Escriben Marcelo Ramal y Jorge Altamira
La victoria de Lula no abre una perspectiva para los trabajadores.
Tiempo de lectura: 4 minutos
Lula ha dado vuelta la elección del primer turno electoral vuelta y consiguió una victoria inapelable -más de tres puntos de diferencia- sobre Flavio Bolsonaro. El candidato del Frente Brasil Popular, una coalición con partidos de la gran patronal brasileña, obtuvo nada menos que 10 millones de votos más que hace tres semanas, ocasión en la que había perdido unos 3 millones de votos en relación al balotaje de octubre de 2022. La magnitud de la transferencia de votos de ayer es atribuida a la participación del electorado que no lo había hecho el 4 de octubre pasado y a la mayoría de los que habían votado por los candidatos que no llegaron al segundo turno, pertenecientes a la derecha. La manifestación de apoyo a Lula, en la avenida Paulista de la capital del Estado, habría reunido un 1.300.000 asistentes, la mayor, según los entendidos, de la historia de Brasil.
La derrota de Bolsonaro es un golpe político a los Trump, Milei y toda la fracción del imperialismo que había apostado por el mentor de los “milicianos” (parapoliciales) brasileños. En alusión al cuarto mandato de Lula, Trump señaló que “los comunistas se perpetúan en el poder”, a sabiendas de que tiene un gran margen de entendimiento con el ganador. La frase no lo predispone bien frente a Xi Jinping, a quien quiere asociar a su ‘plan de paz’ para Ucrania. Dentro de diez días, Trump perderá distritos que los republicanos han conservado como propios durante los últimos cien años.
La media vuelta de los resultados electorales está asociada a un distanciamiento de la derecha brasileña de la candidatura de Bolsonaro, que tuvo su expresión en el acogimiento que Diputados y Senado, controlados por ella, dieron a diversos proyectos de ley de Lula para ser votados de inmediato, en el transcurso de la campaña del balotaje. Bolsonaro, en cambio, fue denunciado en la prensa por lo que en Brasil se conoce como “ja ganhou”, en referencia al inmovilismo de quien asegura que no habría una modificación de los resultados previos. Flavio Bolsonaro, cuyo partido pasará a controlar el Senado a partir del 1 de enero próximo, anunció que iniciaría un juicio político y destitución del establishment judicial de Brasil, algo divisorio en la derecha y considerado peligroso para la llamada institucionalidad. Esta amenaza convirtió a Lula en el único defensor del “orden” en Brasil. Flavio Bolsonaro se vio obligado a votar el proyecto de Lula que reduce la semana laboral de 6 a 5 jornadas y a apoyar, en el debate presidencial, las medidas asistenciales de Lula -Bolsa Familia, Sistema de Salud- las cuales, bajo el propio gobierno del Frente Brasil Popular, se encontraban en la ruina.
El impasse de la campaña bolsonarista fue precipitado por una fractura al interior del bloque derechista. Según la prensa, Tarcisio de Freitas, reelecto gobernador por San Pablo por arriba del 60% de los votos, no movió un dedo por Bolsonaro en la campaña al balotaje. Por su parte, Lula tejió acuerdos con el llamado “Centrao”, con eje en la preservación futura del Tribunal Supremo y del elenco de jueces. Fue con el derechista Davi Alcolumbre, presidente del Senado, de Unión por Brasil, que los emisarios de Lula negociaron la aprobación de proyectos lulistas en medio de la campaña final. En esta misma campaña, Lula puso foco en la formación de una mega Dirección de Seguridad y el reforzamiento del aparato policial, en línea con las demandas de la agitación derechista. La campaña por el segundo turno superó en intensidad política a la del primero, y el resultado es un cuarto mandato para Lula, bajo otro gobierno del Frente Brasil Popular, con acuerdos de gobernabilidad con la derecha que se encuentra afuera del gobierno. Lula, que no se priva de elogiar su capacidad para tender puentes con los opositores, ha protagonizado una maniobra derechista, mientras aseguraba que su lucha era contra “el fascismo”. El termómetro de la Federación Brasileña, la Bolsa de São Paulo y la cotización del dólar, se mantuvieron estables durante la campaña por el segundo turno.
Flavio Bolsonaro ha anunciado que impugnará la segunda ronda, a causa de la decisión de un miembro del Tribunal Superior de prolongar la votación en las regiones donde una parte de la población no pudo concurrir por las inundaciones previas o por el boicot de los municipios bolsonaristas a la provisión de medios de transporte para los votantes. La impugnación le sirve a los Bolsonaro para la tribuna; la mayor parte de la burguesía mundial ha cerrado filas con la victoria de Lula. Quienes esperaban una amnistía general por el golpe de enero de 2023, deberán buscar ahora un acuerdo en el nuevo Congreso, mucho más a la derecha del precedente. El ecológico Lula ya ha anunciado la intención de instalar a Petrobrás en la Amazonía, con la vista puesta en la exportación de carburantes a China. Las empresas chinas de vehículos eléctricos se han asociado a europeas y norteamericanas, para distribuirse el mercado brasileño y las cadenas de exportación.
Con el telón de fondo de esta crisis por arriba, la campaña del balotaje fue el escenario de movilizaciones imponentes, que por una simplificación de una situación compleja han sido consideradas de apoyo a la candidatura de Lula. No hay trabajador de a pie en Brasil, sin embargo, que no tenga críticas severas a Lula y a la burocracia política, sindical y educacional del lulismo. Lula se ha apropiado de la bandera de la lucha contra el fascismo por la ausencia de una fuerza histórica independiente que la convierta en una lucha contra el capital y sus agentes políticos sin excepción, que anidan al fascismo como último recurso contra una revolución socialista. La segunda vuelta ha consagrado presidente a Lula, pero la primera vuelta le dio a la derecha el control de parlamentos, gobernaciones y municipios. Es una herencia del PT y de su sucursal política, el Psol, que reúne a la izquierda anti-socialista.

