No confundir el reclamo de vacunas con la estafa política de quienes lo promueven

Escribe Pablo Busch

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El pico de contagios y muertes en los lugares de trabajo han forzado a la burocracia de los sindicatos a abrir el pico para referirse a la salud. Durante catorce meses no encontró la oportunidad de hacerlo, amparada en el verso de los protocolos que se habrían establecido en los lugares de trabajo. La burocracia sindical, sin emplear el término, fue la primera en acomodarse a la “presencialidad segura”, para no incomodar a las patronales. Abrió una ruta que emprenderían más tarde una cepa variada de izquierdistas. En esta línea, los funcionarios sindicales miraron para otro lado, siempre que pudieron, cuando se obligaba a concurrir al trabajo al personal de riesgo o a omitirse cuando era despedido. En el caso de la Sanidad, nunca atendieron a la necesidad de una reducción de las horas de trabajo del personal de salud y de la incorporación y entrenamiento de personal adicional – ni hablemos de lo que se ha hecho con los sueldos.

La burocracia no atendió nunca tampoco a la cuestión de las vacunas, ni siquiera de parte de aquellos que, como los Moyano, ocupan altos cargos en la Internacional del Transporte. Ni se interesó por los contratos de provisión de vacunas que firmaba el gobierno, como el caso de AstraZeneca, un triángulo que prometía inocular a toda América Latina bajo la batuta del billonario mexicano Carlos Slim – dueño, de paso, de Claro, que enseguida entró en litigio con el gobierno cuando se congelaron tarifas de la telecomunicación.

Ahora, en marítimos, petroleros y otros sindicatos, la burocracia reclama un plan de vacunación para su rama de actividad. La ‘lucha’ por la vacunación se libra en forma dispersa y autoreferencial, en función de un interés particular. De repente, la burocracia declara “esencial” lo que durante año y medio impuso que fuera “no esencial”. Pero no lo hace para suspender la actividad, al menos hasta que refluya la “segunda ola”, sino para todo lo contrario, para que los trabajadores le sigan poniendo el cuerpo al virus. La consigna “vacunas para mí” opera como taparrabos para seguir dándole manija a la presencialidad laboral, y para enfrentar a los trabajadores entre los más o menos “esenciales”. Seguramente, el ‘petrolero’ Guillermo Pereyra, considera a los obreros de los yacimientos más imprescindibles que aquellos que fabrican bio combustibles a partir de la caña, lo que sería una réplica del enfrentamiento entre esas dos patronales acerca del corte de la nafta con etanol.

El gobierno ha aprovechado bien la política de “descuido” de la salud por parte de la burocracia. Con la premisa falsa de que "en los lugares de trabajo no hay contagios porque allí se opera con protocolos" (ni los hay en la escuela o el transporte, o sea que el virus sería imaginario), el Gobierno exceptuó del último confinamiento a la industria textil de alta costura hasta las fábricas de caramelos, pasando por las estaciones de peajes, es decir a ‘tutti quanti’ que labure para un patrón (que supervisa por vía digital, ni hablar de los accionistas, que se han recluido en sus mansiones). Esto explica, de nuevo, porqué aún en el peor momento de la pandemia, se impuso el retorno al trabajo de los trabajadores de riesgo, con solo una dosis de la vacuna.

El reclamo de los sindicatos de la CGT para que sus afiliados sean priorizados en los planes de vacunación, apunta a seguir manteniendo las fábricas abiertas, por lo pronto hasta que lleguen esas vacunas; que haya cantidad suficiente para un porcentaje elevado; y se implemente y concluya el plan de vacunación. Hasta entonces, contagiarse y morir, para que la acumulación de capital no se detenga. La vacunación, según los científicos, no protege de inmediato – requiere dos dosis. Pero incluso en este caso es necesario verificar en la práctica que la inmunidad sanitaria de la población ha progresado. Sólo llegado a este punto se puede empezar a discutir la apertura condicionada de la economía. En una palabra, la demagogia vacunatoria de la burocracia es una cortina de humo para mantener desprotegida a la clase obrera. Chile ha vacunado al 50% de la población, con la famosa Pfizer, y se encuentra en una ‘tercera ola’ de contagios y muertes. Invocar las vacunas para mantener todo abierto es una canallada. Las vacunas son la salida sanitaria última de esta pesadilla del Covid. La salida social sólo puede ser revolucionaria, porque el capitalismo está condenado a producir peores pestes, mientras destruye la salud pública a favor de la privada.

