Dos miradas sobre los ´paraísos fiscales´

Escribe Jorge Altamira

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El diario Clarín ha recogido declaraciones escuetas pero significativas de la candidata porteña a diputada nacional por el FITU, Myriam Bregman, referidas al dinero escondido en los paraísos fiscales, investigados en los “Pandora Papers”. En ellas asegura que “La contracara del 40% de evasión, es el 40% de pobres en el país”. La tesis es un equivalente de los planteamientos reiterados de este sector de la izquierda acerca de que con la plata de la deuda externa se podrían hacer tantas y tantas escuelas, hospitales y viviendas. Si con la democracia no se educa, ni se vive, ni se come, con la supresión del delito fiscal tampoco.

Es indudable que los "papers" de investigación sobre los "paraísos fiscales" (Panamá y Pandora) muestran que el capital se nutre del fraude. Pero esto no significa que la pobreza sea producto del fraude y no del sistema de explotación capitalista. Es sencillamente falso que la eliminación de la evasión de impuestos vaya a resolver el problema de la pobreza. La pretensión de que el pago de impuestos por parte del capital pueda terminar con la pobreza esta relacionada con la política conocida como “redistribución de ingresos”. De acuerdo a esta política, la condición de las masas puede ser mejorada por medio de las llamadas “política públicas”, o sea sin tocar el monopolio capitalista de los medios de producción. En un programa en Crónica TV, el ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno, calificó a Gabriel Solano nada menos que de “peronista”, cuando este otro candidato del FITU abogó por “aumentos de salarios” para “reactivar el mercado interno”. El internacionalista Solano ya había abogado en el pasado por la “soberanía (nacional) alimentaria” y la “soberanía (nacional) monetaria”, o sea el capitalismo "en un solo país". Plantear la superación de la pobreza vía combate a la evasión fiscal o por medio de "políticas públicas" es, en efecto, trosco-peronismo. La agenda redistribucionista de políticas públicas es el alimento cotidiano del parlamentarismo democratizante pequeño burgués.

La indignación que provocan los "paraísos" fiscales no se replican en igual medida frente a otras operaciones igualmente evasoras de impuestos o lavadoras de dinero, como ocurre con las pseudo monedas como el bitcoin. El fraude es inherente al capital, un capital sin fraude es una quimera. Los trotskistas, antiguamente, reivindicaban la abolición del secreto comercial como parte de un programa de lucha por la conquista del poder político.

Los "papers" sobre paraísos fiscales ponen en evidencia algo que el trosco-populismo oculta, o sea, el sabotaje del capital contra su propio estado. En lugar de lamentar que el capital sabotee a su estado, hay que integrar las crisis fiscales a la crisis capitalista en su conjunto. Los estados atraviesan crisis fiscales enormes, sean actuales o potenciales, como consecuencia de la acumulación de deudas públicas enormes que han sido contraídas con quienes buscan sustraer dinero al fisco para refugiarlo en los "paraísos fiscales". La consecuencia es también un sabotaje a la solvencia monetaria, porque el destino de la moneda está atado al valor de la deuda pública. Los estados, por su lado, alimentan la tendencia hacia su propia quiebra al incentivar "dumpings" fiscales (disminución de tasas impositivas a las ganancias o exenciones tributarias), como parte de la competencia con los estados y capitales rivales. La montaña rusa de la deuda pública ha desarrollado otra monstruosa de capital ficticio, o sea capital en bonos, títulos, obligaciones y derivados, cuyo valor crece exponencialmente en relación al capital productivo.

La expansión de los "paraísos fiscales" responde asimismo a razones políticas de primer orden. Los gobernantes no se sienten seguros en sus sillones. La rebelión popular en Tien An-men, en China, en 1989, produjo la mayor salida de dinero registrada hasta hoy, de parte de la burocracia del partido comunista. Algo similar ocurrió en Irán con la revolución de febrero de 1979. Lo mismo vale para Putin. Que Argentina figure entre los primeros del ranking responde incuestionablemente a la enormidad de sus crisis políticas. De nuevo, un eslabón de la crisis mundial del capital no puede ser caracterizada como un episodio de ilegalidad, cuya superación resolvería la crisis humanitaria de la pobreza.

La labor de los socialistas no es conciliar las contradicciones capitalistas sino mostrar su carácter irreconciliable. Es claro, sin embargo, que una política fundada sobre esta premisa es incompatible con una rutina electorera de slogans conformistas ni de prácticas parlamentarias apoyadas en el posibilismo.

La solución del empobrecimiento de las masas no hay que ir a buscarla a la Islas Vírgenes, sino en la lucha unificada de la clase obrera internacional.