Escribe Aldana González
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El presidente de Colombia Gustavo Petro denunció el pasado martes que el ejército ecuatoriano bombardeó a campesinos en suelo colombiano, cerca de la frontera, dejando calcinados 27 cuerpos. Adujo que los grupos narcos no bombardean desde aviones y que se encontraron bombas cerca de las familias atacadas. Noboa negó las acusaciones, pero este ataque se da en el contexto de una guerra comercial entre los dos países que ha ido en aumento.
Además, este hecho ocurre cuando Daniel Noboa había decretado dos semanas de toque de queda en cuatro provincias de Ecuador y lanzado una militarización de todo el país. Con esto, se restringe la circulación entre las 23 y las 5 de la madrugada en Guayas, El Oro, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas, provincias costeras que concentran 6,5 millones de habitantes, el 35 % de la población y más de la mitad de los homicidios del país. El fascista de Ecuador dice que todas esas operaciones se circunscriben a suelo ecuatoriano pero anteriormente había denunciado a Petro con comenzar a hundir barcazas colombianas a lo Trump.
El Gobierno ecuatoriano desplegó, con apoyo de Estados Unidos, 75.000 soldados, con la excusa de combatir el crimen organizado. Desde que empezó su mandato en 2024, Noboa ha utilizado reiteradas veces el estado de excepción para regimentar a la población. Desde que llegó al poder, ha firmado 17 decretos de este tipo. El resultado es que se reportan, al menos, 34 denuncias de desapariciones forzadas, es decir, detenciones llevadas adelante por militares, de personas cuyo destino luego se desconoce. Además, durante 2025 hubo 6.700 denuncias de personas desaparecidas en total.
Esta vez, las condiciones actuales son más restrictivas que en ocasiones anteriores. Las autoridades no han emitido salvoconductos para empleados de los medios de comunicación, lo que constituye una garantía de impunidad para las fuerzas represivas gracias a la censura de hecho.
Este bombardeo a Colombia y este reforzamiento represivo se enmarca en el Escudo de las Américas, impulsado por Donald Trump, que reunió a principios de este mes a 17 gobiernos del continente con el objetivo de implementar un régimen fascista y represivo en toda la región, siempre con la excusa de combatir el narcotráfico. Una reedición, al estilo Trump, del Plan Cóndor. Noboa firmó, además, un acuerdo con Trump para instalar una oficina del FBI en Quito. El pedófilo fascista pretende instalar oficinas del FBI y la CIA en todo el continente para controlar de cerca a sus protectorados. Pero los alcances de este nuevo “Plan Cóndor” son aún mayores: el bombardeo de la frontera colombiana es servil al interes de presionar a uno de los gobiernos que no está explícitamente alineado. Noboa comenzó impulsando la guerra comercial con Colombia, la envuelve en una verborragia bélica y la está escalando. De esta manera, Trump esta logrando crearse conflictos Proxy en América latina, trayendo la guerra mundial a la región, como una manera de tener disciplinados a todos los países del continente. Ecuador, como ariete de Estados Unidos, cierne amenazas sobre Colombia, al que se supone en las antípodas pero que ahora parece querer competir por los favores de Trump. Fue el mismo Gustavo Petro el que pidió la intermediación del fascista del norte para que enfriara el conflicto, como si no fuera su orientación política. Desde que Estados Unidos secuestró a Maduro en Venezuela, Petro ha intentado salvar su pellejo y el de sus allegados dándole garantías a Trump de que no piensa oponerse a la supuesta lucha contra el “narcotráfico” y que está a disposición para actividades “conjuntas”.
Los puertos de Ecuador son las principales vías por donde transita la droga que llega a Estados Unidos. En barcos bananeros del presidente y empresario Daniel Noboa se encontraron grandes cargamentos de cocaína. Sin embargo, es uno de los principales aliados de Trump en su presunta lucha contra el narcotráfico. De los grupos narcos, los “Choneros” fueron perseguidos y se fragmentaron, lo que benefició a los “Lobos”, quienes ahora lideran a las pandillas. Además, estos grupos se han internacionalizado, creando vínculos con cárteles de México, Colombia y otros países. Desde que Noboa asumió el poder, el narcotráfico y el crimen no han parado de crecer. El año 2025 fue el más violento del que se tenga registro en Ecuador: se contabilizaron 9.216 homicidios. La escalada represiva solo aumenta el crimen, la violencia y el narcotráfico. Mientras se dedica a masacrar pesqueros, el Comando Sur también resulta inocuo frente a los cárteles.
Cuando Noboa intentó refrendar el permiso para instalar bases estadounidenses en suelo ecuatoriano, perdió el plebiscito. Sin embargo, el sistema que están implementando ahora es más eficiente para las arcas estadounidenses, ya que Trump se ahorra los marines: los militares ecuatorianos hacen el trabajo por ellos y Estados Unidos solo cubre los gastos de la oficina del FBI que supervisa las operaciones.
La movilización popular tuvo un pico en 2025, con huelgas generales y protestas, pero el fracaso parcial llevó a un desgaste. El aumento de la criminalidad también agobia y distrae a las masas del objetivo de enfrentar al narcogobierno de Noboa.
Esta semana, cientos de personas participaron en una protesta en la ciudad de Quito contra el gobierno, en medio de la crisis económica, social y de seguridad. La movilización fue convocada por organizaciones sociales, sindicatos y agrupaciones estudiantiles, que denunciaron el aumento de la violencia y rechazaron medidas del gobierno. Entre los principales reclamos se destacaron el rechazo a la flexibilización laboral, al estilo Milei, y reformas en la política minera que afectan a las comunidades originarias.
Como Milei en Argentina, el gobierno de Noboa está sostenido únicamente por Trump y el apoyo solapado del nacionalismo burgués al imperialismo estadounidense. No hay masas fascistas que respalden sus medidas de gobierno.
