Escribe Emiliano Fabris
Milei y Caputo lo lograron.
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El diario Perfil ha trascendido que el gobierno de Milei en una reunión informal “sugirió” a los banqueros que “implementen alternativas realistas para que sus clientes puedan manejar sus moras”. Es decir, refinanciar deudas que no paran de crecer. En el caso de las tarjetas de crédito, esta morosidad ya alcanza el 11%. El gobierno de Milei se ha jactado de que la inflación tendrá una tendencia bajista en el próximo periodo dado el “el aumento de demanda de dinero”, sin considerar que está destinado mayormente a hacer frente a un endeudamiento familiar creciente, mientras claramente retrocede el consumo.
De acuerdo a los propios datos del Banco Central, procesados por la consultora financiera “1816”, el fenómeno se extiende a clientes de todos los bancos. Los problemas para devolver los préstamos crecen hace 16 meses consecutivos. Son los niveles de morosidad más altos de los últimos 20 años. Las más afectadas son las billeteras virtuales y otras entidades no financieras, donde la morosidad se estima en un 30%. Se trata de un derrumbe del régimen social, porque un trabajador, a diferencia de una empresa, no ingresa en “concurso de acreedores”, sino que comienza a perder su casa o vehículo o el embargo de su salario. Esta confiscación es un verdadero atentando a la propiedad privada, pero del trabajador.
Todos los informes concuerdan en que este endeudamiento es crecientemente destinado a cubrir gastos básicos y de subsistencia. Crece, claro, con la pulverización de salarios, jubilaciones y asistencia social. Esta realidad desmiente las versiones “libertarias” de un “crecimiento de salarios y jubilaciones en dólares”. Para comer, hay que “tarjetear”, un síntoma inequívoco de colapso social.
Ante este cuadro, se han presentado en el Congreso Nacional más de veinte proyectos legislativos sobre el tema, todos los cuales representan una aspirina. Proponen, por ejemplo, la condonación mínima del 50% sólo de los intereses punitorios, planes de cuotas o distintas formas de “reestructurar” las deudas. También se ha propuesto otorgar líneas de crédito del ANSES, o sea nuevo endeudamiento, aunque sería en “condiciones menos desfavorables” y limitado a un monto máximo de $1.500.000. Otros proyectos proponen la condonación de deudas para sectores de bajos ingresos, la refinanciación de saldos pendientes y la suspensión por 90 días de procesos judiciales contra deudores. En todos los casos se está admitiendo una quiebra extendida de la economía familiar de quienes viven de su trabajo. Para el diputado Yasky, por caso, el salario y las jubilaciones no deben ser aumentados para recuperar su poder adquisitivo.
Los bancos han incrementado su aporte al PBI (los únicos junto con la minería, la energía y el campo) y sus balances arrojan importantes ganancias, aunque comenzarán a verse recortadas si la morosidad continúa creciendo. Milei y Caputo, con el objetivo de hacer ingresar dólares para pagar los vencimientos de deuda, les ofrecen bonos del Estado con intereses altísimos, para sostener el “carry trade”, el cual se convierte en nueva deuda una vez que se cancele la operación (venta de los bonos para re-comprar dólares). Estos altísimos rendimientos son los que los Bancos toman como referencias para el interés a cobrar por sus líneas de crédito. El festival de bonos y endeudamiento de Milei y Caputo, junto a una motosierra implacable a los ingresos de los trabajadores, es un factor decisivo de este quebranto generalizado.
