Una campaña que termina, las perspectivas que se abren

Escribe Marcelo Ramal

Tiempo de lectura: 5 minutos

Las primarias obligatorias de este domingo difícilmente servirán para 'ordenar’ el escenario político. Por el contrario, y a modo de ejemplo, puede verse lo que ocurre en CABA con “Juntos” (?), donde se ha iniciado una agria disputa por la posibilidad de que López Murphy sea desplazado con la excusa del cupo femenino. Del otro lado del Riachuelo, otro radical -Manes- ha acusado a Larreta de haber dejado “acéfala” a la Capital. Los distintos protagonistas de las PASO, en el campo capitalista, se encuentran fuertemente enfrentados acerca de la salida al derrumbe económico, el acuerdo con el FMI y el llamado 'equilibrio macroeconómico’. En resumidas cuentas, la disputa tiene que ver con qué sector capitalista reúne las condiciones y se reserva las ventajas de un futuro 'plan económico’. El derrumbe del gobierno macrista dejó expuestas las enormes limitaciones de una salida 'neoliberal’, incluso cuando el conjunto de la burguesía vuelve a denunciar el carácter asfixiante del 'cepo’, como lo hiciera entre 2011y 2015.

Del lado del oficialismo, se está cocinando una crisis de alcance mayor. Este domingo, el columnista económico de Pagina/12, Alfredo Zaiat, un alter ego de Cristina Kirchner, advirtió sobre las “graves consecuencias sociales” que acarrearía una devaluación de la moneda para después de noviembre. Zaiat acusa de ello a los “factores de poder” que “presionan al gobierno”. El columnista se las arregló para no nombrar al FMI en toda su columna, a pesar de que la devaluación es una de las exigencias del Fondo, acompañada de un alza fuerte de la tasa de interés. Zaiat tampoco menciona la 'reforma’ laboral y previsional, o sea la extensión del monotributismo entre los trabajadores y la derogación de los aportes patronales, que vienen en el paquete del acuerdo con el Fondo. El aumento de la tasa de interés es un 'incentivo’ para que el capital financiero acuda a sostener el déficit del Tesoro, y del otro lado, al Banco Central. La burguesía argentina, que acumula concursos de acreedores y exige un socorro financiero internacional, reclama el acuerdo con el FMI.

Pero el escamoteo de Página/12 -hablar de la devaluación sin nombrar al FMI-, hace suponer que los Fernández están negociando el aumento de la tasa de interés interna para evitar la devaluación. La devaluación macrista, en 2016, se convirtió en lo contrario al cabo de seis meses, o sea en una revalorización del peso, cuando los capitales golondrinas volvieron a Argentina para aprovechar la alta tasa de interés de Sturzenegger. En la celebración del día de la industria, el 7 de septiembre, Paolo Rocca -de Techint- se convirtió en vocero excluyente del conjunto de la gran burguesía, cuando reclamó el levantamiento del 'cepo’. Ocurre que ese conglomerado económico tiene estrechos vínculos con un número elevado de ramas industriales – desde la construcción, los automotores y la maquinaria agrícola hasta el petróleo y el gas convencional y no convencional. Techint necesita recuperar la ventaja de expatriar sus ganancias en Argentina a sus numerosas filiales en el exterior. La burguesía local, tomada en su conjunto, no tiene una inserción en el mercado mundial – ni con la soja, condicionada como consecuencia del progreso de China en la industria del aceite y otras manufacturas de la soja. El kirchnerismo, con todos los dedos colocados en el acuerdo con el Fondo, está negociando desesperadamente para atenuar algunas de sus exigencias más duras. Alberto tendrá que elegir entre “Guzmán o Kicillof” dice el macrista Laspina, un fracasado del anterior gobierno. De ese modo, plantea los términos que aceptaría Larreta para negociar un compromiso con el gobierno después de las elecciones.

