Escribe Aldana González
El acuerdo cerró con más de 4 puntos por debajo de lo perdido frente a la inflación.
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Los trabajadores ferroviarios de Nueva York fueron a la huelga, afectando el servicio del Long Island Rail Road (LIRR), el sistema de trenes suburbanos más usado de Estados Unidos. La situación explotó el fin de semana pasado y dejó a cientos de miles de personas sin servicio Manhattan.
El conflicto venía desde hacía meses entre la Metropolitan Transportation Authority (MTA), que administra el sistema, y cinco sindicatos ferroviarios que representan a la mitad de los trabajadores del servicio. Los trabajadores reclamaban principalmente la recomposición salarial y mejoras en las prestaciones de salud. El reclamo de los sindicatos era un 5 % para 2026 y aumentos retroactivos del 3 % para 2023, del 3 % para 2024 y del 3,5 % para 2025. El reclamo total era de un 14,5 % de incremento, 3,5 puntos por debajo de lo perdido frente a la inflación. Desde 2022 no había recomposición y este fue uno de los períodos de mayor inflación -18 %- en una de las ciudades con el costo de vida más alto del país. Para la gobernación y la MTA, la situación se hizo insostenible el lunes, cuando Nueva York retomó las tareas habituales. La MTA había informado el viernes por la tarde que el servicio limitado de autobuses que ofrecería solo podría dar cabida a unos 13.000 pasajeros por la mañana y otros 13.000 por la tarde. El aumento de los combustibles y los peajes -se inauguraron nuevos cobros para entrar y salir de Manhattan- también recrudece el costo de reemplazar el transporte ferroviario para los usuarios.
Los sindicatos y la MTA llegaron a un acuerdo que fue anunciado la noche del lunes por la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul. Sin embargo, aunque la huelga concluyó oficialmente, el servicio del LIRR no se reanudó de inmediato. Los sindicatos acordaron un 4,5 % de aumento para 2026 más un pago único de 3.000 dólares, pero la paritaria se extiende hasta mediados de 2027. Al ritmo que va la inflación en Estados Unidos, motorizada por la guerra, el acuerdo apuesta a una licuación aún mayor de la recomposición salarial, que está muy por debajo de lo perdido realmente.
Uno de los factores que jugó a favor de la rápida resolución del conflicto -una vez iniciada la huelga- fue la intención de la gobernadora de ser reelecta en noviembre.
Entre Kathy Hochul y Donald Trump se estuvieron echando culpas por el conflicto. Antes de eso, la gobernadora -de cuño demócrata- emitió un comunicado condenando la huelga como “temeraria” y argumentando que las demandas sindicales amenazan con encarecer demasiado las tarifas para los pasajeros, llevando los aumentos del año próximo al 8 % en vez del 4 %. También amenazó con retener los salarios de los huelguistas. “Los usuarios del transporte público están lidiando con disfunciones innecesarias y miles de trabajadores sindicalizados del LIRR se ven obligados a quedarse sin sueldo debido a las decisiones tomadas por un pequeño grupo de líderes sindicales”.
Sin embargo, los sindicatos llegaron a la huelga después de haber respetado cuidadosamente todos los obstáculos legales que limitan las huelgas: la mediación, los períodos de reflexión y los comités gubernamentales que evalúan las posiciones de negociación. En Estados Unidos, los ferroviarios, por ser trabajadores considerados esenciales, tienen un régimen especial que les impide tomar inmediatamente medidas de fuerza que sean consideradas legales. Esto les había permitido a los sindicatos que nuclean a los trabajadores del LIRR evitar las huelgas desde 1994, cuando ocurrió la última, pese al evidente deterioro salarial. A los ferroviarios del LIRR se los considera trabajadores bien pagos, pero eso se debe a la cantidad desmesurada de horas extras que realizan.
El otro factor que ayudó a que se resolviera la huelga en contra de los trabajadores fue la complicidad del TWU con el MTA. El TWU es el sindicato que nuclea a los trabajadores del metro y de los autobuses urbanos, cuyos contratos estaban vencidos y que, aun así, no aprovecharon para sumarse a la huelga. Este sindicato entregó el derecho de huelga en 2008 a cambio de mantener la afiliación sindical compulsiva.
En otras huelgas ferroviarias interviene el Congreso, como lo hizo en 2022 para impedir una huelga nacional de transportistas ferroviarios de mercancías porque representaba una amenaza para la economía nacional. El Congreso tampoco actuó en 2025, cuando el sindicato de ingenieros de New Jersey Transit, que contaba con 100.000 pasajeros diarios, se declaró en huelga durante tres días.
Para el poder político es prioritaria la circulación de mercancías y quedan en un segundo lugar los pasajeros, que siempre terminan arreglándoselas como pueden. Sin embargo, los usuarios que viajan diariamente son la fuerza de trabajo que necesita el capital para funcionar. En Estados Unidos, como en Argentina, el costo del pasaje debe estar contemplado en el salario porque es parte del valor de reproducción de la fuerza de trabajo. Supuestamente, el acuerdo debía ser refrendado por los trabajadores afiliados a los sindicatos, pero esto pasa a un segundo plano cuando, desde el vamos, el reclamo está por debajo de lo perdido a causa del aumento del costo de vida y el salario es complementado por horas extras, es decir, la sobreexplotación. Lo que deja la huelga ferroviaria de Nueva York es la voluntad de los trabajadores de luchar y de enfrentarse al poder político en su conjunto, tanto republicanos como demócratas. Para salir del hambre salarial y recuperar las condiciones de trabajo, en todas partes del planeta hay que superar a la burocracia sindical.
