Elecciones en Estados Unidos, entre el fraude y el golpe

Escribe Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)

Trump prepara el gobierno por decreto ante la derrota inevitable.

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A cinco semanas de las elecciones de mitad de mandato, los candidatos republicanos han entrado en pánico.

Las encuestas generales le dan a los demócratas una ventaja de más de 8 puntos, en tanto algunas como YouGov/The Economist indican un margen neto de 15 puntos. El dato más claro de la tendencia contra Trump lo dan los electores que se consideran “independientes” (no tienen adhesión a ningún partido), donde hay una ventaja de 25% a favor de los Demócratas (57% a 32%). En 2024, según Pew Research Center, hubo un virtual empate entre el candidato republicano y Kamala Harris entre los independientes. En la plataforma Polymarket las apuestas dan un control de un 62% de ambas cámaras por el partido opositor.

A mediados de setiembre, el presidente convocó a una Convención de mitad de mandato, algo inédito; no cumplía ninguna función, salvo ser el escenario de la agitación del trumpismo. Trump prometió ahí un “dividendo” de 5.000 dólares para cada ciudadano adulto si los republicanos ganaban la mayoría en ambas cámaras. La maniobra no ha tenido mayor impacto en la intención de voto.

En la Convención, entre discursos anticomunistas, el presidente convocó a su aparato a “hacer trampa como un demonio, tal como ellos lo hacen”. El presidente de la Cámara de Representantes Mike Johnson se sumó: “No podemos permitir, y no permitiremos, que ellos se queden con la mayoría en el Congreso”.

El impacto de la guerra

La guerra en Medio Oriente ha provocado un salto en el costo de la vida. En particular la nafta y el diesel, con un enorme impacto en los costos de sectores agrarios, industriales, el transporte y el traslado de las familias en general.

La guerra, inevitablemente, se ha convertido en tema de campaña; varios candidatos republicanos se vieron obligados a tomar distancia con Trump en este punto. En Michigan, Mike Rogers -candidato al Senado apoyado por el presidente- ha dicho, en un video, que “la guerra con Irán tiene que terminar, y terminar rápidamente”. “El momento de empezar a liquidar esto es ahora”. Rogers se enfrenta al candidato Demócrata Abdul El-Sayed (que le estaría ganando 50% a 44%). Apenas hace unos días, en la Convención trumpista, Rogers había apoyado la guerra.

Otros candidatos se han sumado a este reclamo. Tom Tiffany (candidato a gobernador de Wisconsin) declaró que “es hora de concluir el conflicto que ha estado ocurriendo en Irán. Necesitamos asegurarnos de encargarnos de las cosas aquí en casa”. Tiffany está cinco puntos por debajo del Demócrata David Crowley, en un Estado “péndulo” que Trump había ganado hace apenas dos años con casi el 50% de los votos. Ashley Hinson, candidata al Senado por Iowa, también hizo declaraciones pidiendo el fin de la guerra. Iowa es un Estado tradicionalmente republicano donde Trump se impuso con 56% de los votos en 2024, y Hinson estaría perdiendo por 8 puntos según las encuestas.

Texas y Florida

En estos Estados, bastiones republicanos por décadas, se modificaron los distritos para favorecer que sean electos más representantes oficialistas. Sin embargo, se está produciendo un viraje en el electorado, especialmente entre los latinos y los ciudadanos que se declaran independientes.

El cambio de humor en los ciudadanos de origen “hispano” ya se hizo notar el año pasado en Florida en varias elecciones especiales. Ahora. la derechista María Elvira Salazar (que busca la reelección) tomó distancia de Trump. La voltereta de Salazar refleja el ambiente entre sus electores, en alto porcentaje latinos. Las encuestas marcan un empate en la intención de voto.

En la disputa de la gobernación de Florida, donde Trump triunfó con más del 56%, el candidato trumpista Byron Donald está en riesgo de perder contra el Demócrata David Jolly. La candidata republicana al Senado (Ashley Moody) apenas tiene un punto de ventaja en las encuestas sobre la “Demócrata Socialista” Angie Nixon. Los republicanos controlan los dos cargos del Senado por ese Estado desde hace siete años; el cargo de gobernador está en sus manos desde 1999. Una derrota en Florida era algo impensado hasta hace muy poco.

