicciones del capitalismo; las profundiza al reorganizar la competencia imperialista sobre nuevas bases tecnológicas y reproducir la imposibilidad al acceso a la energía para gran parte de la humanidad.</p>\n<h2>La guerra por las renovables y los nuevos territorios del saqueo</h2>\n<p>Durante 2025, las energías renovables volvieron a aumentar su participación en la generación eléctrica, impulsadas principalmente por la expansión de la energía solar y la eólica. Este crecimiento mejoró la intensidad energética y contribuyó a moderar el aumento de las emisiones de CO₂. Sin embargo, los combustibles fósiles continúan dominando la matriz energética mundial, por lo que las renovables todavía no logran reducir de manera significativa la dependencia del petróleo, el gas y el carbón.</p>\n<p>La transición energética no elimina la competencia capitalista; desplaza su eje. La disputa ya no gira únicamente en torno al control de los hidrocarburos, sino también alrededor de las tecnologías, las cadenas industriales, las redes eléctricas y los minerales críticos indispensables para la electrificación de la economía. En 2025, China, Estados Unidos y la Unión Europea concentraron cerca del 80 % de la nueva infraestructura de energías limpias instalada en el mundo.</p>\n<p>China posee actualmente la mayor capacidad industrial para producir tecnologías vinculadas a la transición energética. Durante 2025 instaló cerca de dos tercios de la nueva capacidad solar mundial y tres cuartas partes de la nueva capacidad eólica. La participación conjunta de ambas fuentes alcanzó aproximadamente el 22 % de su generación eléctrica, superando el promedio de los países de la OCDE. Este liderazgo se apoya en el control de buena parte de la cadena industrial: fabricación de paneles solares, baterías, electrolizadores, redes eléctricas y procesamiento de minerales críticos. En consecuencia, una parte sustancial de la transición energética mundial depende hoy de la capacidad productiva china, modificando la correlación de fuerzas de la competencia internacional.</p>\n<p>Frente a ello, Estados Unidos impulsa la relocalización industrial mediante subsidios e incentivos fiscales, particularmente a través de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA), con el objetivo de reducir su dependencia de las manufacturas chinas. Sin embargo, el rápido crecimiento de los centros de datos y de la inteligencia artificial elevó la demanda eléctrica y obligó a incrementar, durante los períodos de mayor consumo, la generación mediante combustibles fósiles, provocando un aumento coyuntural de las emisiones de CO₂.</p>\n<p>La Unión Europea mantiene sus objetivos de descarbonización, aunque en 2025 el despliegue de nuevas instalaciones renovables perdió dinamismo debido a la reducción de subsidios, el aumento de las tasas de interés y las dificultades para ampliar las redes eléctricas. A ello se suman las consecuencias de la guerra en Medio Oriente y de la militarización del mar Rojo, que obligan a los buques procedentes de Asia a rodear África, elevando los costos logísticos y retrasando el suministro de equipos necesarios para la transición energética europea.</p>\n<p>La superioridad manufacturera de China ha intensificado la ofensiva proteccionista de Estados Unidos y de la Unión Europea. Mediante aranceles que, en algunos casos, superan el 100 % sobre vehículos eléctricos, baterías y paneles solares de origen chino, las potencias occidentales buscan proteger sus mercados, favorecer la relocalización industrial y preservar la rentabilidad de sus corporaciones. Esta política pone de manifiesto una contradicción central del capitalismo: mientras proclama la necesidad de acelerar la transición energética, encarece deliberadamente las tecnologías renovables para defender posiciones en la competencia imperialista. La valorización del capital prevalece así sobre cualquier planificación racional destinada a enfrentar la crisis climática.</p>\n<p>La disputa por la supremacía tecnológica también empuja las fronteras del saqueo hacia nuevos territorios. La guerra en Ucrania combina múltiples determinaciones -entre ellas la expansión de la OTAN, la disputa geopolítica entre las grandes potencias y el control de regiones estratégicas-, incluyendo el acceso a importantes reservas de litio, titanio, grafito y otros minerales críticos para la transición energética. Paralelamente, el calentamiento global derrite el Ártico y convierte a Groenlandia en un espacio de creciente importancia estratégica. El retroceso del hielo deja al descubierto enormes reservas de tierras raras, uranio y otros minerales, al tiempo que abre nuevas rutas marítimas que reconfiguran el comercio internacional. Esta transformación intensifica la competencia entre Estados Unidos, China y las demás potencias por el control económico y militar del extremo norte del planeta.