Escribe Marcelo Ramal
Las “propuestas” explosivas de los economistas del régimen al gobierno desquiciado.
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Finalmente, se han conocido los detalles de la exposición que el economista Alberto Ades, un ex operador de Goldman Sachs, realizó ante el gabinete nacional el lunes pasado. La presencia de Ades, como se recordará, desató el faltazo sin aviso de Luis Caputo, en señal de desacuerdo con las “tesis” del invitado. Lo que Ades le propuso al gabinete, en definitiva, fue una devaluación de la moneda, en consonancia con lo que otros economistas ligados al gran capital agrario o industrial están predicando desde hace meses. Según Clarín, Ades le agregó a esa propuesta dos condiciones: primero, que la devaluación venga acompañada con otra vuelta de tuerca en materia de ajuste fiscal para que los dólares de las mayores exportaciones se compren con pesos del Tesoro y no de la emisión monetaria. Luego, aludió a “mejoras de productividad”, el lenguaje con el cual estos “expertos” llaman a la sobreexplotación laboral, aclarando enseguida que ello requiere “tiempo y capital político” (Clarín, 8/10).
La “propuesta” de Ades y la ausencia de Caputo han sido apenas un anticipo de la crisis política y de gabinete que está en incubación, como resultado del completo impasse del régimen económico montado por Milei y Caputo hace tres años, angustiosamente rescatado en sucesivas oportunidades por el FMI y el Tesoro norteamericano. Ahora, el “estado de asamblea” instalado en el gabinete por el propio Milei obedece a que el financiamiento de los vencimientos de deuda para 2027 ha ingresado en un túnel oscuro. La economista Marina Dal Poggeto estima que las cuentas que presentó Caputo para responder a esos vencimientos tienen un “faltante” de 23.000 millones de dólares. En un reportaje posterior a su presentación en el gabinete, Ades señaló que, con el actual riesgo país, “ni locos conseguimos” ese financiamiento externo. La fórmula de Ades -devaluación más ajuste- apunta a abatir ese riesgo. Pero el “capital político” que el consultor de Wall Street le exige a Milei-Caputo para hacer explotar semejante bomba se encuentra tan flojo de papeles como los 75.000 millones de dólares con que dice contar Milei para afrontar las corridas que se vienen.
Caputo, en oposición a un camino devaluatorio, sigue apostando a aplastar el dólar a fuerza de colocar bonos de deuda y absorber pesos pagando por ellos tasas exorbitantes. Pero el resultado de su política -la “estabilidad del dólar”- ha llevado al endeudamiento interno a la peor de las trampas: como consecuencia de la espiral de renovación de deuda a elevadas tasas, por un lado, y del dólar planchado, por el otro, se viene registrando un crecimiento exponencial de esa deuda en pesos cuando se la contabiliza en moneda dura. En los últimos nueve meses, esa deuda pasó de representar de 70 a 100.000 millones de dólares. La gran mayoría de estos títulos se han renovado con cláusulas de indexación que neutralizan cualquier licuación de su monto en el caso de una devaluación. De este modo, la deuda en pesos ya está muy cerca del valor en dólares que había alcanzado al final de Massa, cuando llegó a los 110.000 millones de dólares. La “absorción” con deuda de los pesos utilizados para la compra de los dólares del comercio exterior convierten en una ficción al superávit de balanza comercial, pues, por cada dólar que ingresa, aumenta en la misma magnitud la deuda indexada o dolarizada del Estado. Como la acumulación de reservas tiene por propósito el pago de vencimientos de deuda, cada uno de esos pagos tiene como contrapartida una hipoteca equivalente contra el Estado. La desconfianza generada por esta bola de nieve obliga al gobierno a cambiar el perfil de vencimientos que está ofreciendo en las sucesivas renovaciones -ahora, solo alcanzan hasta finales del año 2027. En lo que refiere a la emisión de deuda en dólares, Caputo debió cerrar el grifo, por las tasas prohibitivas que hubiera debido pagar.
En definitiva, las innumerables bicicletas ensayadas por Caputo en estos años muestran síntomas inocultables de agotamiento. El campeonato de “propuestas alternativas” de los economistas del régimen es una confesión de ello. En las últimas horas, se ha sumado al tropel un mileísta de la primera hora, Cristiano Ratazzi, quien desempolvó la alternativa de la dolarización pero sin decir que debería ser precedida por la devaluación que reclaman Ades, Melconian y otros. Los devaluacionistas enfrentan al deflacionario y ajustador Caputo con un rodrigazo antiobrero, sin hacerse cargo de la rebelión popular que conllevaría esa “salida”.
El debate de los “de arriba” sobre una cesación de pagos -de eso se trata- tiene lugar mientras el derrumbe comercial e industrial se acentúa. Los pronósticos de crecimiento económico, que habían bajado del 3,5% al 2% hace un mes atrás, ahora se ubican en el 1,5% - es decir, en la regresión del producto bruto por cabeza. El “efecto samba”, como llamaron los diarios financieros a la suba de los títulos y acciones argentinas que siguieron a la victoria de Bolsonaro, apenas duró 24 horas. Ahora, comienza a sobrevolar otro “efecto” internacional -el de las rebeliones juveniles y populares que sacuden a Francia, Bélgica, España y, más cercanamente, a Chile y las principales ciudades de Brasil. El “capital político” que reclamó Ades para su experimento antiobrero se está agotando, y también para Caputo-Milei. Este es el escenario que precede a las movilizaciones previstas para el 15 de octubre en todo el país.

