El cierre de alianzas electorales

Escribe Marcelo Ramal

Tiempo de lectura: 4 minutos

El jueves 15 tuvo lugar la inscripción de las alianzas electorales que participarán de las PASO de septiembre próximo. El 24 se inscribirán las candidaturas de las listas de candidatos de todos los partidos. Tanto en la provincia como en CABA, el Frente de Todos está discutiendo el armado de una lista única. Para el distrito bonaerense ya se han ‘quemado’ varias propuestas de candidaturas. En los últimos días se lanzó el globo de ensayo del jefe de Gabinete Santiago Cafiero. Las malas lenguas atribuyen esa opción no al poder de convocatoria que tendría Cafiero, sino a la intención de sustituirlo en el gobierno por una espada de La Cámpora, con el propósito de hacerse de una mayor tajada en el aparato del estado. En la Ciudad, las fracciones pejotistas y camporistas se han encolumnado detrás de Leandro Santoro, un representante directo del presidente, que reivindica que da bien en las encuestas para darle pelea a la lista de Larreta. El legislador es autor de una de las operaciones inmobiliarias más prometedoras que la legislatura porteña ha pergeñado en los últimos tiempos, a saber, la “puesta en valor” de los terrenos sanlorencistas en Boedo. Desde hace varias décadas, y sin grietas, la política porteña y sus figuras se “construyen” y sostienen en torno de las excepciones edilicias y los negocios con el suelo.

Del lado de “Juntos por el Cambio”, en la provincia de Buenos Aires disputarán las PASO dos listas, la del vice jefe de gobierno de CABA, Diego Santilli, y la de Manes, por el radicalismo, que cuenta con el apoyo de Losteau y ha incorporado al GEN de Margarita Stolbiser. Manes es un lobbysta de las “neurociencias”, el término que encubre la subordinación de la psiquiatría a los intereses de los monopolios farmacéuticos. Larreta consiguió que Patricia Bullrich retire su candidatura en CABA y que Jorge Macri haga lo mismo en Provincia. Ha conseguido su propósito de no presentar en público las caras más conocidas del gobierno de Macri – en el caso de la ex gobernadora María Eugenia Vidal, mediante su traslado a la Ciudad. La disgregación que muchos auguraron para JxC fue contenida, y hasta cierto punto con yapa. Para no perder los votos de Bullrich, el vidal-larretismo admitió en las PASO a López Murphy, con un ala del radicalismo porteño.

Tanto JxC como el FdT han logrado, en principio, crear un cuadro de ‘polarización’ – aunque Larreta ha jurado que no recurrirá al tema de la ‘grieta’, sino, por el contrario, que pretende superarla. Randazzo, por su lado, no ha progresado en la tentativa de reiterar la “ancha avenida del medio”, que no prosperó en 2019. Ha incorporado a sus filas a la fracción de Libres del Sur que lidera Tumini, cuyo frente piquetero integra el Frente de Lucha en el que participa el Polo Obrero que conduce Eduardo Belliboni. Belliboni fue mencionado como probable candidato del PO oficial. Las bancas que obtenga la lista de Randazzo se inclinarán por JxC, en las votaciones empatadas. Según la mayoría de los comentarios de una mayoría del periodismo.

Los seudolibertarios Espert y Milei no consiguieron que Larreta los acepte en las PASO de JxC, que les impuso un piso alto para lograr representación parlamentaria. Irán por su cuenta a lo que les espere la suerte. El ascenso de la derecha trumpista deberá esperar otros momentos, tanto en lo que se refiere a los libertarios como a Macri-Bullrich. Clarín y La Nación sangran por sus heridas.

Izquierda

En el Frente de Izquierda-Unidad no prosperan las propuestas de “una PASO de toda la izquierda”, que ni el PTS ni el MST nunca se propusieron concretar. Al PTS le resultó más barato y menos sangriento imponer al aparato del PO la cabeza de las candidaturas en CABA y en Provincia, y la única ‘expectable’ en Santa Fe, la del concejal en Rosario. Esto no fue suficiente para el MST, quien decidió competir en las PASO contra la triple alianza de sus compañeros de coalición. El acuerdo dejó en claro que a los integrantes del FIT-U no los separa ninguna diferencia de principios ni programa, lo cual implica la disolución política del Partido Obrero.

Solamente después de acordar los principales candidatos e inscribir las listas, el FIT-U dio a conocer un ´programa’. Parece un detalle mínimo pero no lo es: en el FIT-U no se hacen acuerdos programáticos sino después que cada uno se declare satisfecho con lo que le tocó en el reparto de cargos. En el borde del absurdo o del descaro, Alejandro Bodart reclamó el derecho a poder expresar “sus propios planteos políticos”, luego de poner la firma en el programa común. La Tendencia del PO fue denunciada, sin embargo, por plantear “una interna abierta de toda la izquierda”, en la que se someta a votación tanto los candidatos como los programas y planteos políticos de cada corriente. Para encubrir esta metodología, el FIT alega representar “al 80% de la izquierda argentina”, lo cual no significa que represente las posiciones del socialismo revolucionario ni de la independencia política de los trabajadores. Ha dejado demasiadas huellas en las votaciones parlamentarias que prueban lo contrario.

Las PASO que se vienen

Durante bastante tiempo se escuchó decir que las PASO eran una pérdida de tiempo y de dinero. Por lo menos en la situación actual aparecen como una válvula de seguridad del sistema, porque ha servido para evitar la implosión de JxC y recrear una posibilidad de ‘polarización’ que bloquea la disgregación interna del FdT. La disgregación de los dos bloques capitalistas ha quedado en modo potencial.

Ese potencial de disgregación política tiene como base una crisis vertebral: una pandemia sin control, incluso con las vacunas; un país en bancarrota financiera, cuya deuda pública (externa e interna, nacional y provincias) supera los 400.000 millones de dólares; una crisis social mayúscula, que el asistencialismo estatal, los “bonos por única vez” y otros parches sólo sirven para aumentar la indignación y el descontento. En la semana de la inscripción de las alianzas, la Ciudad fue paralizada por los cortes de vías de los ferroviarios tercerizados; las marchas de la salud y las movilizaciones de los trabajadores desocupados.

Política Obrera, que inscribirá sus listas en siete distritos del país, se servirá de la campaña para exponer las posiciones históricas del Partido Obrero.