La transición política y el carácter de la campaña de Política Obrera en las elecciones parlamentarias

Escribe Jorge Altamira

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Reproducimos el resumen para la lectura de una charla acerca de la situación política, desarrollada por Facebook Live el pasado 23 de septiembre.

Puede parecer extraño que una derrota electoral haya desatado una crisis política tan grande, y todavía es más extraño que ocurra en las PASO de una elección de medio términos. Pero no es de ninguna manera inédito - en el año 1931 en España sucedió algo peor, cayó la monarquía, cuando los partidos de la dictadura en declinación perdieron las elecciones municipales en Madrid. ¿Se imaginan una elección municipal que sea capaz de derribar a una monarquía de centenares de años? Esa elección fue un detonante: España estaba atravesando una crisis enorme, económica y financiera, y un despertar también en el movimiento obrero. Hace poco, en otra escala, claro, la victoria del Partido Popular (derecha), también en Madrid, provocó una crisis de gobierno y produjo la renuncia de Pablo Iglesias, el líder de Podemos, viceprimer ministro del país, a la vida política (se fue a vivir con su mujer a una gran mansión que compró con la plata que había cobrado como diputado). No es inusual que acontecimientos que en principio son menores concluyan desatando crisis de dimensiones incomparables. Los ‘accidentes’ cumplen la función dialéctica de convertir en actual lo que se presentaba como potencial o necesario. Debajo del incidente que provoca la crisis, se desarrolla un proceso más profundo.

Gobierno a la deriva

Las PASO pusieron de manifiesto que antes de ellas, había un gobierno a la deriva. Hay muy pocos países que tienen un 50% de las personas en niveles inferiores a la línea de pobreza, incluidos los trabajadores registrados. Una parte importante del electorado señala, de repetente, que todo el régimen político se encuentra en un impasse. Los votos opositores son interpretados como un voto de protesta, también la abstención. El impasse se acentúa porque Argentina se encuentra en default. Un año y pico después de reestructuración de la deuda pública dolarizada con acreedores privados, los títulos de ella cotizan a la mitad de lo que se estimaba al momento del acuerdo. Argentina tiene vedado el financiamiento internacional, incluso en mayor medida que antes de la reestructuración de la deuda. Los intereses vencidos de la deuda con el FMI se han pagado con Derechos Especiales, una moneda del propio FMI.

En el caso del FMI, el gobierno está obligado a hacer una reestructuración de deuda con un organismo que tiene como misión supervisar la economía de los países e imponerle una reestructuración de la misma economía, lo cual es un factor agravante de la crisis. Los economistas, ortodoxos y heterodoxos, coinciden en que programa del FMI será forzosamente recesivo. La desocupación va a aumentar. Por otro lado, en países como EEUU o Gran Bretaña, por ejemplo,, el empleo no acompaña la recuperación. En Argentina están colocados todos los elementos de un estallido social. Independientemente de la forma política que pueda asumir. Cualquiera sean los remedos superestructurales que se apliquen a la crisis de gobierno, la bomba de fondo no se va a desactivar.

Pandemia, elecciones, crisis

Nuestro método de análisis de la crisis política se ha demostrado fecundo, a la luz de los acontecimientos. A principios de año habíamos señalado la importancia que iban a tener las elecciones parlamentarias en el marco de la crisis humanitaria capitalista de la pandemia. En la campaña electoral caracterizamos a la situación presente como “una crisis histórica”, que combinaba una pobreza sin parangón con un default financiero. Después de las PASO, antes de las renuncias de los ministros de CFK señalamos que la derrota electoral iniciaba una transición política, o sea a una ruptura de etapa, dejando abierta la forma que iba a asumir; al día siguiente se desató la crisis de gobierno. Finalmente, caracterizamos las renuncias que desataron el recambio de gabinete política, como la expresión de una desorientación no sólo objetiva sino subjetiva en la cabeza del poder político.

