Despedida a Coco Rivero

Escribe Marcelo Ramal

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Despedimos a nuestro amigo y compañero Coco Rivero, luchador desde siempre en la Villa 21-24.

La vida de Coco fue la hoja de ruta de este barrio, de sus inmensas luchas y de las frustraciones impuestas por el Estado y los gobiernos de turno. El primero de estos episodios fue el “Plan Arraigo” menemista, que prometió la urbanización de las villas porteñas. Pero el “plan” sólo tuvo como resultado la cooptación estatal de una ´federación de villas´ convertida en un antro de punteros. Coco Rivero fue un luchador insobornable contra estos ´burócratas villeros´ en la 21-24, los cuales, tras varias cooptaciones sucesivas, terminaron trabajando para el gobierno de Ibarra.

En el año 2001, la Villa puso en pie un cuerpo de delegados independiente, bajo el programa de una real urbanización de la 21-24. Coco Rivero fue uno de sus principales animadores. La banca del PO en la Legislatura fue una aliada de hierro de ese proceso de organización. Recuerdo reuniones de la comisión de Vivienda con centenares de vecinos, y hasta un regreso a la Villa movilizados. También fueron intensas las marchas al Instituto de Vivienda, emplazando a los funcionarios del gobierno pretendidamente ´progresista´. Esos años afirmaron un vínculo de Coco con nosotros, y varias participaciones enérgicas en nuestras campañas políticas posteriores.

Siempre asocio a Coco con una anécdota que fue, para mí, una lección personal. En una noche, y en cuestión de horas, Villar -el puntero ibarrista al que nos referimos- se había encargado de tapar todas las pintadas del PO en la Villa. Coco me llamó para vernos con urgencia, y me relató ocurrido. Le dije que dispondríamos la manera de ir reponiendo las pintadas borradas.

“No”, me contestó en forma terminante. “Las pintadas hay que reponerlas hoy, esta noche”. “Si no las restituimos de inmediato, nunca más volveremos a pintar acá”. Comprendí enseguida que no era un consejo. Me estaba transmitiendo una estrategia, una personalidad política. Por supuesto, seguimos su postura.

Los tiempos que vinieron después marcaron acercamientos y distancias. Pero siempre estuvimos unidos por el respeto, la confianza y la camaradería.

La 21-24 ha crecido enormemente, como resultado de las ocupaciones de tierras que tuvieron lugar en los últimos veinte años. El macrismo ha colocado su casa de gobierno a sólo 20 cuadras de allí, y no renuncia a algún proyecto inmobiliario a la vera del Riachuelo. Pero todo eso transcurre de espaldas a la villa, que mastica su bronca de hacinamiento, de desempleo, de gatillo fácil. Más temprano que tarde, los pobladores de la 21-24 van a concretar el sueño de Coco: que la unión de la Ciudad con el Riachuelo tenga lugar a través de un hermoso barrio de trabajadores.

A su compañera, a su hijo, a todos los queridos amigos y vecinos, un abrazo enorme.