Parazo de los residentes del Argerich: la lucha crece desde el sur

Escribe Julián Asiner

El movimiento se sobrepone a las amenazas de descuentos y los frenos internos.

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En su sexta semana de lucha, el movimiento de residentes está demostrando su capacidad de dar pelea por la negativa. Visto desde afuera por un observador poco o mal informado, su desarrollo podría parecer estancado o hasta retraído. El paro de este jueves se cumplió en menos hospitales que a principios de mes y la movilización al Ministerio de Salud, aunque numerosa, no alcanzó la participación de otras veces. Pero, desde adentro, se aprecia una onda combativa expansiva que logró sobreponerse tanto a las amenazas y sin respuestas del gobierno de Jorge Macri y Fernán Quirós, y a los pactos y desplantes de las burocracias sindicales, como a los frenos internos y la confusión que difuminan a diario los partidos del FITU.

Como comentamos en estas páginas, la decisión de ir a un nuevo paro había sido tomada en una asamblea cruzada por presiones internas y externas. A fines de la semana pasada, el Hospital Elizalde había logrado hacer valer su determinación de organizar una nueva medida de fuerza, a pesar de que muchos proponían esperar los resultados de la reunión pactada con la funcionaria de Quirós a cargo de las residencias, que finalmente tuvo lugar este miércoles. Una reunión de la que nada se esperaba y que nada ofreció. La Dra. Andreacchio abrió el diálogo afirmando que “acá no vamos a hablar del salario”, a pesar de que el rechazo a la paritaria del 5% es el punto número uno del pliego de reivindicaciones del movimiento. Sobre los otros puntos, tampoco se registraron avances.

En los días que mediaron entre la votación del paro y su ejecución, el gobierno de Macri-Quirós redobló su arremetida para doblegar la medida. Algunos de los hospitales más movilizados, como el Gutiérrez o el Fernández, avisaron que se bajaban del paro ante el temor por los descuentos, que amenazan con deprimir aún más los ya deprimidos bolsillos de los residentes. En estas condiciones, las dudas se esparcieron por todo el movimiento y llegaron hasta el propio Elizalde. Pero el miércoles a la noche, cuando parecía que la medida se deshilachaba, apareció el Hospital Argerich, el más grande de la ciudad, anunciando que había organizado un paro vigoroso para el día siguiente, que alcanzaba al menos a 20 servicios. No solo eso: habían resuelto que ese paro se sostendría con independencia de la decisión de otros hospitales de sumarse o bajarse de la medida.

Fue así, en estas condiciones, que quedó garantizado el paro y la movilización del jueves pasado. Por la negativa, cuando todo y todos operaban para desarticularlo, el movimiento demostró que podía sobreponerse y volver a copar la calle. En un acto que simbolizó la potencia combativa del movimiento, los hospitales de la zona sur de la ciudad, el Elizalde y el Argerich unificaron sus columnas y marcharon juntos hacia el Obelisco, donde recogieron a las delegaciones de otros hospitales para ir al Ministerio de Salud. Hospitales como el Santojanni, el Durand, el Alvear o la Sardá también aportaron columnas numerosas. Los residentes del Hospital Elizalde llegaron al Obelisco cantando “paro, paro, paro, indeterminado”. La tendencia combativa recorre las bases de muchos otros hospitales, aunque todavía no se exprese en una coordinación centralizada.

Asambleas

Al terminar la movilización, sin embargo, volvieron a imponerse las maniobras y la confusión abonadas por los partidos del FITU. El PO oficial reunió a los delegados para evitar que la movilización culminara en una asamblea general, como es la tradición del movimiento. La deliberación se postergó para una asamblea virtual que tendrá lugar el próximo lunes por la tarde, privando a los presentes de la oportunidad de intercambiar apreciaciones y resolver medidas para la semana siguiente, anticipándose a los descuentos que se esperan con el cobro del salario el sábado 31. El golpe de mano del PO-FITU contra la asamblea general no logró, con todo, evitar que se produjeran asambleas por hospitales, que deliberaron en paralelo, aunque de manera atomizada.

En el Hospital Gutiérrez se debate ir al paro sin guardias si se efectivizan los descuentos por los días de paro. Es la medida que hace semanas viene blandiendo el Hospital Elizalde. El motivo es claro: los paros con cobertura de guardias obligan a los residentes a desdoblarse. Una parte concurre a las movilizaciones mientras la otra garantiza el funcionamiento de salas, consultorios y quirófanos en el hospital. Aquellos que se quedan sosteniendo la guardia deben trabajan el triple para cubrir la ausencia de sus compañeros. El paro no termina de provocar así el efecto deseado, ya que el desgaste corre por cuenta de los residentes, no del gobierno y las autoridades hospitalarias, que conservan los servicios en funcionamiento. Por eso son cada vez más los activistas que se convencen que para acorralar a Macri y Quirós es necesario avanzar al abandono de las guardias y sustituir los paros semanales por paros con continuidad. Así se ganó en 2019 y 2022.

Los frenos y maniobras de los partidos del FITU, ello sí sin solución de continuidad, están despertando una reacción “anti-partido” en los hospitales más movilizados. Esta semana, el PO-FITU llegó al ridículo de proponer presentar un proyecto de ley por el salario en la legislatura, derivando el reclamo paritario del gobierno al parlamento porteño. En las oficinas de Quirós, hubiera celebrado con algarabía. El gobierno no sólo lograría desentenderse de su responsabilidad de dar una respuesta, sino que el proyecto llegaría a una legislatura que ya culminó su período ordinario de sesiones. Un cretinismo parlamentario sin destino, con el único propósito de seguir sembrando confusión y evitar que la fuerza del movimiento pueda desplegarse en una lucha resuelta.

Esta reacción “anti-partido”, sin embargo, no es eficiente por sí misma para sortear las trampas que diseminan los aparatos adaptados al régimen y para darle al movimiento una orientación superadora. Para eso, es necesario reagrupar a los activistas más combativos, que se encuentran dispersos por los diferentes hospitales, y coordinarlos para construir una nueva dirección que impulse al movimiento de residentes a una lucha a fondo. Los residentes de los hospitales bonaerenses y nacionales están a la expectativa de las resoluciones de sus pares porteños, para ver cómo integrarse a una pelea que es la misma a pesar de las diferencias de jurisdicciones. Una huelga general indefinida los residentes, sin cobertura de guardias, haría trizas los descuentos y los pactos entre gobiernos y burocracias sindicales, abriendo el camino hacia una recomposición salarial real. Pongamos manos a la obra.

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