En el caso de Texas, la situación es aún peor para el gobierno. Trump impuso allí a su candidato al Senado Ken Paxton, repudiado por buena parte del propio partido texano. El Demócrata James Talarico está seis puntos por encima de Paxton, en gran medida gracias al voto independiente y latino. Ningún Demócrata ha ganado un escaño en el Senado desde 1988. Hace apenas dos años, Trump obtuvo 56,2% de los votos.

Una situación similar se vive en otros Estados tradicionalmente republicanos, como Ohio, donde Trump había obtenido más del 55% en 2024, y ahora sus candidatos a la gobernación y el Senado están entre 8 y 9 puntos por debajo de los Demócratas.

El intento de Trump para evitar el voto por correspondencia hasta ahora ha fracasado. Trump había emitido un decretazo obligando a los Estados a enviar un listado al servicio de correos para que este controlara a quiénes se envían los sobres con las papeletas (y no enviándolas a quienes no cumplían determinados criterios), lo cual fue impugnado por los Estados y finalmente anulado por la Suprema Corte. El trumpismo rediseñó muchos distritos electorales para favorecer la elección de más representantes Republicanos. Los demócratas respondieron con una medida similar en California y otros Estados. Esta maniobra no evitaría una gran pérdida de escaños por el partido oficialista, a duras penas podría atenuar la catástrofe electoral. Se calcula que los republicanos perderían al menos 20 cargos en la Cámara baja.

“6 de enero 2.0”

En este escenario, los llamados a “hacer trampa” y el anuncio de que “no permitiremos” que los demócratas ganen la mayoría en el Congreso, adquieren toda su relevancia.

Distintos analistas vienen anticipando una crisis a nivel de los Estados y a nivel nacional, en torno a la certificación de los resultados y el otorgamiento de las bancas en el Congreso. Ya en el pasado “funcionarios locales afines a Trump han utilizado con frecuencia acusaciones falsas de fraude o de que votantes no ciudadanos sufragaron como justificación para negarse a certificar los resultados electorales. Desde 2020, más de 30 funcionarios locales en Arizona, Colorado, Georgia, Michigan, Nuevo México, Carolina del Norte y Pensilvania se han negado a certificar los resultados electorales, muchos con la esperanza de impedir victorias demócratas” NYT).

Otra posibilidad que está manejando la prensa, es que el “clerk” (secretario) de la Cámara baja no acepte incluir en la nómina de representantes electos a los que hayan sufrido alguna impugnación. La hipótesis del “clerk rebelde” no es una teoría conspirativa: sería una réplica a nivel de las elecciones legislativas de la intentona golpista del 6 de enero de 2021, cuando el trumpismo intentó desconocer los resultados de las elecciones. En aquella oportunidad, el vicepresidente Mike Pence se negó a participar del golpe de Estado y proclamó los resultados tal cual eran informados por cada Estado. Los mandos militares, por otra parte, no se alinearon con el golpismo. El rol que en aquella oportunidad tenía el vicepresidente, ahora la tendría el Secretario de la Cámara de Representantes, que es quien incluye a los legisladores electos e informados por los Estados en el listado de esa Cámara. Se considera una tarea puramente administrativa: no tiene capacidad de analizar si fueron electos en forma correcta o fraudulenta. El secretario actual, aunque es Republicano, se supone no se prestaría a esta maniobra. Mike Johnson (el presidente de la Cámara) podría remover al secretario y nombrar a un trumpista que se preste a generar una crisis institucional. Esta hipótesis ha sido manejada por diversos medios de prensa. Una crisis institucional provocada por el trumpismo, como mínimo, paralizaría al Congreso durante semanas o incluso meses, en el marco de contiendas judiciales. Las depuraciones realizadas por Hegseth en el Ejército y el nombramiento de generales “leales” al gobierno estarían al servicio del golpismo. Trump aprendió de su primer mandato, y se prepara para esta vez no reconocer la derrota.

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