Gobierno de compadres, la patria es mi camarilla

Escribe Jorge Altamira

“Educación ciudadana”, clase virtual en pandemia.

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El ‘vacunatorio’ de Ginés es el último tramo de una saga. Los funcionarios del kirchnerismo se vienen vacunando desde que desembarcó el primer Sputnik V en Ezeiza. El ‘pibe’ Kicillof y sus amigos de Salud de la Provincia dieron la voz de partida; hay más de una decena de gobernadores vacunados, como ocurre con los ‘adolescentes’ Bordet y Capitanich. El poder los convirtió en ‘imprescindibles’; sin ellos Argentina desaparece. Metódicos, instalaron una unidad básica vacunatoria para compinches en el Hospital Posadas. Una especie de ‘Corrientes 348, 2° piso, ascensor’. La vicepresidenta no dejó de hacerlo, salteándose la cola de los mayores de 60. Hugo Moyano aprovechó su condición de patrón de la salud para hacer un raid con toda la familia, incluidos los no natos. León Trotsky perdió a su hija por tuberculosis cuando se sometió a la ración de comida prevista para la población en la hambruna de 1921. Diferentes estilos. El relato lo cierra con puntada maestra el montonero de la Aeronáutica, Horacio Verbitsky, para quien nuestro compañero Mariano Ferreyra era “el chico que mataron en Barracas”. El ‘fiscal de la República’ esquivó todos los caminos “sociales y legales” que supo pregonar, porque “la patria” no es otro sino uno mismo. A los ochenta años hizo gala de viveza contando su tropelía en la radio de Roberto Navarro. El mismo camino ha transitado un ilustre progresista del kirchnerismo, Jorge Taiana, y el campechano Eduardo Valdés. Para echar a Valdés de la comitiva que iba a viajar a México, cuenta un diario, Alberto Fernández tuvo que llamar al embajador de Argentina en Washington, Jorge Arguello. En definitiva, una ‘grande famiglia’.

El golpe político que ha sufrido este gobierno improvisado por la emergencia política y económica, y por la oportunidad que ofreció una coalición de camarillas diferentes, es inmenso. Dejó al desnudo la calidad moral de una cadena de funcionarios que se califica víctima de una guerra judicial. Los reclamos de indulto y amnistía para los detenidos, casi todos domiciliarios, se fueron al diablo; los rezongos contra la Corte se van a tomar un respiro. Ha sido golpeada una agenda de continuidad en el poder. El impacto sobre el electorado es incuestionable; los encuestadores se están apurando en medir los niveles de daño. Los maestros son obligados a ir a clase sin vacunarse por parte de quienes se vacunan a fuerza de prepotencia. Hasta Trump sale airoso en las comparaciones, porque se topó con el coronavirus sin arroparse en el salvador de la patria que cree que es.

Lo ocurrido no es, ni de lejos, una ‘burbuja’ nacional y popular. Las denuncias de acaparamiento de vacunas por parte de grandes capitalistas son moneda corriente en una gran cantidad de países, cuando no en todos debido al amparo del sigilo informativo. La prensa informa, por caso, el aprovechamiento que ha hecho un capitalista marplatense y los Eurnekian. La clase que vive del trabajo ajeno, también explota la vida del prójimo. Esto no atenúa la responsabilidad de los vacunados Vip de Argentina – por el contrario la acentúa, porque los asemeja a todos las sátrapas de la sociedad actual.

Bien mirado, asistimos a una suerte de culminación de una gestión capitalista de la pandemia. Al lado de miles de pequeñas empresas que sucumbieron en 2020, probablemente más por la bancarrota económica que dejó el macrismo que por algunas cuarentenas, la pandemia representó un gran negocio. A nivel internacional lo prueba el pico alcanzado por la Bolsa de Nueva York y la onda de operaciones especulativas que permitió la emisión monetaria de la Reserva Federal. A nivel local, la casi totalidad del superávit del comercio exterior se lo llevó el pago de intereses de la deuda y la evasión de divisas. El Ingreso de Emergencia, apenas diez mil pesos, o sesenta a setenta dólares por mes, fue financiado por medio de Leliqs, pases y bonos del Tesoro, a un promedio del 45% de interés anual. Los nac & pop siguen pagando los salarios de grandes empresas, sin que en este caso los enerve el déficit fiscal que eso produce.

La clase obrera debe explotar de inmediato esta crisis para hacer avanzar la defensa de la vida, la salud y el trabajo. No a la presencialidad escolar sin vacunas. Aumento general de salarios y jubilaciones para contar con los recursos para hacer frente a la pandemia en términos de protección, vivienda y hábitat. Cierre de toda empresa que registre contagios, sin afectar los salarios. Reposición de los subsidios de emergencia, que no pueden ser inferiores a los 30 mil pesos. Publicidad de todas las listas de pedidos de vacunación, por edad y otros requisitos necesarios. Iniciar causas penales a todos los aprovechadores. Sanción a todos los responsables políticos.

Argentina enfrenta de nuevo un punto de quiebre histórico, más amplio y profundo que cualquier otro en el pasado. La pandemia es un acontecimiento histórico y político. Es necesaria una amplia deliberación en la izquierda, el clasismo sindical, las organizaciones sociales y piqueteras independientes, como también de la mujer y la juventud, en un Congreso, para derrotar por completo los planes capitalistas mediante la instalación de un gobierno de trabajadores.

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