Mariano Ferreyra: “Un crimen político contra la clase obrera”

Escribe Jacyn

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El 20 de octubre de 2010 la clase obrera perdió a uno de sus hijos. Una patota de la Unión Ferroviaria baleó a trabajadores tercerizados del ex ferrocarril Roca y militantes de izquierda, matando a Mariano Ferreyra y causando heridas a otros compañeros. La más grave fue la que sufrió Elsa Rodríguez, quien sobrevivió a un impacto en la cabeza. Las víctimas habían intentado cortar las vías a la altura de Avellaneda. Reclamaban el pase a planta permanente de los trabajadores. Los cortes, bloqueos de boletería y presentaciones anteriores no habían recibido respuesta. El Ministerio de Trabajo los ignoraba y la “Comisión de Reclamos” de la UF los hostigaba impunemente. La policía de Provincia los había empujado hacia Capital. La movilización ya había cesado cuando se les vino encima la turba de matones. Desde el puente ferroviario que cruza la calle Luján, en Barracas, tres comisarios de la Policía Federal Argentina, al lado del ´delegado´ ferroviario Pablo Díaz, observaron impasibles el ataque.

La tentativa de masacre fue madurando en cabeza de los dirigentes de la UF José Pedraza y Juan Carlos Fernández al calor de las protestas de los tercerizados. La tercerización era un gran negocio que se repartía, al amparo del Estado, entre empresarios y burócratas. Habían establecido un sistema de subcontratación de empresas-testaferro, pagando a sus trabajadores un tercio de los salarios de convenio y cobrando jugosas comisiones. Digitaban miles de millones de dólares en subsidios estatales. La burocracia medraba en el reparto, fundamentalmente, desde la estratégica Subsecretaría de Transporte Ferroviario, que ocupaba el ´fraternal´ Antonio Luna. Una de las contratistas beneficiadas era “Unión del Mercosur”, una fachada de ´cooperativa´ que enriquecía a Pedraza y los suyos, empezando por su familia. Los reclamos de los obreros hacían tambalear el edificio. Los capos de la Unión Ferroviaria se convencieron de que era necesario escarmentar a los rebeldes y a ´la zurda´ que los acompañaba. Los empresarios dieron día franco a decenas de empleados de los talleres de Remedios de Escalada para participaran de una ´acción gremial´ convocada por el sindicato – impedir el corte de los tercerizados.

El crimen de Mariano Ferreyra desató una crisis política entre la reacción popular por justicia, de un lado, y el gobierno, del otro. Este recibió un golpe en el plexo. Una acción obrera había echado luz sobre alianzas políticas y económicas ´non sanctas´ en los máximos niveles de la burguesía, la burocracia sindical y el Estado. Una multitud se levantó para reclamar cárcel a los asesinos y sus cómplices. Mariano Ferreyra era uno “de los suyos” – 23 años, trabajador, estudiante, militante. Los testimonios lo recordaban como un tipazo, un cuadro, sensible, ejemplo de integridad. Su asesinato caló hondo.

El Partido Obrero asumió la responsabilidad de aportar a esa lucha una claridad decisiva. Al día siguiente, Prensa Obrera tituló su tapa: “un crimen político contra la clase obrera”. El asesinato de Mariano era caracterizado desde la lucha de clases. En sus páginas, además, los protagonistas describían descarnadamente cómo habían sido los hechos – el ataque artero, cobarde, la complicidad policial. Por la tarde, en un discurso frente a una multitud reunida en Plaza de Mayo, Jorge Altamira denunciaría a Cristina Fernández por negarse a recibir a una delegación del PO. Las marchas, cortes y paros parciales se extendían a todo el país. La versión del “enfrentamiento”, difundida por los medios oficialistas, quedaba sepultada. Muchas organizaciones de base y gremios enrolados en el kirchnerismo participaron. Mientras tanto, en cambio, Hebe de Bonafini y otros cortesanos acudían a la Casa Rosada a llevar su solidaridad… a la Presidenta.

10 años

Aquel movimiento que involucraría a masas de trabajadores y jóvenes, a artistas y rockeros, dirigentes políticos y sindicales, periodistas y estrellas de fútbol, lograría, tres años después, arrancar las condenas de Pedraza-Fernández y buena parte de su patota. El gobierno -que apeló a todos los recursos políticos, judiciales y mediáticos a su alcance para aislar al PO y rescatar a la burocracia sindical- se vio forzado a absorber el impacto y ensayar una política de ´control de daños´. Los policías recibirían penas leves. Los empresarios y funcionarios, en cambio, ni siquiera llegarían a juicio. La investigación sobre la administración fraudulenta de los fondos estatales, constituida en una causa judicial aparte, quedaría archivada – un año y medio después del crimen de Mariano, la tragedia se multiplicaría con la ´masacre de Once´.