La crisis de gobierno culmina una etapa en la que se intentó desarmar la bomba con los acuerdos de acreedores en dólares, en pesos, con las provincias, con un cepo que evitó la completa liquidación del peso, negociando con el FMI, con una inflación que sirvió para desvalorizar salarios y jubilaciones, e incluso con un ajuste social del Presupuesto, en medio de la pandemia. Que también está manifestado un ‘acompañamiento’ de la derecha, que transfirió la dirección política de su conglomerado a la fracción que buscó compatibilizar con las políticas del oficialismo. Hay conciencia en la derecha de que aún debe madurar para convertirse en una alternativa política.

A partir del primero de octubre comienza una nueva campaña electoral. Propaganda por redes, publicidad, debates en medios, gigantografías, ataques de unos a otros. Es una disputa política de cara a las elecciones del 14 de noviembre. La crisis de gobierno, sin embargo, ha modificado el escenario, pues la crisis política domina la nueva ronda electoral. El gobierno se juega en noviembre una apuesta política: si se hunde más de lo que se hundió en las PASO quedaría expuesta una incapacidad de seguir gobernando como lo vino haciendo o con recambios de gabinete. En el curso de la campaña pueden presentarse factores adicionales de crisis. Por ejemplo, aunque el heterogéneo movimiento piqueteros se ha ido adaptando a los ‘planes trabajo’ del gobierno, la inflación sigue reduciendo la escasa ‘ayuda social’. Algunos dirigentes ya hacen pronósticos para las navidades. El oficialismo necesita un apoyo mayor de las organizaciones funcionales al gobierno, que sin embargo están cruzadas por la misma crisis polítca. La campaña electoral no puede ignorar la crisis política. Una verdadera fuerza de izquierda profundizaría la crisis política, en la campaña electoral, mediante planteos de movilización. Esto lo ha entendido mejor la llamada derecha ‘libertaria’.

Campaña electoral, agitación política

En nuestra corriente política, cuando obtuvimos la legalidad, tuvimos un debate interesante, aunque no habíamos anticipado su trascendencia. ¿Cómo se hace una campaña electoral? Había que distinguir los métodos de la campaña electoral de la agitación política sistemática que tiene que ver con la lucha de clases. En una campaña electoral predomina la lucha contra otros partidos, diferenciar programa, diferenciar planteos. Lo que ahora tenemos es que la crisis política y social se ha metido adentro de la campaña electoral, que la agitación política frente a los actos de gobierno o las operaciones de desestabilización política, se imponen, en distintos momentos, a la campaña electoral. En este sentido, la agitación tiene que ser dirigida a un conjunto de reivindicaciones que tienen que ser colocadas en el plano de la acción directa; a partir de esto las elecciones deben convertirse en un escenario de agitación y la campaña electoral en portavoz de esa acción directa. Esto es lo que surge del análisis contra de la situación política, tal cual ha ido evolucionando.

Durante la pandemia ha habido movilizaciones ejemplares. No podemos simplemente ir ahora a la lucha y exponer una agitación en favor del salario, el derecho al trabajo, a las jubilaciones, ignorando del desarrollo que estas luchas han tenido lugar hasta ahora. La huelga de la Salud y los cortes de ruta de los trabajadores de Neuquén demostraron que en defensa del ajuste y contra conquistas estratégicas de los trabajadores, los gobiernos no dan el brazo a torcer, deciden ir a la confrontación, resistir, agotar, bombardear los movimientos, pero no aflojar. Está claro que el gobierno, además de la hostilidad a las reivindicaciones populares, no reúne las condiciones de gobernabilidad para conceder verdaderamente esas reivindicaciones; naufragaría policamente. No tiene capacidad para ‘poner plata en el bolsillo de la gente’, salvo que se trate de poner monedas. Pero si se trata de levantar el valor de la fuerza de trabajo, de promover el derecho al trabajo de los desocupados, esa capacidad no la tiene en absoluto.

