Jorge Brito: obituario de una clase parasitaria y antiobrera

Escribe Gabriela Jorge

Tiempo de lectura: 3 minutos

La muerte del banquero Jorge Brito en un accidente aéreo en la provincia de Salta conmovió a Sergio Massa y al presidente Alberto Fernández, por igual, ambos lamentaron la pérdida de un ser “querido” y de “un empresario con quién discutir constructivamente mirando al futuro”, respectivamente.

A la luz de estas declaraciones, lo que algunos consideraban un llamado a la rebelión fiscal contra el gobierno, por las declaraciones de Brito ante la sanción de un “aporte solidario” a las grandes fortunas, no fue más que la advertencia de un aliado. Después de todo, en su momento, Brito se había autoproclamado “peronista” y llamó a votar a CFK en 2011. No podría ser de otro modo en un personaje que se capitalizó gracias al Estado y en alianza con el poder político.

Privatizador

Durante las privatizaciones menemistas, Brito aprovechó el remate de los bancos provinciales de Salta, Jujuy y Misiones, convirtiéndose, a la vez, en agente financiero de estos estados provinciales y recibiendo jugosas comisiones y beneficios por ello. Tras la bancarrota de 2001, se asoció al duhaldismo y al kirchnerismo en una enorme reestructuración bancaria nacional basada en la confiscación de los ahorristas y la devaluación monetaria, y se vinculó al capital norteamericano la fusión con el Banco Bansud (City Bank). Por todas estas operatorias, el Macro está denunciado en los expedientes del Congreso Nacional por lavado de dinero y fuga de capitales.

Bajo su vinculación con Néstor Kirchner, al que llegó a prestarle más de $500 millones de pesos (Bae Negocios, 20/11), dirigió Adeba, la principal asociación de bancos privados del país y la Federación latinoamericana de bancos desde el 2012 al 2014. Pero también se vinculó a los negocios y corruptelas k, como la causa Ciconne, lo que lo obligó a retirarse de la presidencia del Macro, puesto que retomó con la asunción del FdT. De todos modos, esto no le impidió ser uno de los principales beneficiarios de la política del gobierno de Macri, que garantizó un flujo de inversiones de corto plazo para la especulación con las altas tasas de interés internas, permitiendo ganancias formidables para los bancos. Sólo en el primer trimestre del 2016, los beneficios del Banco Macro crecieron un 26%, convirtiendo a Brito en “Billonario” (01/08/2016).

El mentado “emprendedurismo” que se reivindica en la figura de Brito no es otra cosa que una cobertura ideológica de un proceso de acumulación profundamente parasitario que caracteriza a la mentada “burguesía nacional”. Aprovechó todos los negocios que los gobiernos de turno supieron armar diversificando sus inversiones: desde la especulación inmobiliaria (Vizora), los agro-ganaderos y de exportación (Cabaña Río Juramento y Frigorífico Bermejo) o lo de las energías renovables (Genneia).

El verdadero poder

Horas antes del accidente que le costó la vida, Brito habría almorzado con el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, sin que trascendieran los motivos de la reunión ni el contenido de sus intercambios. Hasta ahora, el mandatario salteño no ha hecho declaración pública alguna. Se podría presumir que estuvieron discutiendo los avances de las negociaciones por la reestructuración de la deuda provincial, gestión por la cual el Macro cobra jugosas comisiones, o, quizás, el banquero sólo le agradecía al gobernador los servicios prestados por el Estado Provincial para reventar la huelga de sus obreros del Frigorífico Bermejo y permitir que su establecimiento siga operando sin cumplir las normas fitosanitarias y laborales vigentes, el decreto nacional de prohibición de despidos y los protocolos de bioseguridad ante el COVID. Lo cierto es que Brito fue un hombre clave en la definición de la orientación política de los gobiernos provinciales junto con la Seaboard E.R (Ex Tabacal), no solo por su posición de agente financiero del Estado provincial. Su intervención en los negocios agro-ganaderos en la provincia, dónde posee el feedlot más grande del NOA, fue clave para que Urtubey primero y Sáenz ahora decidan confrontar con un sector de la vieja oligarquía terrateniente local, representada por los Romero y los Olmedo, que exigían extender la frontera agropecuaria en 5 millones de hectáreas para el monocultivo de soja. Brito era uno de los principales defensores del desmonte salteño, pero para imponer un esquema de “ganadería sustentable”.

El perro y la rabia

Quienes no se conmovieron por esta muerte fueron sus obreros del frigorífico Bermejo o las decenas de miles de empleados estatales de las provincias en dónde el Banco Macro oficia de agente financiero exclusivo del Estado, violando, gracias a ello, impunemente las restricciones legales vigentes para los embargos sobre salarios y jubilaciones, con confiscaciones integralmente y con tasas punitorias usurarias. Claramente, tampoco lo llora la vanguardia obrera y popular que ha enfrentado a sus socios políticos. Brito falleció, pero el régimen social parasitario, confiscatorio y negrero que representaba sigue en pie y es tarea de los trabajadores acabar con él.