Un temerario “regreso” a las aulas

Escribe Mariano Hermida

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En el marco de la flexibilización de la cuarentena, el gobierno nacional, con el concurso de los gobernadores, se apresta a programar el reinicio de las clases presenciales. Esto implica una movilización de quince millones de personas en todos los niveles educativos.

La semana pasada debutó -con su primera reunión- el Consejo asesor para la planificación del regreso presencial a las aulas. Lo integran el ministro de educación, Nicolás Trotta, gremios docentes, funcionarios del ministerio de Salud, y otros especialistas. El objetivo del encuentro fue “avanzar hacia una planificación de los protocolos a implementar para el retorno a las clases en forma transparente, oportuna y consensuada” (Ámbito, 3/6). Un conjunto de provincias (Jujuy, Formosa, Catamarca, San Juan, Entre Ríos, Salta, La Rioja, Córdoba, Mendoza, Corrientes, La Pampa, Misiones y San Luis) ya habían fijado posición y dispuesto el regreso a las aulas en diferentes fechas y modalidades.

En lo que respecta a la Provincia de Buenos Aires y CABA, foco de contagios, Trotta ha declarado, en Radio con Vos, que “el AMBA podría sumarse a la expectativa de volver en agosto si baja el nivel de los contagios” El Observatorio “Argentinos por la Educación” (OAPLD), a través de un informe, destacó cuáles son las medidas que se deberían garantizar en un protocolo: mayor distancia entre los estudiantes en el aula, barbijos obligatorios, contactos interpersonales reducidos, normas estrictas de higiene, controles de salud en la escuela y regresos segmentados por grupos (Diario BAE, 16/5).

En escuelas de China, se implementó un protocolo que incluye cumplir una serie de postas antes de ingresar a las escuelas, que incluye fumigar sus zapatos, descartar el barbijo que usaron en el camino, pasar por una máquina de ozono, lavarse las manos y controlar la temperatura corporal. En la vecina Taiwán, los niños están protegidos por mamparas plásticas que separan a un pupitre de otro, impidiendo el contacto físico (Página 12, 11/5). La aplicación en Argentina de estas medidas de cuidado requeriría de un plan de inversión en infraestructura escolar sin precedentes en el país.

El estado de los edificios escolares es calamitoso: escuelas sin agua potable, sin gas, techos que se caen y condiciones mínimas de seguridad e higiene que no se garantizaban desde antes de la pandemia. Sólo en la provincia de Buenos Aires, según un relevamiento de los sindicatos docentes, había 800 escuelas con problemas edilicios. En materia de hacinamiento, hay casos de hasta cuatro instituciones que comparten el mismo edificio. En otro relevamiento, sobre 700 escuelas de 126 distritos, en el 35% de ellas encontraron roturas y/o filtraciones de techos, faltante de aulas (21,4%), inconvenientes sanitarios (19,3%) y conflictos eléctricos (12,3%).

Para “aumentar la distancia” entre los estudiantes -y con respecto al docente- se requeriría de la construcción de aulas para descomprimir los cursos superpoblados, instalación de pupitres individuales, espacios para realizar actividades físicas al aire libre, etc. Además, se debería proceder a un nombramiento masivo de los docentes faltantes en el sistema educativo para dividir los cursos. La toma de temperatura al ingreso de la escuela de docentes y estudiantes es otra medida crucial. El traslado de estudiantes requerirá el aumento en las frecuencias de los colectivos, para evitar la aglomeración. Los profes “taxis” también requerirán de controles estrictos para no esparcir el covid-19 de escuela en escuela. Otro tema que merece un tratamiento particular es como evitar la circulación del virus y la prevención de su contagio en los comedores escolares donde comen millones de chicos.

Sin embargo, la CTERA le ha dado el visto bueno a este rumbo que han emprendido el gobierno y la oposición. CTERA plantea que la vuelta a clases se realice con el “consenso” de las organizaciones sindicales, pero no tienen el mandato ni el “consenso” de ningún docente para tal afirmación.

En defensa de la vida y la educación

La vuelta a clases “presenciales” de manera escalonada o mixta (presencial-virtual) ha colocado en la agenda de los trabajadores de la educación y del conjunto de la comunidad educativa un tema fundamental: no puede haber “retorno a clases” hasta que no estén garantizadas las condiciones de seguridad e higiene, la infraestructura escolar adecuada y garantizando todas las medidas para evitar la propagación y el contagio del virus. De lo contrario, podríamos asistir a una masacre sanitaria en las escuelas. El gobierno se apresta a firmar un acuerdo de deuda ruinoso con los bonistas extranjeros que significaría la ruina para la educación, la salud y las aspiraciones del pueblo, mientras la pandemia se desarrolla a toda velocidad en los centros urbanos.

Debemos impulsar plenarios de delegados con mandato de escuela para elaborar un programa que contemple un plan de infraestructura integral, bajo control de las organizaciones sindicales de construcción de escuelas, aulas, reparación y reacondicionamiento de edificios escolares, y la exigencia de todas las medidas sanitarias y de higiene necesarias.
Impulsemos una campaña de pronunciamiento en todos los sindicatos docentes colocando el rechazo al retorno a las clases presenciales sobre la base de defender la vida y la salud de los docentes y la comunidad educativa.

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