Escribe Maxi Duque
Las camarillas universitarias se adaptan a la ofensiva liberticida.
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Luego de la quinta marcha universitaria, con la que rectores y direcciones sindicales pretendieron clausurar la lucha por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, trabajadores y estudiantes de la UBA se enteraron de que el rectorado organiza una cena de gala para recaudar fondos. El objetivo, afirman, es comprar una plataforma quirúrgica para el Hospital de Clínicas. Sin embargo, este insumo, al igual que el resto, debería adquirirse con las partidas del presupuesto universitario, retenido por el Gobierno nacional al incumplir la ley votada y refrendada por el Congreso y los diferentes fallos judiciales que lo obligan a hacerlo.
Yacobitti -el rector en funciones-, como todos los rectores y decanos, se vale de la privatizadora Ley Federal de Educación Superior -sancionada durante el menemismo y ratificada por todos los gobiernos posteriores- que lo habilita para obtener recursos propios que deberían ser garantizados por el Estado nacional. El cobro de diferentes tipos de trámites a estudiantes y graduados, los acuerdos con empresas, fundaciones y gobiernos -incluido el del genocida Estado de Israel- y ahora las cenas de gala son las fuentes de financiamiento de las cajas que controlan rectores y decanos; las administran a discreción y no rinden cuentas de ellas a la comunidad universitaria. La privatización de la universidad pública avanza desde hace décadas con la venia de todo el arco político.
La cena en cuestión establece diferentes tipos de colaboración: donaciones, sponsoreo y la adquisición del cubierto a 1.000 dólares. Yacobitti hace lo que Milei no pudo: dolariza el "financiamiento" universitario. Eso sí, a diferencia de la cena organizada por la Fundación Faro, la mesa del “rector” no tendrá un precio especial, como sí lo tuvo la de los hermanos Milei en el ágape del ´think tank´ fascistoide. Es el único residuo "democrático" que puede ofrecer una camarilla que hace de la universidad pública su feudo; todavía está por verse si se conocerán los nombres de quienes se sienten a su lado.
El sector de los decanos “progres” va en la misma línea. En algunos institutos de investigación ya se han escuchado intenciones de replicar la iniciativa de Yacobitti. En los hechos, sería una continuidad de lo que ya se efectivizó en Ciudad Universitaria, cuando se alquiló el predio para un evento interrumpiendo las clases y las actividades de investigación.
Esta nueva forma de colaboración del rectorado de la UBA con el gobierno de Milei se inscribe en una tendencia muy evidente de los rectores. El CIN, donde no hay, a priori, rectores liberticidas, ya había presentado un presupuesto universitario para el 2027 que no contemplaba aquello que la ley de financiamiento garantizaba ni los fondos para saldar la deuda salarial acumulada. Ahora, pone a disposición del oficialismo una nueva excusa para no cumplirla y seguir destinando esos fondos al pago de la deuda pública; o sea, a los negocios de la especulación financiera y al financiamiento de la guerra.
Cada vez queda más claro que la lucha por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, por evitar que la educación pública avance hacia su privatización definitiva y por lograr que su actividad de formación, extensión e investigación no se encolumne detrás de los intereses del imperialismo mundial no obtendrá ningún resultado positivo si queda en manos de quienes han pretendido colonizarla. Esta pelea exige también una lucha por la democratización universitaria porque está ligada directamente a ella.

