Escribe Agustín Martínez (Jefe de Trabajos Prácticos en Exactas-UBA)
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La cuarta marcha federal educativa tuvo una concurrencia masiva en la Ciudad de Buenos Aires y réplicas también masivas en el resto del país.
Miles de docentes, estudiantes, no docentes, investigadores y trabajadores en general se movilizaron a la Plaza de Mayo para rechazar los recortes del gobierno de Milei y reclamar el inmediato aumento de los salarios, las becas y del presupuesto. Las columnas de las distintas facultades y colegios de la UBA tuvieron una participación muy importante en la convocatoria.
El empuje de las bases contrasta con la orientación planteada por sus convocantes. La marcha universitaria fue encabezada por los rectores de las universidades nacionales nucleados en el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). El Frente Sindical de Universidades Nacionales y la Federación Universitaria Argentina (FUA) adscribieron al documento leído en el acto realizado en Plaza de Mayo. En este documento se señala la debacle universitaria, se plantea que la universidad es una institución de ascenso social y se pide a la Corte que tome partido en favor de las universidades. Quedan allí expresadas todas las limitaciones de la estrategia del CIN y el frente sindical para darle una salida al colapso de las instituciones que dirigen. Su derrotero lleva más de dos años, durante los cuales se ha producido un desangre en la universidad: salarios por debajo de la línea de pobreza, renuncias masivas en todos los niveles, hospitales universitarios en crisis terminal, proyectos de investigación y desarrollo destruidos.
El decano de Exactas sintetiza este diagnóstico cuando señala que “estamos marchando por algo tan sencillo como que se cumpla la ley, nada más”. Las limitaciones en lo que refiere a las consignas de la marcha hablan de una estrategia que conduce a una derrota premeditada. Frente a la destrucción del estado de derecho, de las universidades, de los hospitales, que se reduzca el reclamo al pedido de intervención de la Corte para que falle a favor de una ley que ya fue votada cinco veces en el Congreso, implica que los rectores no irán más allá de la vía que hasta ahora ha fracasado, para desviar el profundo empuje de lucha que surge como reacción al golpe social y económico del gobierno. Si la Corte interviene a favor de las universidades, se plantearía la ilegitimidad del gobierno, es decir una crisis de poder.
Dentro de la UBA, la facultad de Exactas encaró la marcha con un corte de autopista Cantilo a las 10 de la mañana, buscando imprimir un carácter de rebelión a la jornada del martes 12. Este corte se realizó en el marco del “paro por tiempo indeterminado hasta que se cumpla la ley” que ya lleva 9 semanas. Es decir que el reclamo del cumplimiento de la ley es tomado como un requisito mínimo de funcionamiento, no como la aspiración fundamental. Sin embargo, es la única facultad del país que sostiene esta medida. En las demás se cumplen los paros intermitentes que dispusieron los sindicatos docentes y no docentes.
Las columnas de estudiantes y docentes partieron de las Facultades y concentraron en Plaza Houssay, donde convocaba el CIN y la AGD-UBA. Asistieron la mayor parte de facultades, colegios y sindicatos, con algunas excepciones. Sociales concentró en su facultad y marchó por 9 de Julio hasta Av. de Mayo. Exactas-UBA armó su columna separada en Callao y Mitre, encabezada por el decano, en un intento de despegarse de la conducción de la UBA y mostrar su propio arrastre. La asamblea interclaustros de la facultad había votado que la columna de Exactas sea encabezada por la bandera “Exactas-UBA en PARO por tiempo indeterminado”, en claro desafío a la conducción del decano. Seguiremos disputando la orientación de esta lucha entre quienes queremos desarrollarla con los métodos históricos de los trabajadores y quienes quieren mantenerla en el brete parlamentario-judicial que busca culminar en acuerdos que consoliden la liquidación del salario.
El cumplimiento de la ley de financiamiento universitario es simplemente un piso existencial para que puedan sobrevivir los docentes y no-docentes y para que carreras y departamentos eviten un colapso, en muchos casos inminente. Esto es más acentuado en unidades donde no existen docentes ad honorem, como la facultad de Exactas-UBA o los colegios preuniversitarios. En otros lugares plagados de ad honorem y docentes nombrados a dedo, si el colapso no es inmediato, lo es como tendencia.
Si la ley es un piso existencial, desarrollar una marcha como un hecho puntual, no alcanzará para hacerla efectiva. Son necesarias medidas de acción directa que acompañen, como ocupaciones, clases públicas en la calle y, finalmente, la huelga educativa. El gobierno responde que "la ley nació muerta", porque no señala de dónde se financiará. Lleva la discusión a que afectaría el ´equilibrio fiscal´, que todos los partidos en los cuales se referencian los decanos piden respetar a rajatabla - finalmente, son los mismos partidos que aprobaron el presupuesto sin considerar los fondos universitarios. Tampoco cuestionan esta flagrante violación del estado de derecho.
Estas chicanas no tendrían lugar si el movimiento siguiera el camino de Exactas-UBA con su paro activo. Si el reclamo tuviera eje en el estado de excepción y el golpe social y económico de Milei a la universidad, los hospitales y los trabajadores en su conjunto, si la huelga universitaria estuviera colocada en la perspectiva de una huelga general, por supuesto que la marcha sería política, opositora y la discusión no podría girar en cuestiones de “equilibrio” sino de democracia y de legitimidad. En cambio, los rectores y sindicatos colaboraron con la despolitización de la marcha, amputando las consignas contra el gobierno, a pesar de que la masa movilizada ayer a la tarde cantó durante horas consignas contra Milei y su pandilla de ladrones. Es en esa dirección que el movimiento universitario necesita elevar sus planteos para triunfar.
