La historia de Víctor Jara o El Derecho de Vivir en Paz

Escribe Matias Melta

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El 11 de septiembre se conmemoró un nuevo aniversario del Golpe de Estado perpetuado en Chile por las fuerzas armadas en 1973 y de la detención del enorme Víctor Jara, uno de los cantautores revolucionarios latinoamericanos más importantes de la historia, íntimamente ligado a la lucha de clases de su país.

Abre la ventana

Víctor Jara nació en 1932 en el pueblo de Lonquen, hijo de Manuel, campesino analfabeto y Amanda, cantante folclórica. De joven hizo un viaje por el campo para estudiar canciones populares. En 1956 lo aceptaron en la escuela de Teatro de la Universidad de Chile. El teatro se convirtió en su vocación y la música su afición.

En 1964, en Uruguay, en medio de una gira con su grupo teatral, conoció a Salvador Allende, dirigente del Frente de Acción Popular de Chile, futuro candidato a presidente de la Unidad Popular (UP), quien marcaría más adelante la historia de Víctor.

Vientos del pueblo

VJ se convirtió en uno de los músicos principales de un folklore que se había transformado en la voz artística principal de la izquierda, aunada en la llamada “Nueva Canción”, fenómeno que luego se expandiría por todo el continente. En ella se aglutinaban muchos de los artistas más importantes de la historia de Chile: los hermanos Parra, Quilapayún e Inti-Illimani.

Su canto se fue radicalizando a medida que iban pasando los años y reflejando la realidad de la clase trabajadora chilena. Por ejemplo, la canción “Mobil Oil Special” fue basada en la jornada en la que el grupo Móvil del ejército chileno reprimió movilizaciones estudiantiles, además de hacer un juego de palabras con la petrolera norteamericana Mobil. Cuando el grupo móvil asesinó a quemarropa a campesinos de Puerto Montt que luchaban por la mejora de sus paupérrimas condiciones de vida, asesinando a ocho de ellos, cuatro días después de la masacre VJ estrenó su enorme canción “Preguntas por Puerto Montt”.

Canto libre

Su voz se iba expandiendo y sus hermosas, politizadas y emocionantes composiciones llegaban a fábricas, campos, explotaciones petrolíferas y ciudades mineras. Decía en ese entonces: “Un artista debe ser un verdadero creador y, por tanto, un revolucionario en esencia. Un hombre tan peligroso como una guerrilla por su gran poder de comunicación.”

La historia de VJ está íntimamente ligada a la lucha de clases de Chile y, por lo tanto, a sus contradicciones. Para 1970, a poco tiempo de las elecciones, las esperanzas de la mayoría de los sectores populares se ligaron a la candidatura a presidente de Allende por la UP. Incluso Washington se hizo eco de la escalada izquierdista, con claras palabras de Kissinger: “No veo cómo podemos cruzarnos de brazos mientras un país cae en manos del comunismo por la irresponsabilidad de su propia gente”, dejando en claro que el gobierno de EE UU intervendría en esa patria latinoamericana y su política, demostrado en el hecho de que dicho esto comenzaría a financiar a la derecha fascista de Chile, contrincante de Allende, a través del “comité de los 40”, grupo concertado en el congreso de los EE UU.

Entre shows en mítines, conferencias y asambleas, VJ se hizo vocero de la UP, haciendo cada día más grande su perfil de músico revolucionario, pero sin observar las limitaciones que esta coalición política traía, al formular una transformación social profunda pero finalmente falsa porque no planteaba la revolución socialista como medio para realizar la misma, sino modificaciones en el marco del sistema. La experiencia estaba destinada al fracaso, debida la debilidad del planteo frente a la voracidad capitalista histórica y del momento.

En noviembre de 1970 Allende llegaba a la presidencia de Chile, asediado por fuerzas internas y externas que querían derrocarlo.

Entre la asunción de 1970 y 1973 se vivió un clima tenso por la profundización de la escalada derechista, con importantes lock out patronales y el asedio del gran capital. En esos años Jara fue portavoz del gobierno de Allende, de sus reformas y su impacto.

El martillo

Pero 1973 sería un año que traería la barbarie al pueblo chileno. Las acciones fascistas se intensificaron hasta que el 22 de agosto el congreso instó a las fuerzas armadas a apartar a Allende del poder. Allende designó como jefe del ejército a un militar “correcto” de apellido Pinochet.

Trabajadores de base de todo el país le exigían al gobierno de Allende armas para poder defender al país de un golpe que se veía inminente, sin respuesta alguna de este. VJ fue avisado de que debía huir del país porque estaba en riesgo su vida, pero se quedó.

El 11 de septiembre finalmente Pinochet perpetuó el golpe de estado. Mientras Allende se suicidaba en el Palacio de la Moneda, derrotado, sin haberle dado los elementos necesarios al pueblo chileno para defender su patria, VJ era apresado y llevado al Estadio Nacional, donde había miles de prisioneros. Fue reconocido por los militares y torturado brutalmente durante días. Hasta que pudo se mantuvo cantando e incluso escribió una última canción que compartió con otros detenidos. El 16 de septiembre fue asesinado a balazos.

Manifiesto

46 años después del golpe de estado, el pueblo chileno dio como respuesta histórica la rebelión popular más grande del continente que se tenga recuerdo en muchos años. Consignas como la Asamblea Constituyente se pusieron en pie, demostrando una vez más que la clase obrera chilena tiene una conciencia y una claridad muy elevadas.

La figura de Víctor Jara sobrevoló como pájaro en los días de la revolución chilena. Y es que su canto nunca podrá ser olvidado, porque es parte de la historia de lucha de los trabajadores de Latinoamérica, porque, como cantó en una de sus últimas canciones llamada “Manifiesto”, “el canto tiene sentido cuando palpita en las venas del que morirá cantando las verdades verdaderas”.