El mito del ´boom exportador´

Escribe Norberto Malaj

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En medio del derrumbe de la producción industrial, el consumo y las condiciones de vida de las masas, Milei salió a desmentir los ´ruidos´ por el tipo de cambio, la incapacidad del gobierno para cumplir el pago de las obligaciones de deuda a vencer en 2027 y hasta la renuncia de Luis Caputo. Así sacó de la galera la supuesta cantera inagotable del superávit de la balanza comercial: única bandera que pareciera sobrevivir al naufragio libertario, el incremento de las exportaciones. Por primera vez este año superarán los 100.000 millones de dólares, casi un 15% más que en 2022 o poco menos que el 25% respecto al lejano 2010, los dos picos previos.

Si se mira bien, ese incremento apenas si acompaña el crecimiento vegetativo del mismo período. En segundo lugar, con excepción del incremento de las exportaciones de minerales e hidrocarburos (petróleo crudo, oro y combustibles y lubricantes, en ese orden), en la mayoría de los otros rubros los aumentos de las valores exportados no se corresponden con aumentos en cantidades físicas, sino del precio en el mercado internacional de esas mercancías, un factor por demás aleatorio y volátil. Si se consideran los 10 principales productos de exportación (representan más del 56% del total exportado), con excepción de los tres productos señalados donde ha habido incrementos físicos -y, fundamentalmente, de precios por la guerra mundial-; el resto manifiesta estancamiento o un pequeño incremento.

Entre los otros siete productos ´estrella´ que se exportan las cifras esconden, en la mayoría de los casos, retrocesos en cantidad física de bienes y fundamentalmente, además, en los productos con mayor industrialización. Entre los 10 productos que encabezan las exportaciones, hay uno solo industrial: las pickups y vans, que representan menos del 10% del total. Pero hay que considerar que, de conjunto, la rama automotriz es la que origina mayor déficit en el comercio exterior (no sólo por componentes importados sino también de vehículos terminados); por otro lado, que la propia industria (en manos de pulpos imperialistas) está reducida a virtual ensambladora o maquiladora — entre el 50 y el 60% de las unidades se integran con componentes traídos de afuera. Las exportaciones del sector, además, han caído sustancialmente respecto al pasado. Ni hablar que la ocupación de la industria automotriz y de autopartes, en el pasado relevante, hoy se encuentra muy reducida.

Si se consideran el conjunto de las exportaciones de origen industrial (MOI) el retroceso es monumental y por partida doble: en el pasado, rubros como la exportación de maquinaria agrícola exhibían cierta importancia. A esto se suma que la venta en el mercado interno de cosechadoras, sembradoras y otras maquinarias, no sólo está en retroceso. Gran parte del mercado del sector ha sido ocupado por maquinaria importada. El cierre de empresas emblemáticas ha sido noticia recientemente.

Además, de modo general, ninguna de las ´pujantes´ industrias extractivas (petrolera y/o de minerales) tracciona la producción de bienes en el mercado interno. Los grandes capitales que han ingresado bajo el RIGI (el régimen de incentivos fiscales para grandes inversiones) acceden a la posibilidad de ingresar maquinaria y bienes importados sin ninguna restricción, o sea que nada ´derraman´ en el mercado interno. La única industria MOI que hasta ahora mostraba ´espaldas´, la farmacéutica de capitales nacionales, también está en retroceso. En el pasado, figuraba en el ´top ten´ de las exportaciones. Ahora, está al borde de ser borrada del mapa por los acuerdos de libre comercio con EE.UU., a favor de los laboratorios extranjeros. Son los que están detrás de las denuncias de corruptelas en la ANDIS, que buscan quedarse también con ese bocado de cardenal.

De los únicos tres otros productos en importancia de los 10 señalados consideradas exportaciones de origen agropecuario (MOA), ninguno suma valor agregado sustantivo: en orden de importancia, son la harina y pellets de soja; el aceite de soja y la carne bovina. Con excepción de esta última, que ocupa a una masa relativamente significativa de trabajadores, los otros dos ítems son casi irrelevantes en este terreno. Pero si se toma el conjunto de las MOA, en relación al pasado, el retroceso es enorme. Exceptuando los cultivos de la pampa húmeda -que son aquellos en los que hay menor valor agregado-, la mayoría de los llamados cultivos industriales o regionales -que ocupan más trabajadores- están en la lona. Ni hablar de los problemas de infraestructura que afectan a todas estas actividades, especialmente por los caminos en ruinas. La vitivinicultura se encuentra a la cabeza de este retroceso, con una caída del 73% respecto al punto de partida de la caída hace 8 años. Mendoza y San Juan esconden este retroceso detrás del ´boom´ de la extracción minera. La industria forestal, otrora estrella entre las MOA, le sigue en el derrumbe. Por la caída en el mercado interno, el principal aserradero del país, ubicado en la provincia de Misiones, productor de pallets de madera, acaba de cerrar dejando a 300 trabajadores en la calle.

Señalemos de paso que el impulso a la llamada “economía del conocimiento” y la Inteligencia Artificial amenaza con transformar a la Patagonia no en una plataforma de desarrollo, sino en un páramo, acabando con los acuíferos existentes y devastando riquezas naturales. En EE.UU., cuna de los ´centros de datos´ de los grandes pulpos tecnológicos, los movimientos de repudio a su instalación están a la orden del día (por primera vez desde 1994, los demócratas amenazan con alzarse con la senaduría por Texas, tras el respaldo del gobernador Greg Abbott, republicano, a esos centros. Desde 2024, debido a esas grandes instalaciones, los aumentos de precios de los servicios públicos y los cortes de luz se repiten constantemente).

Resumiendo, el boom exportador es un bluff. Esconde, por un lado, la fenomenal primarización de la economía argentina, la desindustrialización y el retroceso de las fuerzas productivas del país; fenómeno que afecta de modo general a todo el mundo semicolonial, pero en forma particularmente aguda a Argentina. El retroceso del país en el subcontinente en los últimos 40 años es, en términos relativos, el mayor de todos, con la excepción de Haití y Cuba. El ´mérito´ le cabe por igual, sin distinciones, al arco político patronal, desde los ´nac&pop´ a los libertarios.

Como en Argentina no existe ningún tipo de control sobre el comercio exterior, la disposición de las divisas de los exportadores es irrestricta y constituye la principal ´cantera´ para la fuga de capitales. Ha sido así bajo todos los gobiernos. Más que nunca bajo el reino libertario: sólo en los últimos 16 meses, alcanzó la friolera de 40.343 millones de dólares (LN, 3/10), superando el récord previo de los ´nac&pop´, de más de 200.000 millones en 16 años. La gestión libertaria blindó por ley la fuga de los grandes capitales exportadores, particularmente de la última gran joya de la abuela: por la ley bases y el DNU 70/23 el sector petrolero goza de fabulosos beneficios impositivos y garantías de no intervención del Estado en el mercado, incluso en caso de desabastecimiento de combustibles en el país. O sea que lo de la cantera disponible del saldo positivo del comercio exterior es puro humo.

A veces las apariencias engañan. Entre el modelo libertario y el de los K, en materia de “sectores beneficiados” -Vaca Muerta, agro, minería- y fomento del comercio exterior, se parecen como dos gotas de agua. He aquí el nuevo contubernio que alcanza al conjunto de las fuerzas políticas patronales.

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