La “economía real” de Milei está “peor que en 2002”

Escribe Norberto Malaj

El monotributismo esconde un desempleo explosivo.

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En marzo-abril, Milei y Caputo dijeron que se venían “los 18 mejores meses de la historia”. La profecía se verifica invertida: la economía entró en recesión, con caídas fenomenales del empleo, el consumo, la industria y la construcción; salarios y jubilaciones por el piso. El Banco Mundial y el Banco Central redujeron días atrás las estimaciones de incremento del PBI del 3,6 % al 2,1 % para este año. Goldman Sachs, que había pronosticado que no llegaría al 2 %, bajó sus expectativas a un 1 %. O sea que el PBI apenas supera los niveles alicaídos de 2023, a pesar de que la ponderación del campo pampeano y el sector minero-petrolero-gasífero es mucho mayor (cosecha récord, boom de Vaca Muerta y la explotación de litio y las exportaciones de estos sectores). En consecuencia, la caída del PBI del resto de las actividades económicas es sencillamente monumental; qué decir del PBI per cápita. La caída del consumo y la producción en los grandes centros urbanos, desde el rubro textil a la metalurgia y hasta la industria automotriz, no baja en ningún caso del 20 % respecto a 2025, cuando ya había caído frente a 2024 y 2023.

Por las características de las grandes inversiones de las actividades extractivas, amparadas en regímenes como el RIGI y otros nacidos bajo el reino K, todas estas actividades ´vuelcan´ poco y nada al mercado interno, se benefician de prerrogativas excepcionales para importar maquinaria e insumos sin impuestos; alimentan sobre todo la exportación y a los grandes pulpos que la llevan adelante. Ni hablar de que el tan mentado superávit comercial se alcanza merced al planchazo de las importaciones para la industria.

La inflación no baja del 2 % mensual y se mantiene por encima del 30 % anual. El mentado superávit fiscal esconde un monumental déficit si se toman los intereses de la deuda pública.

Consumo

“Incluso si la economía no para(ra) de crecer, el consumo masivo tal vez no recupere lo de 2023 por mucho tiempo” (La Nación, 19/10). El director de la consultora Ecolatina. Federico Moll, destaca que “el ingreso disponible está cerca de 15 puntos por debajo de lo que teníamos a fines de 2023”. Ese “ingreso disponible” -el saldo que queda en las familias luego de los gastos fijos- es un promedio que incluye a todo el abanico social. Como cualquiera puede imaginar, en la base de la pirámide ese ingreso cayó no menos de un 40 %. Según explica Moll, los ingresos disponibles “desde 2016 son una historia de caídas muy abruptas y recuperaciones parciales… en términos históricos (aun así, hoy ese ingreso promedio) es muy bajo”, sobre todo “porque los servicios son inelásticos” -esos precios son los que más han subido-; en consecuencia, restringen más aun el ingreso disponible para la compra de bienes (ídem). Dice el mismo Moll: “Hacia adelante difícilmente vaya a haber un incremento en los niveles de salario real. Y lo que empieza a verse es un nivel de desigualdad que aparece a nivel regional, a nivel sectorial y a nivel de estructura socioeconómica (…) los niveles de desigualdad crecieron mucho hacia adentro de la base de la pirámide. En los mejores momentos la base de la pirámide muestra un 55 % de pobres, y hoy está en 70 y pico, 80 %” (ídem).

Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados, denuncia que esta crisis es peor incluso que cualquier otra previa: “A diferencia de otras crisis económicas, esta vez no se registra una migración significativa hacia otros canales comerciales: la contracción de la demanda alcanza prácticamente a todos los formatos” (Infobae, 19/10). “Las ventas de los supermercados acumulan una caída interanual cercana al 4 % en volumen, mientras que el último mes medido (agosto) registró una contracción del 3,3 % (…) Los resultados negativos se mantienen prácticamente desde comienzos de 2024. La caída del consumo no afecta a todos por igual: “el patentamiento de autos cae a doble dígito, (mientras) marcas Premium como BMW, Audi, crecen a doble dígito” (Moll).

Otro economista, Federico Pastrana, destaca que “tenemos términos de intercambio muy altos y la economía no crece. Eso no pasó nunca” (LN, 25/10). Es decir, aunque los precios internacionales de los commodities son muy favorables, esto no tracciona una reactivación.

Pluriempleo, precarización laboral y desempleo

El empleo registrado -incluidos monotributistas- cae en pendiente. El empleo formal (en relación de dependencia) se redujo en casi 250.000 empleos en el sector privado y casi 100.000 menos en las administraciones públicas. Pero el trabajo informal cayó más aún. Los índices oficiales consideran sólo aquella parte de la población que busca empleo: como no hay oferta laboral, buena parte se queda en su casa desahuciada. Las cifras oficiales tampoco tienen en consideración la desaparición de manteros y ´trapitos´, perseguidos ahora con ´ley y orden´.

“Hace 14 meses que el empleo registrado privado cae de forma consecutiva, no hay ningún mes que revierta”, dice el economista Federico Pastrana. Mientras que en los inicios del gobierno libertario el ´ajuste´ sacudió en particular al sector público, ahora el problema se concentra entre los trabajadores del sector privado. La tasa de desempleo, además, no refleja que “la gente se refugia en la informalidad, donde gana mucho menos”. Estos ingresos “son muy procíclicos. La Encuesta Permanente de Hogares, que hay que tomar con pinzas -dice Pastrana-, muestra una caída de 15 puntos en los dos últimos trimestres. Cuando el gobierno dice que mejoraron los ingresos de los informales, está viendo una foto de hace uno o dos años” (LN, 25/10). El coeficiente de contrataciones de personal “está en los niveles de 2002. Ni siquiera en los de 2018” (ídem).

De la mano del crecimiento de la desocupación, crece el pluriempleo. O sea que el capital ya no sólo amplía su beneficio vía la expansión de plusvalía relativa (nuevas tecnologías que reducen el tiempo de trabajo necesario que remunera la fuerza de trabajo), sino incluso también de plusvalía absoluta (incremento de las horas de trabajo, intensificación de los ritmos de producción, para satisfacer las necesidades básicas y obtener el mismo ingreso). Se trata de una degradación sin precedentes de la fuerza de trabajo, un deterioro y/o destrucción de la fuerza productiva primaria de la sociedad.

Sin embargo, el fenómeno que revela la magnitud de la pérdida de empleo y de la precarización laboral tiene que ver con el salto del monotributismo. En su inmensa mayoría, extrabajadores en relación de dependencia que se inscribieron en tres categorías con ingresos por debajo de un salario promedio. A septiembre de 2026, el monotributismo suma casi 5,5 millones de personas. El 75 % está inscripto en las dos categorías más bajas, y en el llamado “monotributismo social” (suman 700.000 trabajadores eventuales, de ingresos irregulares). Es decir, desocupados encubiertos o que viven de changas. Esta última categoría creció desde 2022 casi un 57 %. La reforma laboral que votó el Congreso no ha revertido en absoluto la pérdida de trabajo formal, como no ha ocurrido nunca con ninguna reforma laboral desde la época de Menem-Cavallo. En la actualidad más del 30 % del total del empleo registrado se compone de monotributistas.

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