Kast inaugura un muro en la frontera con Perú

Escribe Joaquín Antúnez

Fascismo trasandino.

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El primer acto oficial de José Antonio Kast como presidente de la República de Chile fue la inauguración de una zanja y un vallado en la frontera terrestre de Chile con Perú, en la zona de Arica. Junto a un número importante de sus ministros, inauguró su plan “Escudo Fronterizo”, que incluye el despliegue de efectivos de las Fuerzas Armadas. Promete extender este plan a la frontera oeste – el límite con Bolivia.

Las medidas del gobierno de Kast referidas a la inmigración estaban inscriptas en el “plan de emergencia” que anunció durante la campaña electoral. Consiste en el cierre de fronteras, su militarización y la persecución de más de 330.000 inmigrantes ‘irregulares’. Un proyecto de Ley, ingresado por la bancada oficial prevé la criminalización de la inmigración ilegal (actualmente es una falta) y la cancelación de beneficios sociales y otros derechos.

El corazón de este programa reaccionario se asienta en una imagen construida que asocia el aumento (casi insignificante) de la inseguridad callejera a la oleada de migrantes, principalmente venezolanos, que tuvo lugar en los últimos años. Sin embargo, el flujo de migrantes ha descendido a menos del 50% en cuatro años, luego del pico de 2021. El gobierno “progre” de Gabriel Boric, por otra parte, sostuvo toda la legislación derechista en materia migratoria.

La zanja tendrá una extensión de 30 kilómetros e incluirá la colocación de vallas de más de 5 metros y un muro de concreto en ciertas zonas consideradas “porosas”. La inspiración del proyecto, presentado en el propio escrito presidencial que justifica la ejecución de la obra, son los muros que ha levantado el sionismo en Gaza y Cisjordania así como los del fascista Viktor Orban en las fronteras húngaras del este europeo.

Kast -quien desde hace 20 años habita el parlamento chileno y se ha caracterizado por la intrascendencia de sus proyectos legislativos- ha abusado de la demagogia para asociar a los migrantes al crimen organizado y el narcotráfico. Pero los índices de incidencia de los extranjeros, indocumentados o no, en estos crímenes es marginal. La emergencia de Kast y su “reivindicación soberana” apunta a la regimentación de la vida política y social de los trabajadores chilenos. El ataque a los migrantes sigue la tónica de Trump-Milei y no esconde sus intenciones reaccionarias. De allí se desprenden sus reivindicaciones a la política de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador, que ha instaurado la esclavitud en los centros de detención.

Esta política fronteriza tiene un significado continental. Los anuncios de Kast estuvieron acompañados de una convocatoria a los gobiernos de la región a replicarlas en sus países. El presidente interino de Perú denunció la unilateralidad de la medida. Bolivia, por su parte, no ha emitido una posición oficial. Rodrigo Paz asistió a la asunción de Kast junto con toda la derecha continental. La política de Kast está enmarcada en el acuerdo del “Escudo de las Américas”.

La prensa dentro y fuera de Chile se limita a señalar que el combate a la inmigración irregular es ampliamente popular en las encuestas. Kast ha reivindicado la política migratoria de Boric en su discurso en Arica; la agenda del progresismo la ha impuesto la ultra derecha.

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