La falsa guerra del diésel ha estallado en un enfrentamiento imperialista sin salida

Escribe Jorge Altamira

Trump ordena la privación del Starlink a Zelensky y su renuncia.

Tiempo de lectura: 3 minutos

La suspensión de las sanciones económicas, por parte de Donald Trump, al comercio del carburante de Rusia, con el pretexto de paliar el aumento sideral del precio del diésel en el mercado mundial, se reveló enseguida como un paquete para imponer un acuerdo de paz en Ucrania que convierta a ésta y a Rusia en formas de protectorado del imperialismo norteamericano. El déficit internacional de la provisión de diésel ni siquiera responde a un bloqueo del comercio de Rusia, sino a la guerra no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán, el cierre del estrecho de Ormuz y la destrucción de instalaciones petroleras de los países del Golfo que albergan bases militares norteamericanas por parte del gobierno de Teherán. Donald Trump y su canciller Marco Rubio acaban de amenazar a los hutíes de Yemen con represalias militares fulminantes si prosiguen la guerra contra Arabia Saudita, que viene buscando el control de ese país desde hace más de una década.

De acuerdo a toda la prensa internacional, el acuerdo de paz que pergeña Trump establece un congelamiento de la guerra en Ucrania sobre las líneas ocupadas por Rusia y Ucrania, para dar pie a un plan de reconstrucción de Ucrania por parte del fondo BlackRock, fuertemente invertido en el país, y el Banco Mundial, que se servirían de los fondos secuestrados a Rusia, por 260.000 millones de euros, depositados en Bruselas. Trump ha planteado el desarrollo de un pool energético mediante la revitalización del NordStream 2, la tubería de 2.000 kilómetros bajo el mar Báltico, que se extiende desde San Petesburgo a las costas de Alemania. Esta tutela estratégica excluye a la Unión Europea y pone en evidencia la amplitud del conflicto de intereses entre el imperialismo estadounidense y los europeos. La OTAN queda reducida a un cadáver insepulto y la UE privada de cualquier autonomía estratégica. El planteo de Trump ha recibido un rechazo inmediato de los líderes del viejo continente, empezando por el inglés Burnham, seguido por el alemán Merz e incluso por la ex trumpista Giorgia Meloni. La respuesta de Trump a esta disidencia no se ha hecho esperar: ha ordenado el corte del servicio de inteligencia y comunicación Starlink, de la compañía Space X, de Elon Musk, a Ucrania, para forzar el cese de los ataques de Zelensky a las refinerías de Rusia. Putin, en cambio, ha redoblado el bombardeo a las instalaciones energéticas de Ucrania, cuando se anuncia un invierno especialmente crudo para la región. El sabotaje de Trump a Ucrania ha sido repudiado por franjas crecientes del partido Republicano, a poco más de dos semanas de las elecciones parlamentarias en Estados Unidos. Junto a una mayoría elevada del partido Demócrata, la burguesía del Norte se ha pronunciado a favor de la alianza con la UE y la prosecución de la guerra contra Rusia hasta las últimas instancias. Trump cuenta con el apoyo de la oligarquía financiera que monopoliza la Inteligencia Artificial, la cual valora un acuerdo con Rusia que distancie a la oligarquía de Putin de la tutela de la República Popular China. El aislamiento internacional de Pekín es el arma principal de lucha del imperialismo estadounidense en la fase actual de la guerra imperialista internacional.

El escenario del conflicto interimperialista en la OTAN se encuentra a la espera de nuevos protagonistas, como consecuencia de la previsión de triunfos de la ultraderecha en Francia, Alemania y España. Reagrupamiento Nacional y la AfD son partidarias, respectivamente, de un retiro de la UE de la guerra en Ucrania y de un acuerdo con Moscú, que la convierta en un semi protectorado. Putin ha repetido sin desfallecer que la paz europea dependía de “una nueva arquitectura de seguridad”, que no podía tener otra forma política que la señalada. En ausencia de ella ha advertido de la disposición de recurrir al armamento atómico en el caso de un involucramiento militar directo, bajo la dirección, por caso, de Alemania. El rearme alemán marcha en forma acelerada, con el apoyo de AfD, independientemente de las divergencias estratégicas. AfD encabeza las encuestas nacionales con una intención de voto del 30%, seguida por la UCD – un 19%.

Es probable que el planteo de acuerdo de Trump sufra un nuevo desaire, como ha venido ocurriendo desde su primera presidencia. Putin mismo no le ve consistencia geopolítica en el marco de divisiones interimperialistas insuperables. Esto explica los cambios de frente que sufre la guerra imperialista con tanta frecuencia. Trump ha retirado las bases militares del Golfo y parte del Medio Oriente, pero solamente para traer de nuevo a los mares Mediterráneo y Arábigo a los portaviones a su disposición. El estado sionista, por su lado, prosigue firme con la anexión de Cisjordania y la tutela de Líbano y Siria. Turquía, del lado opuesto, fragua acuerdos con Pakistán y Arabia Saudita, e impone un régimen de partido único en su territorio. Todos los botines de la guerra siguen en agenda: el dominio del corredor que une al Medio Oriente y Asia Central, y las ambiciones de Japón sobre el oriente de Rusia. Los levantamientos populares, tanto de estudiantes franceses como de lucadores por la vivienda en España o Berlín, marcan los primeros pasos de un movimiento de masas que ha entrado en la crisis y la guerra sin preparación política clasista. En la lucha por la maduración política del proletariado, la izquierda democratizante es un peso muerto que defiende condiciones de desarrollo político definitivamente enterrados.

Sobreseimiento y archivo de la causa del profe Bruno Corzo: SUMA TU FIRMA!Sumate a Política Obrera, llená el formulario