Néstor Kirchner fallecería exactamente una semana después del asesinato de Mariano. El kirchnerismo creó la mitología de que la bala que lo mató “rozó el corazón de Néstor”. La bala que mató a Mariano, digamos, detonó un movimiento que desenmascaró al régimen de los K y todas sus contradicciones. Es probable, efectivamente, que esto haya repercutido sobre la ya deteriorada salud del ex Presidente. El ´armado´ político K quedó al desnudo como un ensamble de camarillas y cooptados, asociados en el saqueo del presupuesto público. En la lucha por justicia por Mariano, un sector de masas realizaría su mayor experiencia con la izquierda en décadas, anticipando el despegue del Frente de Izquierda.

El asesinato de Mariano catalizó una experiencia histórica con la burocracia sindical, acentuando el abismo que la separa de los trabajadores. Su capital político se redujo a cero. La movilización popular por el castigo a Pedraza apuntaló una transición histórica en el movimiento obrero que tiene su expresión más alta, hasta el momento, en la recuperación del SUTNA.

El kirchnerismo, luego de obtener un triunfo plebiscitario en 2011, fue derrotado sucesivamente en 2013, 2015 y 2017. Retornó al poder en versión módica, como parte de una coalición con dos de sus ex jefes de Gabinete. Su obsesión excluyente es neutralizar los conflictos judiciales que acosan a su líder política.

El crimen de Mariano y la masacre de Once obligaron la salida de escena de los empresarios, agazapados ahora bajo la mascarada de Trenes Argentinos. La ´causa de los cuadernos´ puso de manifiesto la generalización de los vínculos incestuosos entre la ´patria contratista´ y el Estado, como fueron revelados en la gestión de los ferrocarriles. Las ´licitaciones cerradas´ de los concesionarios del Roca -Emepa, Roggio, TBA-, donde se repartían los fondos que captaban con sus ´subcontratistas, representaba, en miniatura, la cartelización de la obra pública que practicaban de todo el país.

No es cierto, por lo tanto, que una década más tarde tengamos enfrente a la “misma” burocracia, los “mismos” empresarios, la “misma” policía, la “misma” tercerización, como lo presenta el aparato del Partido Obrero. Tampoco el gobierno y el Partido Obrero son los mismos que diez años atrás. El aparato no puede explicar políticamente el asesinato de Mariano, ni desarrollar la política con que enfrentamos, hace diez, años este “crimen político contra la clase obrera” El aparato cultiva una “historia” sin conciencia ni memoria, sólo quiere confiscar la lucha de Mariano para fines auto-proclamatorios. Elimina de su saga de “homenaje” a todos los militantes de la Tendencia que tuvimos participación en ella, más bien la dirección política de esta lucha. Por eso, al cierre de los actos en cada aniversario tomaba la palabra Jorge Altamira.

Donde se produjo un “crimen contra LA CLASE OBRERA”, el aparato describe una camarilla de iluminados, que se atreve a borrar la política de esa lucha y su dirección.

El kirchnerismo, en nombre de “la reconstrucción de la burguesía nacional”, cultivó el “capitalismo de amigos” y el reparto de camarillas. Se alió a Pedraza y a lo más podrido de la burocracia sindical peronista contra el movimiento obrero. “Volvimos”, se jactaba Kirchner, mientras abrazaba a la Juventud Sindical y a los herederos de la “ortodoxia” que en los 70 perseguía al activismo peronista y de izquierda. Despiadada, la historia le recordó, en las calles de Barracas, aquel 20 de octubre de 2010, que las tres A siguen en el ´movimiento nacional´.

La muerte de Mariano hizo aflorar tendencias muy profundas en el seno del pueblo – a la rebelión contra la precarización laboral, el hartazgo frente al deterioro del transporte público, el odio a la policía y sus atropellos, a la hipocresía de los políticos de la burguesía. Mariano pagó con su vida la permanencia de un régimen irreconciliablemente hostil a los trabajadores, a la juventud, a las mujeres, a la naturaleza.