Entre las PASO y noviembre

Nada asegura, en este cuadro, que el tránsito a noviembre no sea más tormentoso que lo visto hasta ahora. El dólar paralelo toca los 183 pesos, con una brecha del 88% respecto del oficial. El retraso cambiario -que el gobierno intenta mantener para evitar una hiperinflación- es cada vez más precario. El mercado de deuda en pesos, la gran criatura de Guzmán, se renueva a plazos cada vez más reducidos y a tasas de retornos mayores. Por el lado del Banco Central, tiene un patrimonio fuertemente negativo, pues las reservas internacionales netas enfrentan un pasivo monetario -depósitos y deuda- que las superan largamente. El gobierno llega a las PASO con una venta diaria de 100 millones de dólares de reservas, una cifra incompatible de sostener hasta noviembre.

En la campaña PASO, el gobierno echó mano de algunas concesiones – elevación del piso del impuesto a los salarios, reapertura de paritarias. Pero ningún “bono” ni aumento salarial en cuotas salariales corrige la monumental confiscación a trabajadores y jubilados operada en desde 2018. El salario medio de Argentina, según el estudio Broda, es el de menor poder adquisitivo de los últimos dieciocho años. Un cimbronazo devaluatorio o inflacionario haría volar por los aires esta “calma” social sostenida con alambres. Lo mismo vale para los desocupados y precarizados, que soportan una carestía del 50% anual sin aumentos ni paritarias.

Ficción política

Es muy claro que la campaña electoral, a la luz de lo anterior, ha sido un gran operativo de ocultamiento. Las divergencias entre las distintas fuerzas patronales en presencia son, sin embargo, explosivas. Los candidatos oficialistas abandonaron cualquier referencia popular para embanderarse con la “cultura del goce”, pero las encuestas delatan una caída en la intención de votos, como consecuencia de un impasse económico, en el marco de un empobrecimiento gigantesco. El macrismo ha intentado disimular su bancarrota política cambiando de jurisdicción a sus candidatos, pero enfrenta el desafío de la UCR, que pone en cuestión la supervivencia de la coalición que Macri adquirió hace siete años. La izquierda democratizante no discierne la quiebra que se procesa en la burguesía, amparada en su autismo electoral, ni la crisis histórica que representa el empobrecimiento, al que reduce a un 'ajuste’. No atisba una crisis de régimen, ni una tendencia a la ingobernabilidad; tampoco asume la crisis nacional como una expresión de las crisis en América Latina.

Política Obrera

Política Obrera llegó a esta campaña electoral apenas unos días después de obtener la legalización, que incluso nos fue denegada en el distrito de la provincia de Buenos Aires – lo que nos impidió presentar boletas provinciales y locales. Arrancamos con el desconocimiento y una ausencia de registro de nuestra sigla política, por parte de la generalidad del electorado. Hemos desarrollado una campaña a “pata y pulmón” – en fábricas, asambleas barriales y radios regionales. Hemos logrado un reclutamiento militante – hombre a hombre, mujer a mujer. Como consecuencia de nuestra campaña, la confrontación entre una izquierda revolucionaria y otra en franca cooptación política por parte del Estado, pasó del debate interno al escenario público. O sea que mostró su vigencia histórica para la clase obrera. Se trata de un avance tremendo.

Con el correr de las semanas, aquella confusión del inicio de las PASO ha dado lugar a un conocimiento más profundo y también más amplio de nuestra delimitación con el arco político izquierdista democratizante. El nivel de agitación en las fábricas, reparticiones y escuelas ha sido intenso; muchos compañeros se han registrado para fiscalizar. La posibilidad de que esta actividad en ascenso nos permita superar el piso de las PASO sólo podrá ser verificada por la lucha y la experiencia de estos días, de aquí al domingo, pero lo que es irrevocable es el fracaso contundente de la tentativa de liquidar a la izquierda revolucionaria y a la IV Internacional. Peleamos y crecemos.