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La suba del “riesgo país” por encima de los 700 puntos enterró las habladurías del gobierno acerca de una incertidumbre financiera internacional. Los acreedores quieren saber cuáles son “las estrategias alternativas de financiamiento” (AF, 20/10) que maneja el gobierno argentino para pagar los vencimientos de deuda hasta diciembre de 2027; saben que Caputo y Milei no tienen los recursos para afrontarlos. Recientemente, el gobierno suspendió la emisión de bonos en dólares con vencimiento en 2029, al percibir que debía ofrecer intereses usurarios.
Milei ha festejado hace unos días las “exportaciones record” del mes pasado. Pero el ingreso de dólares es parte del problema, porque para sumarlos a las reservas el Tesoro tiene que comprarlos, acentuando el ajuste y la recesión. Un liberal, Aldo Abram, acaba de recomendar en La Nación (18/10) que el gobierno deje de comprar reservas para que los pesos puedan circular como demanda hacia la industria. Caputo se encuentra atrapado en un rulo: si compra reservas, acentúa la depresión; si fomenta la demanda, tiene que declarar la cesación de pagos. La recesión disminuye los recursos fiscales y, con ello, la capacidad de pago de la deuda pública. Los dólares de las exportaciones serán un “montón”, pero la incesante fuga de capitales lo es también, orilla los 50.000 millones, aunque una parte se encuentra depositada en los bancos. Pero el endeudamiento en el mercado local de capitales ha aumentado en 32.000 millones de dólares en lo que va de 2026. Los vencimientos de capital e interés del próximo superan los 40.000 millones de dólares. La crisis mundial, en definitiva, no ha hecho más que agravar la crisis de financiamiento de los liberticidas. Políticamente, caminan por la cornisa. Política Obrera prevé que caerían al precipicio.
Este agujero negro explica el empantanamiento de los preparativos electorales. Temen a las PASO, porque una derrota en esa instancia dejaría al país sin gobierno. La suspensión de las PASO no necesariamente fragmentaría a la oposición y hasta podría sumar una candidatura de Patricia Bullrich contra Milei. Lo cierto es que los gobernadores desdoblarán las elecciones provinciales de las nacionales, salvo en Catamarca. De ese modo preservan a los intereses mineros bajo el paraguas local. La “banda” del RIGI -Sáenz de Salta, Figueroa de Neuquén, Jalil de Catamarca- confía en sostener los acuerdos leoninos con monopolios mineros o energéticos con independencia del gobierno que venga después de 2027. La letra del RIGI fue copiada de los acuerdos de Cristina-Kicillof con Chevron, en 2014, para iniciar la explotación de Vaca Muerta. La penetración subsidiada de algunas (pocas) inversiones extranjeras en el interior sellaron la alianza entre los libertarios y gobernadores. Pero al mismo tiempo, sentaron las bases para la “independencia” política de estos últimos.
El impasse de los preparativos electorales se extiende en buena medida al peronismo, y particularmente a Kicillof. El ex ministro de Cristina no tiene ninguna respuesta para la crisis de deuda que él mismo renegoció bajo el ministerio de Martín Guzmán. Quien ha salido de las sombras es Sergio Massa, después del largo silencio que coincidió con su ingreso al Fondo de Inversión Greylock, un activo participante en la reestructuración de la deuda argentina bajo Martín Guzmán en 2020. Sergio Massa ensaya un tándem con Máximo Kirchner y con Cristina. En materia de definiciones económicas, Máximo insiste en que la deuda “no se puede pagar”, ofreciendo una nueva reestructuración. Las reestructuraciones no sólo son un esquema de esclavización financiera a perpetuidad, sino que dejan jugosas comisiones a los agentes financieros intervinientes. Como se ve, la salida “nac & pop” al desmadre Milei-Caputo es un rescate de los acreedores internacionales del país. Pero un reciclaje de la deuda argentina choca con la crisis financiera mundial en desarrollo.
Argentina, potencialmente, se mira en el espejo de las movilizaciones y crisis europeas. Una acción histórica independiente de las masas cortaría el nudo de este impasse catastrófico, y dejaría colgados del pincel a los Milei y sus “opositores” impotentes.