En estas condiciones, entendemos apropiado desarrollar una consigna propagandística de alcance estratégico. Nos referimos a la convocatoria a un Congreso Obrero para enfrentar la crisis política desde el punto de vista de una clase obrera políticamente autónoma. Las sacudidas de la estructura económica y social que la crisis desde arriba pueda provocar y va a provocar, deben servir para desarrollar la autonomía de los trabajadores, en una palabra, la organización de la clase obrera como clase, al menos en sus sectores más combativos, actuando públicamente en nombre de una política obrera. Si una campaña electoral es utilizada para diluir esta perspectiva, esa campaña electoral no es ni obrera ni socialista. Si lo es si esa campaña electoral es utilizada para desenvolver este planteo.

Congreso Obrero

El tema del Congreso Obrero fue discutido en el año 2018 dentro del Partido Obrero, porque en el 2018 enfrentábamos una situación de características similares a las de ahora. Entendíamos por Congreso Obrero, en el seno del PO, que los sindicatos dirigidos por el clasismo y las agrupaciones y delegados clasistas y anti-burocráticos convocaran a asambleas, plenarios de delegados, y finalmente a un Congreso no puramente sindical; que marcháramos a un Congreso representativo. Se armó un pseudo Congreso Obrero reducido a los nombres de los dirigentes de algunos sindicatos, que sirviera de tribuna para los candidatos del FIT. Un verdadero aborto paralelista. Eso ocurrió en Lanús, que no fue más que un acto público con militantes de otras provincias.

El Congreso Obrero no es algo que alguien pueda convocar administrativamente, por una bajada de línea ejecutiva. El Congreso Obrero es una perspectiva que se debe desarrollar a partir de la propaganda y la agitación, y por medio de una labor preparatoria de plenarios y asambleas, que sirvan para verificar la agrupamiento de fuerzas que apuntan en esa dirección. Está vinculado a la coordinación de las luchas en desarrollo y a la coordinación para preparar e impulsar esas luchas. Es un combate político en función del desarrollo de la autonomía de la clase obrera, en función de desarrollar el principio de doble poder de la clase obrera frente al capital y el estado, cuando todas las fracciones capitalistas están reconociendo que se encuentran en un impasse excepcional. Todo esto sucede en el marco de una crisis internacional. Todo el mundo está atento a si esta empresa inmobiliaria China desata ya mismo una hecatombe o si se trata de una hecatombe graduada, que explotará cuando todos los recursos para desactivarla se hayan agotado. Los diarios ya señalan la conexión internacional de esta crisis, es decir de China con el resto del mundo.

Campaña e indicación de voto

Nosotros nos vamos a abocar a desarrollar esta política a partir de un hecho objetivo, a saber, que en la campaña por la legalidad de Política Obrera, y luego en las PASO, logramos numerosos acercamientos, debates, incorporación de fuerzas nuevas, y pudimos reconstituir la fuerza revolucionaria destruida por el aparato de arribistas del PO oficial. Con el planteamiento del Congreso Obrero podemos intervenir en esta campaña electoral reforzando el trabajo anterior y la construcción de un partido revolucionario. Esto en el marco de una crisis capitalista cada vez más abarcativa, política y de regímenes políticos, pero también en el marco de una deriva de la izquierda, no ya democratizante desde el punto de vista del programa, sino,, como hemos señalado en muchos casos de colaboración parlamentaria con el estado. El voto por una Izquierda que se vale del parlamento para reforzar una integración al estado, no tiene nada de progresivo, en especial en una elección de parlamentarios. Es perjudicial para la clase obrera y el socialismo un parlamentarismo que da quórum a Capitanich para aprobar el Presupuesto y la venta de tierras públicas; o que vota con Larreta y Santoro el desarrollo inmobiliario de Boedo; la ley de emergencia alimentara (un pacto entre Juntos por el Cambio y el Gobierno, que mereció la abstención de Izquierda Socialista).

