“Animémonos y vayan”… a contagiarse

Escribe Marcelo Ramal

El escándalo de vacunas y la “nueva normalidad” capitalista.

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La revelación de que el ministerio de Salud reservaba un vacunatorio especial para el alto funcionariado del gobierno ha sido presentada como un hecho puntual o desagradable, por cierto, que vendría a “empañar” la transición hacia lo que oficialistas y opositores llaman la “nueva normalidad” social y económica que se pretenden poner en marcha.

En realidad, el `vacunagate”, lejos de ser una “mancha”, ha revelado el verdadero contenido de esa supuesta “normalidad”. En la misma semana en que el vacunatorio VIP fue deschavado, el gobierno nacional –y también la administración macrista de la CABA- pusieron en marcha al gran estandarte de su normalización, la presencialidad en las escuelas. Sin que la pandemia se haya mitigado; sin que una sola vacuna haya llegado aún a los brazos de ningún docente, se puso en marcha la circulación de millones de personas. En horarios y días salteados; con cursos fracturados entre los que pueden y los que no pueden concurrir por razones de riesgo, y con el escenario previsible de las interrupciones causadas por los futuros contagios. El sindicato Ademys ya ha denunciado a decenas de ellos en las escuelas de la Ciudad.

Todo lo anterior fue rigurosamente previsto y considerado por el gobierno, como señal de lo que se quiere con esta “nueva normalidad”, en Argentina y en el mundo: “a producir, a como sea, a echar andar la rueda del capital y de los beneficios, aunque la pandemia persista y la vacuna sea una quimera para el 90% de la población mundial”. Ese es el significado de fondo del retorno a las escuelas. Al igual que la vuelta de las personas de riesgo a los puestos de trabajo, el retiro de licencias laborales y, todavía antes, la apertura de todas las actividades que no podrían ser consideradas esenciales, pero cuya reanudación se impuso a como diera lugar.

Pues bien: el mismo régimen político y social que le impone al país y al mundo la normalidad, en pandemia y sin vacunas, ¡él mismo, sus jefes y funcionarios, en cambio, sí se vacuna! El funcionariado que manda al matadero a la humanidad se autoexime de ese riesgo, y ha montado a escala mundial los vacunatorios VIP, como se ha puesto de manifiesto en España y en numerosos otros países donde estallaron escándalos similares. “Animémonos y vayan” es el lema de la burocracia estatal que protege “la rueda de la economía” a costa de la vida y la salud de la humanidad toda.

La vacunación “especial” es un caso grosero –pero no el único- de la privatización de las vacunas, que es la premisa sobre la cual se lleva adelante su producción y distribución en todo el mundo. La vacuna es monopolio de un puñado de laboratorios y de los estados imperialistas que respaldan su prerrogativa, fundada en la propiedad privada de las formulaciones (derecho de patentes). El acaparamiento de la vacuna es el actual escenario de una guerra comercial y política sin cuartel, que involucra también a las fondos internacionales que controlan accionariamente a los laboratorios. La presión por un mercado privado de compra y venta de vacunas se hace sentir en varios países del mundo –las centrales empresarias de Brasil y Argentina ya se mueven en ese sentido.

Al vacunarse por cuenta propia, el alto funcionariado estatal se asocia a este proceso de privatización de la vacuna y reafirma su promesa ante toda la clase capitalista: los “otros”, el noventa y pico por ciento que no se vacuna, irá a trabajar aunque el virus llueve y truene.

Luchemos por el control de la producción y reparto de vacunas por parte de los trabajadores de la salud; por la publicación de todas las formulaciones y procedimientos para la libre producción de vacunas. Fuera el régimen de los privilegios y la privatización de la salud, gobierno de trabajadores.