Editorial

Empezamos el debate electoral

Escribe Marcelo Ramal

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Las elecciones del domingo pasado en Misiones fueron las primeras de las que varios gobernadores han adelantado con el propósito de no ‘pegarlas’ a las nacionales. El primer dato que ofrecen es una abstención elevada, que algunos atribuyen al temor a los contagios, pero que podría ser una forma de manifestación del repudio, precisamente, a la gestión de la pandemia. El partido oficial Renovador ganó en forma abultada, como ocurrió en las elecciones anteriores. Mucho más abajo quedaron el kirchnerismo y el radical-macrismo. Para no sacar conclusiones ‘apresuradas’ de este resultado como anticipo de una tendencia nacional, hay que decir que el gobierno Renovador ha estado alineado con los Fernández desde el Congreso de la Nación. El gobierno nacional fracasó en el intento de evitar el adelantamiento de las elecciones, en función de aprovechar en noviembre próximo el aporte de los renovadores de Misiones. El FdT, por su parte, es una suerte de chicle que, por un lado, tiene grietas graves en su seno y, del otro, se estira hasta integrar a quienes se encuentran fuera de él. Dentro de estos límites, los resultados en la provincia yerbatera marcan un punto a favor del oficialismo nacional en su entrevero con JxC. Si los ‘juntistas’ se ven obligados a dirimir candidaturas en la Paso de septiembre, y si salen de ellas heridos y no fortalecidos, lo ocurrido en Misiones anuncia una victoria de los Fernández. Aunque con los datos de Misiones no se puede hacer un pronóstico de conjunto, recordemos, de todos modos, que fue la provincia que le propinó, en 2006, la primera paliza al kirchnerismo, en vida de NK.

Junto a la abstención, cuyo alcance político es aún difícil de determinar, el otro dato es la votación del PO oficial. Aunque módica, alrededor del 3.5%, marca un crecimiento, que encuentra una explicación de orden general en la caída brutal de las condiciones de vida de los trabajadores. Esto no es menor, cuando se trata de determinar proyecciones electorales. Aunque los sondeos y encuestas acerca de los dirigentes y las elecciones nacionales, que los medios reproducen con abundancia, no registran un crecimiento de la izquierda oficial, podríamos estar ante un equívoco. Es que nos encontramos en una situación social y ante un impasse político de tal magnitud del régimen existente, que la ausencia relativa de esa izquierda en los acontecimientos cotidianos y la falta de consignas de acción para el momento, podría ser compensada, al menos en parte, por una indignación popular propicia al llamado ‘voto castigo’. Es cierto que las elecciones misioneras no han sido una caja de resonancia política; incluso han pasado más bien desapercibidas. No es lo que ocurrirá de aquí en más, por ejemplo en Jujuy, donde la izquierda oficial ya ha registrado votaciones importantes en el pasado reciente, y eventualmente en Salta. Estas conclusiones advierten el acierto del pronóstico de la Tendencia del Partido Obrero acerca del lugar fundamental que ocupan las elecciones de este año, como consecuencia de la crisis histórica que atraviesa el conjunto del capitalismo, más allá de las particularidades de cada país. Lo prueban Chile y ahora Perú. Esto explica la tenacidad de nuestra militancia para recoger las adhesiones y afiliaciones para obtener nuestra legalidad.

Cronograma mata galán

El gobierno nacional y los opositores, todos partidarios de la presencialidad laboral y escolar en pandemia, hicieron una excepción con las elecciones nacionales (Paso y generales), que acabaron postergadas por un mes. En realidad, no han querido que la ciudadanía se pronuncie en un pico de contagios y escasez de vacunas. La quiebra del sistema de salud, el acaparamiento de vacunas y el abandono económico de los trabajadores dependientes e independientes, muestra que la pandemia es una cuestión política. Esto ocurre mientras se pagan intereses a los acreedores y se aplica un ajuste fiscal para garantizar la continuidad de esos pagos en los años siguientes. Con los contagios por habitante más altos del mundo, Perú está votando a un candidato conocido por el liderazgo en las luchas docentes y sociales. En Argentina, el alivio sanitario y social que esperaban conseguir oficialistas y opositores con la postergación electoral será muy limitado – una cantidad más de vacunas que no resuelve el problema de la inmunización sino que impulsa reclamos más intensos. Ni hablar del sistema de salud, que seguirá en crisis pero con aranceles más altos, salarios más bajos y un colapso evidente. El presidente de los médicos intensivistas acaba de denunciar que el 15% de los pacientes críticos es atendido actualmente en salas comunes, por insuficiencia de equipamiento y de personal. Del otro lado, sube el porcentual de casos fatales, porque la vacunación es utilizada como pretexto para acentuar el contacto y la presencialidad social. La “segunda ola”, a su turno, afecta negativamente las tendencias de una reactivación. La inflación –de casi un 18% en cuatro meses- mata a los salarios y jubilaciones, y a una asistencia oficial, que es una cuarta parte de los intereses de la deuda pública y de los que paga el Banco Central.

No es sorprendente que las combinaciones electorales que urden los partidos del régimen, abran nuevas crisis. A las ambiciones personales se añaden las opciones políticas - ¿con el FMI o sin el FMI? ¿Con China y Rusia versus Estados Unidos y la UE?; la ‘tercera posición’ renguea de piernas y manos. La quiebra es continental. Lula y especialmente Fernando Henrique Cardoso se han pronunciado contra una baja de aranceles del Mercosur, como reclaman Lacalle, Bolsonaro y Benítez. Lo más importante de todo: cómo se financia la inversión productiva y social ‘pos pandemia’, que inevitablemente reclamará, por parte del capital, ajustes y ‘reformas’ anti-obreras – laborales, sanitarias, previsionales, educativas.

Elecciones y lucha de clases

Los procesos electorales no son medios de transformación social; ocurren en el marco político establecido. La partera de la historia, en especial en la época de la Inteligencia artificial y de la conquista del espacio, es siempre la revolución. Pero no por eso dejan de ser cajas de resonancia política y con seguridad un campo de lucha política, que resulta más claro y definido cuando el polo de la clase obrera es encarnado por un partido realmente socialista. Para la burguesía, un proceso electoral debe servir para comprometer a los trabajadores con una salida política propia de la clase patronal. Pone todo los recursos materiales e intelectuales para ese objetivo.

El eje socialista en las elecciones próximas es la denuncia de que la pandemia es un fenómeno político, porque si la tarea del epidemiólogo es conocer el genoma del virus, la tarea del poder existente es defender a la clase dominante del estallido social que provoca una pandemia. Por eso el FMI está antes que un IFE, antes que un salario mínimo igual a la canasta familiar. Por eso las ganancias de las farmacéuticas están por delante de la provisión de vacunas sin discriminación – y no solo esto: también de insumos y medicamentos para el tratamiento de la enfermedad. Una conclusión elemental de esta experiencia sanitaria traumática es que las farmacéuticas y los laboratorios no pueden estar en manos del capital. Que la educación y la ciencia no pueden estar en manos del capital.

Estos serán los principios de la agitación política de nuestra Tendencia en las próximas elecciones. Hemos alcanzado virtualmente una parte de los objetivos para participar de ellas; necesitamos alcanzar todos. El debate de cara a la izquierda y la clase obrera lo estamos comenzando.