La sanata no termina sin embargo aquí. El reclamo de la vacunación requiere lucha, no verso. ¿Dónde está el plan de lucha por las vacunas? Si la CGT quisiera en realidad vacunas, habría llamado a paros escalonados – no para este u otro sindicatos, sino para toda la clase obrera, ni tampoco solo para la clase obrera, sino para todo el pueblo que vive de su trabajo. ¡Pero de eso no habla, como tampoco lo hacen otros imitadores en la izquierda, que también reclaman vacunas, mientras los trabajadores se siguen exponiendo al contagio y la muerte! El que reclama algo, tiene que establecer los métodos para alcanzarlo. El plan oficial de vacunación se extiende a 2022, si queremos vacunas ahora e necesaria una rebelión popular por esas vacunas.

El tema de las vacunas es parte, por otro lado, de una política de imposiciones de las potencias imperialistas, y de una lucha entre las grandes potencias, por el otro, para monopolizar el mercado mundial y establecer un mayor control político internacional. El gobierno de los Fernández oculta las presiones y enjuagues en las tratativas por las vacunas, incluida la que ejerce, quién lo duda, el FMI, en plena controversia con Argentina. Lo ocurrido con el contrato con AstraZeneca es contundente: el gobierno Biden bloqueó el abastecimiento de insumos para producir en México la materia prima que entregó Argentina. Luego secuestró en Estados Unidos el stock que fue enviado allí para su elaboración final. La competencia entre las yanquis Pfizer, Moderna y Jansen, y la británica AstraZeneca es conocida en todo el mundo. Si la burocracia quisiera en serio las vacunas habría dispuesto un plan de lucha nacional e internacional – que es precisamente lo que hay que hacer. Pero la burocracia huye espantada de esta perspectiva, por eso propone autorizar a las patronales a comprar las vacunas en las casas matrices en el exterior para vacunar a “sus” obreros en Argentina. Es lo que ha planteado el burócrata Guillermo Pereryra, del Petróleo. Esto no implica solamente entregar a los pulpos el control político de Argentina – es también una torpeza, porque ningún vacunado está seguro cuando la mayoría no ha sido vacunada, porque es blanco de antiguas y nuevas cepas. Charlatanería ‘sindical’. La clase obrera no puede caer en particularismos corporativos, porque en tal caso deja de perder su principal fuerza, diríamos la única real y consistente, que es convertirse en representante universal de los explotadores y oprimidos. La Legislatura porteña acaba de votar la autorización para que Larreta compre vacunas con el Tesoro de la Ciudad, sin que hubiera ningún voto en contra, y cuatro abstenciones.

La burocracia sindical le dice a los trabajadores, y no sólo se lo dice ella, que la defensa del salario pasa por ir a laburar en pandemia. Para proteger el salario y el empleo, no queda otra que ir a contagiarse a las fábricas, sean o no esenciales, esperando las vacunas o la carroza. Los salarios reales, entretanto, han caído en picada – cortesía de la burocracia sindical.

El desenlace del paro de los once sindicatos marítimos y fluviales para reclamar vacunas deja algunas lecciones. La muerte de cuatro trabajadores de la pesca en una semana, la virulenta expansión de contagios en los barcos, la violación de los protocolos, habían desatado una enorme presión de los obreros sobre los sindicatos. Los once sindicatos marítimos-fluviales llamaron unitariamente a la huelga, en reclamo de ser inscriptos como prioritarios en la vacunación. Bastó eso para que el Ministerio los inscribiera en el listado oficial. La burocracia levantó raudamente la huelga, para que los trabajadores vuelvan a los barcos y a los contagios. El ministerio se sacó de encima una huelga poderosa por medio de un gambito kirchnerista. En resumen, no hay que esperar a la vacuna; hay que luchar por ella; debe ser para todo el mundo del trabajo; es necesario un plan de lucha; mientras tanto se debe suspender la presencialidad laboral en tareas que nos son esenciales. Desmantelamos el montaje falaz de la burocracia, pero no nos dirigimos a ella sino a tantos otros que piensan, hablan y actúan como ella.

Como militantes obreros y socialistas que somos, no convertimos nuestros planteos en recetas, ni mucho menos en ultimátums. Repudiamos las recetas políticas y los ultmátums políticos. La clase obrera internacional enfrenta una lucha difícil – tenemos una lúcida conciencia de ello. Pero a la clase obrera hay que decirle las cosas como son. Porque todo el problema reside en eso, en que vea las cosas como son, y saque de ello conclusiones colectivas. Lo que denunciamos en este artículo es la estafa política.