“Summer of soul”, el Woodstock del ´black power´

Escribe Matias Melta

Tiempo de lectura: 4 minutos

“Summer of soul l (...or, When the Revolution Could Not Be Televised)" es un documental de la plataforma de streaming Hulu, dirigido por Questlove, líder de la famosa banda The Roots. Relata lo sucedido en el hasta ahora olvidado “Festival Cultural de Harlem” que, en el mismo verano de 1969 cuando se realizó el célebre festival de Woodstock, fue una demostración del poder de la música afroamericana en pleno Manhattan.

Este es un documental para los amantes de la música. Pero no solamente de la música negra de los 60s, porque muestra un amplio crisol de artistas que son quienes sentaron las bases, con el soul, el R&B, el funk, el jazz, etc. para mucha de la música más popular realizada por afroamericanos, es decir el pop, del 69 para este lado: desde Michael Jackson a The Weeknd, pasando por Prince o Beyonce.

Harlem: la barbarie, las luchas y el festival

Harlem, 1969. El barrio de los afroamericanos e inmigrantes cubanos o puertorriqueños en Nueva York vive asolado por la marginalidad, el racismo y una bestial epidemia de heroína.

También es sede de las distintas variantes de lucha por los derechos de los afroamericanos: están quienes pregonan por una salida “no violenta” que lleva la religión al frente, en su mayoría seguidores del pastor Martin Luther King (asesinado en 1968) y quienes promulgan una revolución, con el Partido Panteras Negras a la cabeza, que mezclan teoría maoísta, programas sociales y educativos y tácticas de guerrilla.

En ese marco se llevó a cabo el “Festival Cultural de Harlem”, en el Mount Morris Park: una serie de 6 conciertos de que duró desde junio a agosto de 1969, gratuito, con los mayores exponentes de la música negra del momento, al que asistieron 300 mil personas.

La historia musical afroamericana en un festival

De los músicos que participaron del festival hoy quizás solo suenen conocidos los nombres de Stevie Wonder, Nina Simone o B.B King, pero uno de los méritos del documental es mostrar a casi una veintena de grupos o solistas en su mayoría de una altura musical extraordinaria.

El documental va trazando, con testimonios de público, músicos y algunos periodistas y activistas, el paso de esos músicos por el festival, en un viaje musical variado y movilizante. También, sin profundizar mucho, da cuenta de la situación social, política y económica del momento. Lo fundamental es que en 1969 se estaba dando una revalorización de la historia y la cultura negra y el festival supo recoger eso.

Ahí tenemos a un joven Stevie Wonder que, con solo 19 años, ya era toda una celebridad, comenzaba a alzar la voz por las injusticias contra los afroamericanos y hacía estremecer los cuerpos de los asistentes con sus solos de batería y teclado. O a Mahalia Jackson, una de las más influyentes cantantes de Gospel, llevando ese canto catarquico, traído de los barcos de esclavos que llegaban a EE. UU., estremeciendo la pantalla. O a Mongo Santamaría o Ray Barretto, con su manejo total del ritmo cubano y puertorriqueño, haciendo mover el cuerpo a los asistentes del festival (niños, madres, padres, jóvenes, etc.).

David Ruffin, exponente de Motown -el sello más importante en lanzar a músicos negros al estrellato- aparece en el documental cantando el clásico “My Girl”. Ruffin había sido una de las principales voces de The Temptations quienes, por dar un ejemplo, eran una de las mayores influencias de John Lennon. Sly and the Family Stone eran toda una revolución en sí mismo: su R&B psicodélico, su trompetista/cantante mujer negra, su desparpajo dan cuenta de cómo Sly Stone llegó a romper esquemas para modificar la música afroamericana para siempre. El revendo y activista Jesse Jackson, quien había sido mano derecha de M. L. King, deja su huella junto al eximio saxofonista Ben Branch y su banda, en uno de los momentos en donde la gran cuota de espiritualidad y religión presente en el festival llega más lejos.

También están la reina del soul Gladys Night, los exitosos The 5th Dimension o el inigualable baterista de jazz y activista Max Roach y su esposa Abbey Lincoln con su potente voz (pueden leer la nota que publicamos sobre el Free Jazz y su mayor obra en https://politicaobrera.com/sociedad-y-cultura/5209-60-anos-de-free-jazz-nuevos-sonidos-de-libertad).

El documental muestra a todos los músicos cuidadosamente, con una o varias canciones o momentos altos de su participación en el festival, desmenuzando la importancia y particularidad de cada uno. Toda esa creatividad, originalidad, pasión que muestran estos artistas, en medio de un EE. UU. totalmente racista, era una traducción de las ansias de liberación de los afroamericanos, con sus contradicciones, sus límites o sus derrotas.

Sin duda el punto más álgido llega al final del documental, con Nina Simone, la enorme exponente del soul. Era la artista militante del festival que mayormente bregaba por una revolución. Esa tensión, el mensaje y el compromiso, atraviesa la pantalla y llega con toda claridad al espectador.

50 años después

Si los 50 años que tuvieron que pasar desde la realización de este festival histórico hasta que salió a la luz son muestra de que no hubo grandes cambios en todo este tiempo, ahí tenemos el hecho de que la industria musical se reconvirtió una y otra vez para fagocitar a los músicos y el arte y que el racismo sistémico nunca desapareció. La rebelión popular multiracial más importante de la historia de EE. UU., que explotó en todo el país en 2020 contra el asesinato del afroamericano George Floyd en manos de un policía blanco, es su mayor expresión. El maquillaje que el capitalismo utiliza para dar una sensación de transformación de la sociedad es perverso. Una revolución multirracial e internacional tiene como tarea pendiente echar al basurero de la historia al racismo y a toda la barbarie.