El tema de nuestro voto en estas elecciones es un tema abierto, condicionado al desarrollo de la campaña electoral y de la situación política como un todo. Votar a la izquierda colaboracionista, en cuanto oposición al oficialismo o la derecha no pasa de ser un esquema que se usa por comodidad. La indicación de voto debe hacerse en función de un perspectiva política; es con este método con que hemos llamado a votar a fuerzas políticas ajenas al socialismo, en circunstancias históricas concretas. Nos abocamos a una campaña política, en la campaña electoral, en los términos expuestos – por un Congreso Obrero. Opondremos al colaboracionismo parlamentario de la izquierda democratizante, la oposición socialista al estado capitalista. En el marco de esta labor irrenunciable de clarificación, nos comprometemos con una indicación de voto hacia el final de la campaña, porque no somos anarquistas sino socialistas.

Camarillas insepultas

En este escenario de crisis la CGT anuncia un Congreso de reunificación y la integración de Palazzo y Moyano a la CGT. ¿Qué significa todo esto? Es un paraguas político ante lo que podría ser un derrumbe del gobierno y el cambio de todo el escenario político. Un paraguas contra la irrupción de la clase obrera. Están advirtiendo que el FMI plantea la reforma laboral y la previsional. La crisis política actual tiene la particularidad de que pone en juego todas las relaciones sociales del trabajo. No podría haber una crisis más integral.

No hay que confundir una crisis política con una crisis de camarillas. De acuerdo a varios columnistas del diario La Nación, el “viejo peronismo” se ha hecho cargo del gobierno - una liga de intendentes y gobernadores, frente a un “albertismo” que no tiene entidad y un kirchnerismo que se desilacha. Estaríamos ante un golpe de estado tras bambalinas. Pero una liga de 4 gobernadores del norte de Argentina no constituye una fuerza política. Tampoco una liga intendentes del conurbano bonaerense. En realidad, son salidas improvisadas, tienen conexiones de todo tipo porque son camarillas de vieja data. La crisis aun deberá recorrer diversas etapas.

Como se ve, determinamos nuestra política de socialistas sobre la base del análisis concreto de la situación concreta. Incluidas las elecciones. Las listas electorales del oficialismo están desfasadas, mucho antes de ir a votar – no corresponden a los cambios en las fuerzas que dicen representar, ni a la correlación política entre ellas, tampco a las relaciones con el electorado. Lo que era una semi-verdad antes de las PASO, son mentiras despues de la crisis del dúo presidencial y el camio de gabinete. Las listas oficiales no corresponden a la coalición de gobierno actual, sino al estadio anterior de esa alianza. El electorado del FdT deberá votar a candidatos rivales entre sí.

Propaganda, agitación, reclutamiento

Vamos a recorrer, en la nueva campaña, todo lo que recorrimos en la campaña anterior, en función de nuevas charlas y nuevos debates. Somos muy conscientes que hemos tenido una votación marginal, muy conscientes. Pero fue una apuesta. Podíamos hacernos quedado con nuestra cuota de la legalidad, pero decidimos presentarnos en función de nuestra previsión acerca del detonamiento de una crisis, para asentar esta posición política desde las primeras etapas. Para no llegar como una fuerza tardía. Lo que hemos perdido, en términos de marginalidad de votos, lo hemos ganado en el desarrollo público de nuestro planteamiento político, o sea en capacidad de acción, organización e iniciativa.

Somos conscientes que no representamos la fuerza que quisiéramos representar, siquiera como punto de partida. Pero entendemos que hemos actuado correctamente porque nos ha guiado el desarrollo de esta crisis y no cálculos electorales acerca de cuánto tiempo antes una fuerza e tiene que presentar para que el electorado sepa de qué se trata y la pueda votar para una elección parlamentaria. Solamente se puede entender nuestra presentación electoral por un largo período de previsión del desarrollo de esta crisis. Nos opusimos a la postergación de las elecciones, destacamos que era tremendamente importante, y los electoreros nos acusaron de electoralistas. Una organización que advierte que una confrontación electoral puede ser el crisol de una crisis político, lejos de electorera le está tomando el pulso a nuevas circunstancias revolucionarias.