</p>\n<p>En este escenario, América Latina deja de ocupar un lugar periférico para convertirse en un espacio central de la disputa imperialista. La región concentra algunas de las mayores reservas mundiales de litio, cobre, recursos eólicos, solares y gasíferos, además de abundantes recursos hídricos y una posición estratégica para la producción de hidrógeno verde. En respuesta al avance económico chino, Estados Unidos procura reafirmar su influencia mediante una reedición de la Doctrina Monroe, presionando a los gobiernos latinoamericanos para excluir a las corporaciones chinas de proyectos vinculados con la infraestructura, la energía, las telecomunicaciones y la logística regional.</p>\n<p>Argentina constituye un ejemplo de esta ofensiva. El alineamiento del gobierno de Milei con Washington ha supuesto la firma de memorándums y acuerdos que favorecen los intereses estratégicos estadounidenses y restringen la participación del capital chino en sectores considerados sensibles. La paralización de proyectos de infraestructura, centrales nucleares, puertos y emprendimientos científicos financiados por China expresa esta reorientación geopolítica. Aunque se disponga de recursos excepcionales para la transición energética, su inserción continúa condicionada por la disputa entre las grandes potencias, impidiendo el desarrollo de una política energética e industrial independiente. </p>\n<p>De este modo, la transición energética reproduce, bajo nuevas formas, el desarrollo desigual propio del capitalismo. Los países dependientes continúan especializándose en la exportación de materias primas, minerales críticos y energía, mientras las potencias concentran la tecnología, las patentes, el financiamiento y la apropiación de la mayor parte del valor agregado. La transición verde no suprime las relaciones de dependencia; las reorganiza y profundiza sobre nuevas bases tecnológicas.</p>\n<h2>Hidrógeno verde: la nueva disputa mundial</h2>\n<p>El hidrógeno verde se ha convertido en un vector energético estratégico para aquellos sectores donde las baterías de litio no resultan viables, como la siderurgia, la producción de acero y cemento, el transporte marítimo, la aviación y el transporte pesado de larga distancia. Aunque durante su producción, almacenamiento y transporte puede perder entre el 60 % y el 70 % de la energía inicial, ofrece una ventaja fundamental: permite almacenar grandes cantidades de energía con mucho menor peso que las baterías. Se obtiene mediante la electrólisis del agua utilizando electricidad proveniente de fuentes renovables. Debido a las dificultades para almacenarlo y transportarlo, una parte importante de su producción se transforma en amoníaco verde (NH₃), un compuesto más fácil de trasladar por vía marítima que puede utilizarse como combustible o reconvertirse posteriormente en hidrógeno.</p>\n<p>La expansión del hidrógeno verde incorpora nuevos minerales críticos a la competencia imperialista, ampliando los territorios sometidos a la disputa por el control de recursos estratégicos. Metales como el iridio, el platino y el níquel son indispensables para la fabricación de electrolizadores y pilas de combustible, convirtiéndose en insumos estratégicos de la nueva economía energética.</p>\n<p>China ocupa actualmente una posición dominante en esta industria. Lidera la fabricación de electrolizadores y controla una parte sustancial de la cadena de suministro asociada a las energías renovables, incluyendo el procesamiento de minerales estratégicos como las tierras raras y el grafito. Su ventaja se apoya en la enorme escala de su producción industrial y en una estructura manufacturera altamente integrada. Estados Unidos impulsa el desarrollo del hidrógeno verde mediante grandes inversiones públicas y privadas para recuperar posiciones en esta industria estratégica, aunque mantiene una importante dependencia externa en determinados minerales y componentes. La Unión Europea procura consolidarse como referente tecnológico a través de la ingeniería y el desarrollo industrial, concentrando sus esfuerzos en Alemania, España, los Países Bajos y Dinamarca. Sin embargo, continúa dependiendo en gran medida de la importación de materias primas críticas. Al mismo tiempo, países como Australia y los países del Golfo buscan aprovechar su abundancia de recursos solares y eólicos para convertirse en grandes exportadores de hidrógeno y amoníaco verdes.