JP Morgan, del ‘investment grade’ al pronóstico de recesión en sólo cuatro días

Escribe Jacyn

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JP Morgan, el principal banco de inversión del mundo, acaba de revertir los pronósticos optimistas que había formulado sobre la economía argentina hace menos de 10 días para pasar a advertir sobre el riesgo inminente de una recesión. El detonante fue un conjunto de factores, aunque el más significativo de ellos fueron los datos arrojados por el INDEC, que pusieron en números el alcance de la depresión económica y la pauperización de 2 millones de personas en apenas 6 meses.

El lunes de la semana pasada, JP Morgan había proyectado un crecimiento de 2,7% para la Argentina en 2026. Apenas 48 horas después, había difundido que Argentina podría ser reconocida con el ´investment grade´ (grado de inversión) en caso de victoria de Milei en las elecciones de 2027. Tal calificación hubiera significado, en principio, un recorte del ´riesgo argentino´, posibilitando el endeudamiento en el mercado financiero, actualmente vedado por las elevadas tasas de retorno que éste exige.

Sin embargo, un día después de que se conocieran las estadísticas oficiales sobre la economía, JP Morgan recalculó sus números y ahora espera una contracción anualizada del 4% durante el tercer trimestre y el ingreso a una recesión técnica. El riesgo país se disparó a 628 puntos, el nivel más alto en diez meses. El ´regreso a los mercados´ que prometió Luis Caputo se ha transformado en una quimera.

En julio pasado, "Toto" había anunciado con toda la pompa un "plan financiero" para hacer frente a los vencimientos de deuda pública, que suman entre 25.000 y 30.000 millones de dólares de aquí al año que viene. Entre otras fuentes de financiamiento, había augurado dinero fresco del FMI. Fue desmentido casi inmediatamente por Kristalina Georgieva durante su paso por el país en una gira por la región. Georgieva puso de manifiesto discrepancias de fondo con el programa económico oficial. La titular del FMI sostiene que el gobierno debe devaluar el peso y la acumular reservas en el Banco Central, una política que el tándem Milei-Caputo resiste porque podría terminar por desmoronar todo el edificio político del gobierno. Guita Gospinath, ex número 2 del FMI, se pronunció más recientemente también en el mismo sentido. Los ´inversores´ le hicieron notar a Caputo durante su paso por Nueva York que debía terminar con la sanata huyendo de la deuda argentina.

El proyecto Milei sobrevive con pulmotor: sin la chequera de Scott Bessent, que lo rescató del abismo en septiembre-octubre del año pasado, y de los préstamos a tasas carísimas que obtuvo de los bancos privados con el respaldo del BID y del Banco Mundial como garantes, "la libertad" sería historia pasada. Para financiarse en el mercado local, en pesos, el gobierno renueva deuda a tasas del 30 % en promedio; los bancos prestan al doble (60%) y pagan a los ahorristas por la mitad (17/18%). Si afloja las tasas para darle oxígeno al crédito, enfrentaría una corrida al dólar, como ha ocurrido cada vez que lo intentó.

Ya adentrados en los "18 mejores meses de la historia" que prometió el mismo Caputo, los augurios de reactivación no se produjeron nunca. Los proyectos aprobados para ingresar al RIGI acumulan más de 150.000 millones de dólares, pero no se ha desembolsado un peso. Como resultado de la depresión económica, la recaudación cae en una pendiente. Entre los indicadores difundidos por el INDEC, la única actividad que exhibe un crecimiento es la relacionada con minería y combustibles (+8,4%), acicateada por los altos precios internacionales. El alto precio de los combustibles, sin embargo, es contradictorio con la actividad industrial, porque aumenta sus costos. Todos los pronósticos auguran un largo periodo de precios altos mientras continúa la guerra contra Irán y Rusia. En el plano local, además, esto está agravado por la política de tarifazos a repetición con el propósito de beneficiar a los pulpos hasta alcanzar un precio internacional cada vez más elevado. En contraste, se puede verificar el derrumbe de la industria (-4,6%) y el comercio (-5,1%). Fue la mayor caída desde los inicios de la pandemia en marzo/abril de 2020.

El gobierno ha acusado la sacudida sin modificar el rumbo. Por el contrario, ha comenzado a pelearse con los indicadores y a cuestionar los datos oficiales. Asegura que la "economía en negro vuela", como parte de una transición económica. Pero junto al cierre cotidiano de empresas se está produciendo el fenómeno de la deserción de los trabajadores de aplicación, mostrando que la precarización es un tránsito únicamente a la desocupación.

Para el gobierno, la única perspectiva es abrazar el proyecto bélico de Trump y ofrecerse como gendarme suyo en el Atlántico Sur. Cuenta también, es cierto, con el sometimiento del peronismo a los hechos consumados. El verdadero lanzamiento electoral de Axel Kicillof, por caso, no ocurrió en Villa Domínico sino en Estados Unidos, adonde concurrió a dar garantías de continuismo ante fondos de inversión, escoltado nada menos que por José Luis Manzano, flamante dueño de Metrogas. Cuando le preguntaron por el genocidio palestino, ´Kici´ protagonizó un desplante y acusó "una emboscada".

La situación para los trabajadores es de una extrema gravedad. No serán los resultados electorales, en principio, los que cambien el rumbo sino una huelga política contra el gobierno liberticida.

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