Montenegro vuelve a Mar del Plata: una interna patronal sobre una ciudad ´detonada´

Escribe Fernanda Díaz

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El anunciado regreso de Guillermo Montenegro a la intendencia de General Pueyrredón es, ante todo, un nuevo capítulo de la descomposición política del oficialismo municipal y sus disputas por cargos, negocios y vínculos políticos con los gobiernos provincial y nacional.

Montenegro había solicitado licencia para ocupar una banca en el Senado bonaerense, sin renunciar a la intendencia y con la expectativa -frustrada- de ser designado ministro de Justicia por Milei. Ahora prepara el camino inverso: pediría licencia en la Legislatura y buscaría autorización del Concejo Deliberante para completar su segundo mandato como intendente. El intendente interino Agustín Neme regresaría a su banca de concejal.

Detrás de este movimiento aparecen las disputas entre Neme, Montenegro y distintos operadores del PRO, como Alejandro Rabinovich y Emiliano Giri. El telón de fondo de esta lucha entre camarillas que se disputan el control del municipio es la grave crisis que atraviesa la ciudad.

Más fuerzas represivas y la postal del Arena Mar del Plata

Montenegro regresaría en medio de una fuerte crisis de seguridad. La posible intervención de fuerzas federales en la ciudad, como deslizó Patricia Bullrich en la segunda jornada del coloquio empresario de IDEA, vuelve a presentar el reforzamiento represivo como única respuesta cuando se han disparado todos los indicadores de pobreza, el aumento de la precarización laboral, la falta de vivienda y la destrucción de servicios públicos.

Una postal de la crisis laboral en Mar del Plata quedó expuesta hace apenas unos días cuando una multitud se agolpó por un puñado de puestos de trabajo en la construcción del microestadio que se construye en la esquina Luro y San Juan: más de seis cuadras de fila para conseguir uno de los 70 empleos ofrecidos. La desocupación oficial ya alcanza el 10%.

El despliegue represivo vinculado a la crisis de seguridad no modifica estas condiciones estructurales. Asistimos a una competencia entre Bullrich, Kicillof y Montenegro. Cada uno responsabiliza al otro por la inseguridad, que tiene su base en la descomposición social y del aparato del Estado, donde está enquistada la connivencia entre fuerzas de seguridad, poder político y redes delictivas.

Una ciudad ´detonada´

En “La Feliz” las necesidades sociales y urbanas se convierten siempre en oportunidades de negocios y que garantizan rentabilidad privada con recursos públicos.

El estado de las calles, las veredas y la infraestructura expone también la orientación política de la gestión municipal. El municipio cobra una tasa vial pero los fondos recaudados no se traducen en las obras correspondientes. La población paga combustibles más caros, pero continúa circulando por calles destruidas o sin asfaltar. Los microbasurales se multiplican en las esquinas de los barrios e incluso en plena peatonal el amontonamiento de bolsas de residuos es parte del paisaje habitual.

El servicio de transporte de colectivos bordea el colapso; faltan viviendas, pero se construyen edificios y torres que nadie habita. La privatización de espacios públicos y la destrucción permanente del patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad, en beneficio siempre de las ganancias empresariales, son la ´marca´ de la gestión de Monetenegro y también de sus predecesores.

Los empresarios reclaman ´garantías´

Hoteleros, gastronómicos y comerciantes manifiestan expectativas en un recorte de los llamados ´costos laborales´ y menor ´presión impositiva´, para contrarrestar el menor consumo y atraer ´inversiones´ en base a un abaratamiento de la mano de obra.

La temporada turística se sostiene sobre la base de miles de trabajadores temporarios sometidos a jornadas extenuantes, salarios miserables y contratación precaria. La reforma laboral, celebrada por el empresariado porque “facilita las contrataciones por temporada”, profundiza esa explotación.

Mientras los dueños de hoteles y grandes cadenas reclaman menores costos, los trabajadores afrontan alquileres cada vez más inaccesibles, transporte caro y malo y salarios que no cubren la canasta familiar.

Ni Montenegro ni la oposición patronal

El retorno de Montenegro no traerá nada diferente. Tampoco constituye una salida el peronismo de Kicillof ni de quien sea, ya que administran el ajuste el ajuste social y la degradación de los servicios públicos, en beneficio de los grandes empresarios.

Es necesaria una reorganización de la ciudad en función de las necesidades de sus trabajadores. La crisis de Mar del Plata no será resuelta por el regreso de un intendente ni por el recambio de funcionarios. Solo la organización independiente de la clase trabajadora podrá imponer las demandas populares que la burocracia sindical hace tiempo abandonó.

Trabajadores ocupados y desocupados, jubilados, estudiantes y vecinos, debatamos un programa y un método para conquistar nuestros reclamos: apertura de las cuentas públicas, control de los fondos municipales, obra pública bajo gestión de trabajadores, defensa de los puestos de trabajo y del salario igual a la canasta familiar indexado por inflación, cumplimiento de los convenios colectivos, pase a planta de los trabajadores precarizados y el reconocimiento efectivo de todos los derechos laborales del personal temporario. El aumento inmediato de jubilaciones y pensiones, urbanización de los barrios y desmantelamiento de las redes de protección política y policial del delito.

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