La cuarentena política de Fernández-Larreta-Kicillof

Escribe Marcelo Ramal

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Fernández-Larreta-Kicillof decidieron marcar el paso en el mismo lugar con relación al “aislamiento obligatorio”. Para eso, fingieron transitar por un amesetamiento o probable pico de contagios que nadie puede aseverar: una vez más, los anuncios coinciden con el punto más alto de la propagación y de las muertes. Como nunca, los gobernantes subrayaron la cuestión de la “responsabilidad individual” y arremetieron contra los “contactos sociales”. Se trata de un enorme encubrimiento de lo que constituye el nudo de la actual circulación del virus y de los contagios, que son los lugares de trabajo. La estadística oficial no contabiliza a las fábricas que registran decenas de casos, como ha ocurrido en las alimenticias, las siderometalúrgicas o en el neumático; tampoco al gran comercio, donde la cadena más importante -Coto- registró más de 500 contagios. La presentación de gráficos por “edad” o “por distrito”, por parte de Fernández, oculta a las relaciones sociales que operan por detrás de los contagios – el afán del capital por explotar a la clase obrera, incluso cuando no puede garantizar su vida y su salud. Las evidencias que relacionan a las relaciones laborales con la pandemia son muy claras: por caso, el transporte público, considerado el gran foco de contagios, es empleado por quienes deben concurrir a las fábricas o locales que han reabierto sus puertas –los viajes en tren o colectivo están vedados para quienes supuestamente se trasladan por razones “recreativas o sociales”. Fernández amenazó con acciones penales a las violaciones individuales del “aislamiento”, pero nada dijo de las transgresiones colectivas que perpetran las patronales, que desconocen a diario protocolos y medidas de seguridad sanitaria.

Como dicen los infectólogos mediáticos, el foco de las especulaciones oficiales está colocado ahora en el número de camas de terapia intensiva. Fernández informó sobre que en el AMBA se encuentran en un 65% de utilización. Pero la salud privada –que incluye a las prepagas y obras sociales, con una gravitación que en CABA es muy superior a la del hospital público- registra un índice superior. Uno de sus principales personeros, el presidente de Swiss Medical, reconoció días atrás que el sistema opera hoy a costa de haber “flexibilizado” los requisitos para el ingreso a la terapia intensiva, o sea, de alargar las posibilidades de atención en las terapias intermedias y salas de internación común. Todo el sistema sanitario camina por la cornisa, pero principalmente, por el lado de los trabajadores de la salud. También en este punto, Fernández-Kicillof-Larreta ignoraron a la clase trabajadora: el trío abundó en estadísticas sobre camas y respiradores, pero no mencionó a la caída de salas y servicios enteros de hospitales públicos -como ha ocurrido en el Durand- diezmados por la propagación del virus en médicos y enfermeras. La expansión de equipamiento hospitalario es a la vez la sobreexplotación del personal existente, que sufre bajas todos los días. La invocación a la “responsabilidad individual”, en definitiva, es toda una confesión. A esta altura, lo único que espera el trío del AMBA es la declinación vegetativa del virus, como resultado de la inmunización de algunos sectores de la población – es lo que ha ocurrido, por ejemplo, en la Villa 31.

Las otras postergaciones

La prolongación del “distanciamiento” puede sonar como un congelamiento de las contradicciones sanitarias y sociales que está en curso. Pero ello no es así: la propagación del virus está en ascenso, y también lo está la crisis social que ha tenido, como única respuesta, el subsidio de 10.000 pesos. En el mismo día de la prolongación del aislamiento, el gobierno ha debido postergar hasta fin de mes la negociación de la deuda – otro impasse en el camino. Los “cepos” oficiales no impiden una fuga de capitales que supera los 500 millones mensuales, y que se devoran los dólares de una balanza comercial que sólo es positiva como consecuencia del derrumbe industrial.

Pero con toda seguridad, no habrá postergación para la inquietud salarial -en medio de una carestía creciente-; ni para los reclamos por despidos y suspensiones. La impotencia oficial frente a “todos los virus” debe ser enfrentada con un programa: protocolos redactados por los trabajadores; equipamiento e incorporación de personal sanitario para reducir la jornada laboral, urgente convocatoria a paritarias; plan económico único votado por un congreso de trabajadores.