África: Al Qaeda toma el norte de Malí

Escribe Aldana González

La guerra por un nuevo reparto imperialista de África.

Tiempo de lectura: 3 minutos

El último fin de semana, Malí sufrió una ofensiva conjunta de separatistas del norte y yihadistas. Asesinaron al ministro de Defensa y a otros funcionarios de gobierno.

Malí es uno de los países que conforman la Confederación de Estados del Sahel -junto con Burkina Faso y Níger-, los tres gobernados por juntas militares. Lo que también caracteriza a los gobiernos de esta Alianza es el corte soberanista y el enfrentamiento al imperiallismo francés y norteamericano. Además, han acordado relaciones de intercambio de sus recursos naturales y de inversión con China. China es el principal socio comercial de Malí y el principal comprador de su oro, a pesar de que la canadiense Barrick Gold sigue siendo la principal expoliadora del oro maliense.

Los ataques

La ofensiva yihadista ha sido coordinada y con sobrada logística y asistencia en inteligencia -principalmente yihadistas filiales de Al Qaeda (JNIM), junto con rebeldes separatistas tuareg nucleados en el Frente de Liberación de Azawad (FLA)-, quienes lanzaron ataques simultáneos en todo el país, tomando varios frentes al mismo tiempo. Atacaron ciudades clave como Bamako (capital), Gao, Mopti, Sévaré y Kidal. Hubo explosiones, combates y ataques a bases militares e infraestructuras (incluso cerca del aeropuerto de la capital). Fue una pinza: el FLA atacó en el norte y el JNIM se ocupó del sur. Ahora los dos tienen el control de gran parte del norte.

La junta militar que gobierna el país quedó muy debilitada y expuesta. Malí lleva más de una década en guerra interna con grupos armados.

La ofensiva actual reproduce, como en un espejo, la alianza estratégica que terminó con la presidencia de Amadou Traoré en 2012. Ese año, el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) lanzó una ofensiva independentista con apoyo yihadista que culminó con la toma de tres ciudades, y desencadenó un golpe de Estado en marzo. El 6 de abril de 2012, el MNLA proclamó la independencia del Azawad -el norte de Malí-, un territorio desértico que abarca el 60 % del país.

En mayo, firmaron un pacto con el antecesor del actual JNIM para crear una República Islámica. Con esa excusa, en 2013 intervino Francia, que logró expulsar a los yihadistas, y en 2015 hubo un acuerdo que reconoció a los separatistas cierta autonomía al norte, con la mediación de Argelia. El incumplimiento sistemático del acuerdo, por parte del gobierno central, motorizó al FLA (separatistas del norte) y desprestigió a Argelia.

Con el golpe de Estado de 2021 y la incorporación a la Confederación de Estados del Sahel, el gobierno giró hacia Rusia y dejó la seguridad del país en manos del grupo Wagner, hoy sucedido por el Cuerpo Africano. En 2023 también se retiró la MINUSMA -la misión de la ONU- tras una década de fracasos.

Una de las consecuencias de estos dos días de ataques coordinados ha sido la derrota de las fuerzas rusas, que acordaron su retirada del norte del país.

El Sahel es una zona de influencia en disputa entre otros dos países: Marruecos y Argelia. Marruecos se ha convertido en un doble ariete del imperialismo yanqui, por un lado, pero también de Francia. Macron lo considera un apoyo estratégico en sus planes para formar un ejército trasnacional para enfrentar a Rusia. Mientras, Argelia se configura como un gran proveedor de hidrocarburos para Europa, ha fallado como intermediador en el pasado cercano en el conflicto de Malí. Se encuentra afectado el resto del Sahel y toda la región y hacia el golfo de Guinea. Una búsqueda.

En el caso del norte de África, a Francia -y también a Estados Unidos y a Reino Unido- el JNIM le ha servido para justificar su injerencia militar durante años, hasta que fue siendo expulsado -Francia- por cada una de sus antiguas colonias, no sólo las del Sahel.

El control del Sahel para Francia es crucial, ya que Níger es una de sus principales fuentes de uranio, y la energía atómica es la base de su matriz energética. Un tercio de su abastecimiento eléctrico depende del uranio de Níger.

Para decepción de Macron, el gobierno militar de Malí y muchos países africanos rompieron el acuerdo de mantener la mitad de sus reservas de divisas en el Tesoro francés. La intención última africana es reemplazar al franco CFA - la moneda regional “protegida” por los galos. Sin embargo, a medida que Francia pierde terreno, también avanzan Estados Unidos y Reino Unido, quienes han incrementado el injerencismo militar con la excusa de la lucha contra la yihad.

El yihadismo, que supone como su norte la defensa del islam, jamás, en ninguna de sus variantes, atacó a Israel. Es, desde los últimos 25 años, es un actor imprescindible para el imperialismo y las monarquías suníes para controlar la región. Ahora es un brazo para llevar la guerra a las proximidades del océano Atlántico y, por otro lado, alejar la presencia de China en África.

Esta disputa por un nuevo reparto de África forma parte de la presente guerra imperialista internacional, fundamentalmente contra China.

Suscribite al canal de WhatsApp de Política Obrera