Las PASO de los cisnes

Escribe Jorge Altamira

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Los observadores políticos y los analistas de opinión no son, por supuesto, imparciales. De un modo u otro trabajan, al menos en su mayoría, para ‘lobbies’ capitalistas. Con respecto al resultado de las Paso se encuentran divididos, tanto en cuanto a los resultados electorales como a su alcance político. Gran parte de ellos se ajusta todavía a la cuestión del margen que alcanzaría la victoria del oficialismo en la provincia de Buenos Aires. De otro lado, se centra en las modificaciones que esos resultados provocarían en la composición del Congreso – que el FdT obtenga el quórum propio en Diputados, o que pierda la mayoría de dos tercios en el Senado. A partir de esto especulan acerca del destino que tendrían algunos proyectos de leyes o nuevos cambios en el gabinete nacional. Entienden, asimismo, que los resultados de las Paso anticiparían el alineamiento de fuerzas para las elecciones presidenciales de 2023. Toda esta elucubración acerca de las Paso es de todos modos significativa, porque, al fin de cuentas, la elección decisiva es la de noviembre cuando se decide efectivamente la composición del Congreso y, en algunos casos, legislaturas y municipios. Ocurre que después de lo ocurrido con las Paso de agosto de 2019, cuando el macrismo fue abatido por un huracán de votos frente a la apresurada coalición del Frente de Todos, todo el mundo está atento a lo que pase el próximo 12 de septiembre – dentro de diez días. A diferencia de lo que ocurría con anterioridad, los partidos están atravesados en su mayoría, en estas Paso, por disputas internas.

Otra versión acerca de todo esto emergió cuando el periodista Carlos Pagni desarrolló en La Nación la hipótesis del cisne negro, o sea un evento aparentemente sorpresivo, que advierten algunas encuestas. El cisne negro alude a una implosión de la polarización electoral entre las dos orillas de ‘la grieta’. En este caso, la derecha disidente del macrismo obtendría una votación inusitada – adentro y afuera de JxC. Los datos que se exhibieron es un 15% de votos para Milei en la Ciudad (y hasta un 9% en Chubut) y la posibilidad de que López Murphy derrote o se acerque mucho a María Eugenia Vidal. En este marco, la intención de voto al FIT-U, en CABA, oscilaría entre el 5 y el 8 por ciento (en Jujuy llegaría al 15%). Consideradas en términos electorales estrictos, este fenómeno no es nuevo, pues la Ucede de Alsogaray recibió votos similares hace treinta años en el distrito porteño, en tanto que los votos sumados de la Izquierda, en el año 2000, alcanzaron un 20 por ciento (en 2001, Luis Zamora consiguió el 7%, prácticamente sin hacer campaña, y en 2003 el 14 por ciento). En aquellos años, sin embargo, no existían las Paso. Ahora, en cambio, este escenario podría cambiar la perspectiva de las elecciones generales de noviembre.

El FMI

En este contexto, es significativo que Kicillof llegara a un acuerdo de renegociación de deuda de la Provincia, en los términos reclamados por los acreedores extranjeros y nacionales. O sea que busca el respaldo político del capital financiero para asegurar que no haya un desmadre devaluatorio. El gobernador no dio a conocer el nuevo contrato de deuda, pero se informó que no establece ninguna quita de capital; que paga la deuda vencida este año; que la tasa de interés oscila en 4% (tres veces por encima de la internacional); y que reduce el número de bonos a sólo cuatro, lo que evita que situaciones de emergencia Argentina pueda hacer arreglos parciales. Kicillof se jactó de que obtuvo mayores plazos de pago, pero esto significa en definitiva la eternización de la deuda pública.

Este ‘arreglo’ y la decisión de destinar la cuota de la moneda que emite el FMI a pagar la deuda con el mismo, refuerza la caracterización de que la presión electoral que vislumbra el gobierno, lo lleva a convocar con desesperación el apoyo de los grandes capitales. En la misma línea va la decisión de vedar el acceso a planes sociales a nuevos demandantes. Estas medidas han provocado una suba espectacular de las acciones de empresas locales en la Bolsa de Nueva York – aunque desde niveles bajísimos. Más importante aún, seguramente, ha sido la decisión del Banco Central de Estados Unidos de mantener en nivel ultra bajo su propia tasa de interés. De lo contrario hubiera suscitado una salida de capitales hacia Nueva York y la correspondiente devaluación del peso en los mercados paralelos y luego en el oficial. La preocupación del Banco norteamericano es que una suba de la tasa hunda a Wall Street. La tasa de préstamos para comprar acciones ha alcanzado un récord histórico, de modo que una suba de intereses quebraría a los compradores de acciones y a las acciones mismas. Es un error serio de método aislar el análisis de las economías nacionales del contexto de la crisis mundial.

La búsqueda de un apoyo (o neutralidad) del capital financiero, frente a la presión electoral, parece haberse extendido a procurar un adelantamiento del acuerdo con el FMI. De acuerdo a los medios de comunicación, la presión en esta dirección parte de una coalición entre Massa y la Cámpora. ‘Después de todo, dicen, hemos cerrado acuerdos con todas las categorías de acreedores sin provocar ningún estallido político ni social. Nos bastaría decir que le arrancamos al Fondo una anulación de la sobrecarga de intereses, para cantar victoria. El acuerdo reactivaría algunos negocios, probablemente en la construcción, y nos ayudaría a pasar el trance electoral. Simplemente, necesitaríamos disimular la aceptación de liquidar el derecho laboral y jubilatorio’.

Cuerda floja

Un adelantamiento del acuerdo con el FMI significaría, entonces, la emergencia de otro ‘cisne negro’. Por encima de las elecciones, la crisis política ganaría nuevos espacios. Pondría en aprietos a quienes sostienen que apoyar al gobierno es compatible con posiciones anti-imperialistas. Deterioraría la capacidad de arbitraje de CFK en el gobierno, y acentuaría la crisis con la camarilla de Alberto Fernández. Quizás le saque al gobierno la presión de las derechas políticas y de un parte del capital agrario, pero sería un mensaje contundente contra la clase obrera y los trabajadores en general.

Es una miopía política evidente intervenir en las elecciones desde una perspectiva electoral. Nuestra corriente, Política Obrera, boicoteada por los medios de comunicación, que sólo brindan servicios pagos, y cercada por una publicidad de coste multimillonario, en especial el que despliega el FIT-U, ha acentuado el desarrollo de una propaganda y agitación electoral que pone el acento en la catástrofe social, por un lado, y la crisis política, por el otro. El ‘voto útil’ es simplemente un macaneo que encierra a los trabajadores en un callejón sin salida.