Cumbre Iberoamericana, un foro devaluado

Escriben Marcelo Ramal y Silvia Jayo

Milei arregla con el Santander y el BBVA.

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La XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno transcurrió en Madrid los días 4 y 5 de noviembre. Convocó a 22 países de América Latina de habla hispana y portuguesa junto a España, Portugal y Andorra. Habrá dos ausencias notables, las del brasilero Lula da Silva y la mexicana Claudia Sheinbaum.

En los 90, cuando España capitaneaba el acaparamiento de las privatizaciones en el continente bajo la bendición del Washington Consensus, la concurrencia a la Cumbre era total. Con el paso de las décadas, la bancarrota de las privatizadas, el endeudamiento europeo y la guerra comercial entre EE. UU. y China, Madrid se vio desplazado como ´articulador´ regional. A esto se suma la guerra, con una Europa quebrada y subordinada a los costos del rearme de la OTAN. En la Declaración de Madrid, los gobiernos estructuraron acuerdos que encubren la bancarrota social y ambiental del capitalismo.

Inteligencia artificial criolla

En este punto, los gobiernos suscribieron la Alianza ALIA -un proyecto para desarrollar modelos de lenguaje regionales en castellano, portugués y lenguas originarias para disputar la hegemonía anglosajona- junto a convenios de supercómputo federado y datos. Para el usuario, una IA regional implica herramientas con modismos e información local. Sin embargo, lo que se presenta como innovación soberana encubre una carrera infructuosa contra el dominio monopólico de EE.UU. y China, mientras que las menciones a lenguas originarias no pasan de ser una pose de marketing. El esquema de "datos federados" implica que la información pública permanece en cada país mientras los algoritmos se desplazan para entrenarse descentralizadamente, y el "supercómputo federado" interconecta universidades y centros estatales para abaratar costos. Detrás de esta arquitectura opera un negociado donde los Estados financian infraestructura pesada, consumo energético y fibra óptica que las tecnológicas necesitan sin asumir costos fijos. La competencia capitalista impide socializar el conocimiento técnico; los bloques levantan corralitos normativos para blindar mercados cautivos, asegurar ganancias de patronales locales y usar la digitalización como capital constante para abaratar salarios, automatizar tareas y profundizar la precarización.

Mercantilización ambiental.

Frente a la crisis climática, los acuerdos giraron estrictamente en torno al negocio financiero de la “resiliencia, la deuda verde y los mercados de carbono”. La resiliencia se convierte en un negocio donde la banca multilateral -BID, CAF y BEI- otorga créditos usurarios para que los países periféricos financien obras de contención ejecutadas por las mismas constructoras multinacionales europeas que usufructúan el mercado. A esto se suma la deuda verde y el "canje de deuda por naturaleza", donde las naciones endeudadas entregan el control sobre sus bosques a cambio de alivios financieros ficticios. Por último, los mercados de carbono mercantilizan los bienes comunes mediante la compraventa de bonos de emisión: las corporaciones contaminantes pagan por estos créditos verdes para seguir destruyendo el planeta, mientras las tierras del sur global se transforman en activos financieros especulativos, sin tocar jamás los intereses de las mineras y petroleras en el origen de la devastación.

"Cerebros" baratos

Mediante cartas de movilidad, los Estados pactaron saquear la fuerza de trabajo capacitada de América Latina. Europa, con crisis demográfica y escasez de mano de obra calificada, implementa visados temporales atados a un empleador para chupar médicos, ingenieros y científicos formados gratuitamente en universidades públicas de la región. Esto funciona como válvula de escape frente al desempleo juvenil latinoamericano, consolidando una división colonial donde las semicolonias proveen profesionales baratos a cambio de remesas precarias.

El verdadero centro de poder

Pero el centro de gravedad operó en el XVI Encuentro Empresarial en Las Ventas. Allí se congregó el bloque de grandes monopolios -Banco Santander, BBVA, Telefónica, Repsol, Mapfre, Abertis, Iberia, Indra y Airbus- con cámaras patronales latinoamericanas. Exigieron marcos regulatorios estrictos para garantizar la intangibilidad de sus inversiones y la libre repatriación de divisas, atando de manos a los Estados frente a posibles estatizaciones. Pactaron presionar por la apertura total de sectores estratégicos (energía, infraestructura digital, minería crítica y transporte) para pasarlos a concesiones privadas y asociaciones público-privadas que succionan presupuestos públicos (evidenciando que Sánchez no tiene diferencias con el RIGI de Milei). Finalmente, y todos contra la clase obrera, exigieron coordinar reformas laborales y previsionales para desarticular convenios, flexibilizar contrataciones y abaratar el costo salarial.

La crisis del imperialismo español

España actúa como país imperialista, pero subalterno, claro, frente al norteamericano y el franco-alemán. Esta subordinación se enmarca en la crisis de una Europa acorralada por la política exterior de la Casa Blanca. El triunfo demócrata en EE.UU. no modificará la guerra comercial lanzada por Trump. Los aranceles contra Europa y su sometimiento militar y financiero siguen firmes. Ahogada por esta tutela, la burguesía española usa a Iberoamérica como válvula de escape colonial, descargando una doble opresión de clase para sostener sus ganancias.

Milei en el cierre de la cumbre

Mientras Milei atacaba verbalmente la "tiranía estatal" de Sánchez -en un show derechista, utilizando fondos y estructura del Estado para hacer campaña y reunirse con Santiago Abascal, el líder de VOX- su canciller, Pablo Quirno, participó disciplinadamente en las comisiones técnicas y empresariales, convalidando todas las exigencias del capital financiero español. Así, entre discursos incendiarios contra el "socialismo" y la convivencia con el ala progre de la burguesía, el gobierno mantuvo su subordinación a los monopolios ibéricos.

Bajo el sistema capitalista, donde rige la ley del valor y el beneficio privado, no existen relaciones entre iguales, salvo entre la clase obrera.

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