</p>\n<p>En América Latina, Chile, Argentina y Brasil disponen de condiciones naturales excepcionales para desarrollar esta industria. Sin embargo, bajo las actuales relaciones de producción existe el riesgo de reproducir una forma renovada de dependencia: exportar energía, hidrógeno y materias primas mientras la tecnología, las patentes, la industrialización y la mayor parte del valor agregado permanecen concentrados en las economías imperialistas.</p>\n<p>La transición energética bajo el capitalismo no constituye una salida a la crisis ecológica, sino una reorganización de la acumulación mundial sobre nuevas bases tecnológicas. La competencia por el control de la energía, los minerales críticos y las cadenas industriales demuestra que la llamada transición verde se encuentra subordinada a la valorización del capital y a la disputa entre las grandes potencias. Mientras la producción continúe organizada en función de la ganancia privada y no de las necesidades sociales, las energías renovables coexistirán con la guerra, el saqueo de los recursos naturales, la profundización de las desigualdades y el agravamiento de la crisis climática.</p>\n<p>Solo una planificación socialista e internacional de la economía, basada en la propiedad social de los principales medios de producción, orientada a satisfacer las necesidades de la humanidad, permitiría aprovechar el extraordinario desarrollo científico y tecnológico para garantizar una transición energética, reducir efectivamente las emisiones de gases de efecto invernadero y preservar las condiciones materiales que hacen posible la vida en el planeta.</p>","excerpt":"Según el Informe Global de Energía de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda mundial de energía creció un 1,3 % en 202…","timeToRead":9,"frontmatter":{"title":"La transición energética en la guerra imperialista","seccion":"revista","date":"2026-07-16T00:00:00.000Z","author":["Silvia Jayo"],"subhead":"","volanta":"","image":"16605-la-transicion-energetica-en-la-guerra-imperialista.png","tags":[]},"fields":{"slug":"16605-la-transicion-energetica-en-la-guerra-imperialista"}},"file":{"childImageSharp":{"fluid":{"base64":"data:image/webp;base64,UklGRoQAAABXRUJQVlA4IHgAAADwAwCdASoUAAcAPtFUo0uoJKMhsAgBABoJaQAD4ioMjPay10oNSiOQAP5BGxWW4dTp027DzX8dFfwKOn7z7jRV9DSbAeTsmdUTtlyxn3JYf2GQSduU3p/4uvbjfldUorEKbW/hFp0idt0NmYZPdKQP/7IMQqbAAAA=","aspectRatio":2.717391304347826,"src":"/static/93c78539e1673b60b82213828ae28462/e30b5/default1.webp","srcSet":"/static/93c78539e1673b60b82213828ae28462/7ca0e/default1.webp 250w,\n/static/93c78539e1673b60b82213828ae28462/e9589/default1.webp 500w,\n/static/93c78539e1673b60b82213828ae28462/e30b5/default1.webp 1000w,\n/static/93c78539e1673b60b82213828ae28462/135cd/default1.webp 1280w","sizes":"(max-width: 1000px) 100vw, 1000px"}}},"ultimasSeccion":{"edges":[{"node":{"frontmatter":{"author":["Joaquín Antúnez"],"seccion":"revista","title":"La revolución estadounidense","date":"2026-07-01T00:00:00.000Z","image":"16560-la-revolucion-estadounidense.png"},"fields":{"slug":"16560-la-revolucion-estadounidense"}}},{"node":{"frontmatter":{"author":["Marcelo Ramal"],"seccion":"revista","title":"La etapa histórica de declinación del capitalismo","date":"2026-04-04T00:00:00.000Z","image":"16015-la-etapa-historica-de-declinacion-del-capitalismo.png"},"fields":{"slug":"16015-la-etapa-historica-de-declinacion-del-capitalismo"}}},{"node":{"frontmatter":{"author":[],"seccion":"revista","title":"Propuesta de resolución acerca de las tareas que plantea la situación mundial y nacional","date":"2026-04-04T00:00:00.000Z","image":"16016-propuesta-de-resolucion-acerca-de-las-tareas-que-plantea-la-situacion-mundial-y-nacional.png"},"fields":{"slug":"16016-propuesta-de-resolucion-acerca-de-las-tareas-que-plantea-la-situacion-mundial-y-nacional"}}},{"node":{"frontmatter":{"author":["Jacyn"],"seccion":"revista","title":"La situación política nacional","date":"2026-04-04T00:00:00.000Z","image":"16018-la-situacion-politica-nacional.png"},"fields":{"slug":"16018-la-situacion-politica-nacional"}}},{"node":{"frontmatter":{"author":["Jorge Altamira"],"seccion":"revista","title":"La guerra imperialista","date":"2026-04-04T00:00:00.000Z","image":"16020-la-guerra-imperialista.png"},"fields":{"slug":"16020-la-guerra-imperialista"}}}]}},"pageContext":{"slug":"16605-la-transicion-energetica-en-la-guerra-imperialista","seccion":"revista"}},"staticQueryHashes":["1154870786","1154870786","4251045325","658427121","775552670"]}