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Tras la matanza perpetrada por Israel en el Líbano horas después de que se anunciara el acuerdo de alto el fuego por dos semanas, este parece no haber sobrevivido 24 horas. La aviación sionista causó más de un centenar de muertos y 1.500 heridos. El régimen de los ayatola había puesto como condición para firmar el acuerdo el cese de los ataques de Israel al Líbano.
En respuesta a la masacre, Irán interrumpió de inmediato la navegación de buques petroleros a través del estrecho de Ormuz, una de las principales vías de transporte de crudo del mundo. "El paso de petroleros a través del estrecho de Ormuz ha sido detenido tras los ataques de Israel al Líbano", señaló la agencia Fars.
Por otra parte, un comunicado de la Guardia Revolucionaria advirtió que “si la agresión contra el querido Líbano no cesa inmediatamente, cumpliremos con nuestro deber y daremos una respuesta”. Hezbolá anunció lo propio: en un comunicado en su canal oficial de Telegram, señaló que "las masacres de hoy, como todos los actos de agresión y crímenes brutales, ponen de manifiesto nuestro derecho natural y legal a resistir la ocupación y responder a su agresión".
"El alto el fuego de dos semanas no incluye al Líbano", mintió el carnicero de Tel Aviv, Benjamin Netanyahu, a primera hora de la mañana. Contradecía el comunicado del primer ministro paquistaní y mediador entre Irán y EE.UU., Shehbaz Sharif: "La República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, junto con sus aliados, han acordado un alto el fuego inmediato en todas partes, incluido Líbano y otros lugares".
A la masacre de más de un centenar de libaneses en los barrios más céntricos de Beirut, en pleno horario de trabajo, el Ejército israelí la calificó como “el mayor ataque coordinado de la invasión actual”, que alcanzó más de un centenar objetivos de Hezbolá en Beirut, el sur del Líbano y el valle oriental de la Bekaa.
Poco después de la hora del almuerzo, aviones de combate israelíes bombardearon Beirut y otras partes del país; “muchos de los ataques alcanzaron zonas densamente pobladas sin previo aviso. Los residentes no tuvieron tiempo de huir mientras los misiles llovían sobre barrios abarrotados que algunos consideraban antes seguros” (NYT 8/4).
Muchas personas seguían atrapadas bajo los escombros de edificios mientras los equipos de búsqueda y rescate buscaban entre las ruinas. El sonido de las ambulancias resonó hasta bien entrada la noche, mientras columnas de humo espeso se elevaban sobre el horizonte.
Desde la mañana, Hezbolá había detenido sus ataques contra las tropas israelíes que ocupan el sur del Líbano. En un comunicado la organización celebró: "Nos encontramos a las puertas de una victoria histórica y grandiosa que se logrará gracias a los sacrificios de los combatientes de la yihad". Sin embargo, también pedía a los desplazados que no volvieran a sus casas “antes del anuncio oficial y definitivo del alto el fuego en Líbano".
Un dirigente de Hezbolá había anticipado a Associated Press que no aceptarían un retorno al 'statu quo' anterior al 2 de marzo, cuando Israel llevó a cabo ataques casi diarios en Líbano a pesar de un alto el fuego nominalmente en vigor desde noviembre de 2024.
Antes del 2 de marzo los sionistas habían violado más de un millar de veces el alto el fuego y atacado no solo a los campamentos, sino a las fuerzas de la ONU que debían garantizar la zona de amortiguación. En las últimas semanas, entre los asesinados en el sur se encuentran tres cascos azules indonesios y tres periodistas libaneses, según la ONU y el Ministerio de Sanidad libanés.
Israel está literalmente barriendo del mapa los campamentos palestinos y las aldeas chiitas del sur del Líbano -la base social y política de Hezbolá-, del mismo modo que continúa en Gaza su trabajo de exterminio. Dinamita las viviendas, los puentes, los caminos. Vuela barrios enteros.
Al principio de la invasión, el 2 de marzo, el ejército sionista convocó a lideres de las aldeas cristianas o drusas para que colaboraran a la limpieza étnica, a la expulsión de los chiitas (la mayoría de la población en el sur del Líbano). Para ello, les ordenaron expulsar a cualquier desplazado del sur que se hubiera refugiado allí.
Unas semanas después, mientras miles de soldados sionistas avanzan sobre el territorio libanés, Israel bombardea aldeas de todos los credos. Su política de tierra arrasada incluye nuevos ataques, mucho más al Norte, contra Beirut, donde se apiñan más de un millón de desplazados. “Pocas zonas del país quedan al margen de la guerra”, apunta NYT.
El miércoles, la agencia libanesa de noticias informó que estaba bajo fuego toda la región de Jabal Amel, al sur del río Litani, incluyendo las localidades de Arzoun, Jouya, Hadatha, Jmeijmeh, Dbeibine y Haris. Los hospitales y el personal de salud -54 asesinados en un mes- son blancos preferenciales. El portavoz de la ONU señaló que 51 centros de atención primaria y cuatro hospitales habían cerrado debido a las hostilidades, mientras que otros habían sufrido daños o funcionaban a capacidad reducida.
El asesinato a mansalva es la estrategia militar del sionismo, que se jacta de tener el quinto ejército más poderoso del mundo. Ya han asesinado a por lo menos 1.561 personas: uno de cada diez era un niño.
Israel ya ocupa el 14 % del territorio libanés. Elie Yaacoub, jefe de la ong estadounidense Mercy Corps en el Líbano, señaló que la destrucción de puentes y rutas de transporte muestra que el objetivo es partir el país, aislando a la población del sur del río Litani, unas 150.000 personas.
Los puentes sobre el Litani son indispensables para que los civiles que aún viven en el sur puedan salir, para que ingresen suministros médicos, alimentos, etc..
Israel ha blanqueado sin escrúpulos que quiere apropiarse de todo el sur del Líbano y su ministro de Defensa, Israel Katz, anticipó que, como en Gaza, todas las viviendas serán demolidas para excluir un regreso de los desplazados.
Bezalel Smotrich, el fascista ministro de Finanzas, un fanático religioso, aclaró que el Litani será “la nueva frontera de seguridad" de Israel y que el territorio ocupado sería entregado a los colonos. Katz dijo que otra opción es montar una zona de amortiguación controlada por el ejército.
“El regreso de más de 600.000 residentes de la zona al sur del río Litani estará totalmente prohibido” (dropsite). Katz afirmó que la práctica de demolición de viviendas en el sur del Líbano “sigue el modelo de Rafah y Beit Hanún en Gaza”.
Como en Gaza, la limpieza étnica y el genocidio son las herramientas del sionismo para avanzar en la construcción del Gran Israel y dejar expedito a Trump el control del Medio Oriente.
