PTS y megaminería en Chubut: ¿plebiscito o movilización en las calles?

Escribe Iván Marín

Un debate sobre cómo luchar contra el ajuste y la megaminería.

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En otros artículos venimos señalando que la avanzada del lobby minero para intentar implantar la megaminería en la provincia es un capítulo más del proceso de resistencia del pueblo chubutense a la política de ajuste impulsada por el gobernador Mariano Arcioni, desde hace aproximadamente dos años, y que es continuidad de la que ya venía implementando el fallecido Mario das Neves. Durante los momentos más acuciantes de los dos episodios anteriores (primer semestre de 2018 y segundo semestre de 2019) se hizo referencia en movilizaciones, piquetes y ocupaciones de dependencias estatales en distintos puntos de la provincia a un nuevo “Chubutazo”. El anterior ocurrió en 1990 y se llevó puesto al entonces gobernador Néstor Perl.

En ese marco es que debe inscribirse la propuesta del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) en el Frente de Izquierda para realizar un plebiscito vinculante en Chubut que dirima la cuestión minera. En un artículo de La Izquierda Diario (LID) del 21 de diciembre plantearon esa orientación, que fue replicada en convocatorias a distintas actividades, entre ellas una muraleada contra la megaminería en la Comarca Andina. Si bien también hacen referencia a la necesidad de movilizar en las calles, a nadie puede pasar desapercibido que lo singular de su orientación es esta propuesta para que la última palabra sea definida por las urnas de la democracia burguesa.

El amplísimo movimiento por el “No a Mina” parece no haber escuchado la propuesta y entre el jueves y viernes pasado más de 20 mil personas marcharon en distintos puntos de la provincia contra los intentos de avanzar con la megaminería en Chubut. El PTS da un nuevo pasito en su adaptación e integración al régimen democrático burgués con esta propuesta. La gravedad del asunto no se detiene ahí, sino que se amplifica por el carácter irresponsable de la idea: la pretensión de ir a un escenario incierto donde el Estado y el lobby minero cuentan con innumerables recursos para que la contienda transcurra en un escenario por demás sucio y, por ende, propicio a sus intereses.

Desde ya, una derrota de un plebiscito vinculante impulsado por el movimiento “No a la Mina”, con fraude o no, implicaría una catástrofe para la lucha. El plebiscito se realizaría en una provincia sumida en una bancarrota económica y política, con sectores de la población en situación desesperante. El gobierno tiene bien en claro estos “detalles”, y por ello no descartan ser ellos mismos los que impulsen el plebiscito, como ya dejó trascender el gobernador por Cambiemos en Mendoza, Rodolfo Suárez.

Vale recordar que la propuesta del PTS no cayó del cielo, sino que se integra perfectamente a toda una orientación más de conjunto electorarera, parlamentarista y democratizante con la que viene interviniendo en el país en los últimos años y que en el “Chubutazo” no ha sido la excepción. Por el contrario, en los momentos decisivos del proceso nunca estuvo a la altura de las circunstancias. Repasemos.

En ocasión de la ocupación del ministerio de Educación el año pasado el PTS no atinó en ningún momento a tratar de discutir una orientación en busca de articular a las bases estatales, sino que se concentró en exclusividad en la lucha docente, y allí también falló: su seguidismo a la dirección kirchnerista de la Mesa de Unidad Sindical (MUS) y en particular a la conducción de la ATECh (Asociación de Trabajadores de la Educación del Chubut) se hizo patente cuando aceptó sin chistar ir detrás de un proyecto para declarar la emergencia en educación, seguridad y salud en la provincia. Incluso llegó a vanagloriar en un artículo en LID que 3 mil personas marcharon detrás del proyecto, cuyo único objetivo fue desviar la lucha de las calles y ocupaciones estatales hacia los estrechos márgenes de la institucionalidad burguesa, en este caso el Parlamento. Lo grave del caso se revela, también, en el hecho de marchar para declarar la emergencia en seguridad, es decir reforzar el aparato represivo estatal. Nunca hicieron balance al respecto.

Este año paso algo similar. Mientras el burócrata petrolero Jorge “Loma” Ávila amenazaba con pasar por arriba de los piquetes docentes en Comodoro Rivadavia, el PTS le hacía seguidismo nuevamente a la presentación de un proyecto de emergencia de la MUS en Legislatura. En vez de advertir que era una maniobra distraccionista y llamar a la más amplia solidaridad con la docencia comodorense para evitar la patoteada, el partido de Nicolás del Caño y Myriam Bregman en nuestra zona prefirió ir a lavarle la cara a la burocracia en Legislatura. Eso sí, lo hizo “críticamente”. Pocas horas más tarde la patota concretaba el ataque y la noticia se nacionalizaba.

Además, el PTS, al igual que el resto del Frente de Izquierda, agitó el “Fuera Arcioni” desde agosto hasta 5 minutos antes del comienzo de la campaña electoral provincial de octubre, donde no hubo la más mínima referencia al “Chubutazo” ni mucho menos consignas para intentar desarrollarlo y dotarlo de una orientación hacia la victoria. Por el contrario, repitieron exactamente igual el discurso lavado de la campaña nacional, en una provincia que se prendía fuego. Ser bombero del régimen no es una virtud para un partido que se reivindica revolucionario.

La discusión en curso no se reduce a qué táctica es mejor para enfrentar el avance del lobby minero en la provincia y el país, con Alberto Fernández a la cabeza, sino que implican cuestiones muchos más profundas que hacen a la caracterización de la etapa actual, el programa con la cual abordarla y, por ende, la estrategia para conducir a la clase trabajadora a la victoria, que es en última instancia para lo que militamos los revolucionarios.

La bancarrota capitalista abierta a partir de la crisis económica del 2007-2008 ha dado un nuevo salto, que se expresa en alzamientos fenomenales en Europa, África, Asia y en particular en América Latina, donde se abrió una etapa revolucionaria de cuyas rebeliones en distintos países toman nota hasta los más reaccionarios analistas políticos de la burguesía. El PTS se ufana de tener un grupo participando en la revolución chilena, a la caracteriza como una simple rebelión, y le enrostra al resto de la izquierda en nuestro país eso como un valor en sí mismo, desligando la existencia de la organización de la calidad con la que se interviene. En Chubut queda claro que no alcanza con “estar” si eso implica ubicarse a la derecha del proceso y, por ende, intervenir con un programa lavado, de neto corte electoralista. Eso lo entendió un sector de la Unión de Asambleas de las Comunidades del Chubut (UACCh), quienes convocan a movilizar en los próximos días bajo la consigna “Por un Chubutazo contra la megaminería y el ajuste”.