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Después de varios días fuera de la vista pública, el fugado senador Flavio Bolsonaro reapareció este domingo en Florida, donde asistió a un servicio religioso evangélico junto a su esposa, su hermano Eduardo y otros integrantes de su familia. Bolsonaro Jr denunció una supuesta persecución judicial y cuestionó las medidas adoptadas por la justicia brasileña contra él y su familia. "No salgo de Brasil, salgo por Brasil", escribió en la red social X.
La reconstrucción de los hechos ha revelado un amplio despliegue operativo coordinado entre los aparatos de inteligencia.
Los hechos conocidos son lo siguientes: Flavio Bolsonaro, luego de visitar a su padre al día siguiente de su derrota en el ballotage, viajo desde Brasilia, en una caravana que incluía dos camionetas, junto a su familia rumbo a Foz de Iguazú, para luego pasar a Puerto Iguazú. A la noche del mismo día, despegaba a las 22:14 horas de Aeroparque el avión Gulstream G400 hacia Iguazú, donde aterrizó a las 23:45, con ruta de vuelo hacia Miami, que emprendió a las 2:00 de la mañana, con 4 pasajeros de origen brasileño, la famiia bolsonaro.
Pero la huida de Bolsonaro implicó una coordinación internacional a tres bandas entre la CIA, el Mossad y la SIDE. La “Operación Flavio” fue largamente preparada.
Según una investigación de TV Globo, el ex agente del Mossad Menachem Booky Halevy, participó en el operativo del lado brasileño. La investigación periodística da cuenta que Halevy figuraba entre los pasajeros de una camioneta que cruzó la frontera entre Brasil y Argentina siete minutos antes que el vehículo que transportaba al senador y su familia. Ambas unidades pertenecían a la empresa brasileña Dallas Turismo. Halevy habría visitado Brasil otras tres veces en 2026 y su último ingreso quedó registrado el 19 de octubre, seis días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Fotografías difundidas por TV Globo lo muestran junto a autoridades israelíes, entre ellas el Primer Ministro Benjamin Netanyahu. Otro pasajero de la camioneta era el abogado Roberto Jorge Alexandre, quien integró la defensa de Jair Bolsonaro.
También ha trascendido que un agente de la SIDE habría orquestado la operación del lado argentino. Según el perioditas Raúl Kollmann el que coordinó el operativo “fue el agente de la SIDE, J.M.B. (apellido de raíz alemana que no se revela por razones legales) quien había trabajado en la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires” (Página 12, 1/11), e ingresó a la agencia de inteligencia durante el gobierno de Milei, “pero no faltan los que piensan que es un agente norteamericano enclavado en la central de inteligencia”, y que tendría doble nacionalidad (ídem).
J.M.B. cumple tareas en un sector estratégico, el Aeropuerto de Ezeiza, donde trabaja mancomunadamente con la Policia de Seguridad Aeropuertaria (PSA). Fue ubicado allí por la Dirección de Terminales que, a su vez, depende de Contrainteligencia y en el que la CIA tiene especial interes por la entrada de rusos al país. Por sus vínculaciones con la CIA, la PSA y la custodia de Bolsonaro, fue designado por Santiago Caputo para que coordine el operativo, quien a su vez decidio dejar de lado a los agentes que operan en la zona de la Triple Frontera y a los que llevan años en los “sotanos de la democracia”. Por su parte el asesor presidencial, supervisó todo el accionar. El despliegue quedó asentado en el acta de la Unidad Regional IV, Comando Radioelectrico Capioví, en la que se puede leer que “en el vehículo se desplazaba Santiago Luis Caputo, quien solicitó evitar demoras en su traslado.” (ídem)
Caputo fue interceptado el miercoles por la madrugada por un control policial en la ruta nacional 12, en la provincia de Misiones, mientras se trasladaba en una camioneta propiedad de la Entidad Binacional Yaciretá (EBY), que tiene como director ejecutivo a Diego Adúriz, primo del ministro de Economía. Dos empleados de Yaciretá fueron identificados en el control: Jorge Omar Waisman, jefe de seguridad de la entidad e Ignacio Orlando Palacio, asesor de la Secretaria General de la EBY. Tanto Waisman, un ex policia, como Palacios, pasaron de vivir en Miami a ocupar cargos de seguridad en la EBY. Ambos tendrían la doble nacionalidad. A simple vista se puede observar que la mayoria de los que se movieron en la noche en la que Bolsonaro huyó tienen relaciones con Estados Unidos.
Por su parte, desde el New York Times señalan a James Miller, funcionario de comunicaciones de la Casa Blanca, como quien desembolsó el dinero para el pago de la aeronave; otras versiones señalan que los gastos corrieron a cargo de los gastos reservados de la SIDE. Marco Rubio, de manera ambigua, sostuvo que el gobierno norteamericano no tuvo participación directa en la operación, pero en el mismo parrafo aseveró que fue el mismo Trump quien dio la venia para que Bolsonaro entrara al país. En síntesis, desde Washington financiaron parte del operativo y autorizaron el vuelo que depositó a Bolsonaro y su familia en los Estados Unidos con “visa provisoria por razones humanitarias”. El servicio de Migraciones norteamericano le dio validez al pasaporte diplomático brasileño. Ahora Flavio se encuentra a la espera de una visa definitiva, como la que ya tiene su hermano Eduardo.
Desde el gobierno de Brasil citaron a María Emilia Cortés, la funcionaria encargada de Negocios que ha quedado como única representación diplomática de la Argentina en Brasilia, quien replicó la información que circuló en el comunicado de Migraciones. Insistió con que Bolsonaro no tenía orden de captura y que, por lo tanto, no hubo ninguna irregularidad en su ingreso a nuestro país. El gobierno Lula decidió no escalar el conflicto. En el mismo momento en que Cortés respondía a los requerimientos de Brasilia, en EE. UU Marco Rubio y el canciller brasileño Mauro Vieira acordaban una reunión previa a la cumbre del G-20 que tendrá lugar en Miami a finales del año.
Luego de que la derecha brasileña le soltara la mano al clan Bolsonaro, el gobierno liberticida se embarcó en una operación de alcance internacional para sacar a su aliado político de manera clandestina rumbo a EE. UU., con participación de la SIDE y sus fondos reservados, en colaboración con la CIA y del Mossad.

